“Cuéntame tu historia… y no tendré ni idea de cómo eres.” Segunda parte - El Nopal
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“Cuéntame tu historia… y no tendré ni idea de cómo eres.” Segunda parte

“Cuéntame tu historia… y no tendré ni idea de cómo eres.”
Segunda parte

Por LA MADA (Magdalena Edith Carrillo Mendívil)
www.lamaddalenaedi.blogspot.com

Disculpe usted el paréntesis de la semana pasada, ahora si retomo la segunda parte. Así es como La Mada trata de construir historias, no siempre es fácil, y no precisamente por falta de información, sino por el exceso de ella. La ideas se amontonan y se juntan en tu cerebro tratando de llamar tu atención, obviamente cada historia, cada detalle quiere tener un lugar privilegiado en la trama, efectivamente todas las historias son importantes, desde el momento que alguien la comparte conmigo toma un lugar especial en mi imaginario, muchas veces se queda anclada en mi corazón.
Hay otras historias silenciosas, esas que nadie cuenta, esas historias que nacen en la cabeza de los locos a partir de indicios, a partir de pequeñas situaciones, basta un pequeño detalle que no corresponda al entorno para imaginar e inventar. La cosa es sencilla, a veces vas caminando por la calle y te encuentras 5 garrafones de agua, llenos de un líquido que podría ser agua y tapados con un plástico y una liga: ¿Quién los dejó ahí? ¿Qué líquido contienen? ¿Para qué son? ¿Por qué nadie los reclama? Entonces se empieza a tejer una trama policiaca en mi cabeza o si estoy de humor una loca historia sin sentido sobre el vagabundear de unos garrafones de agua que perdieron la memoria y no se acuerdan que son unos príncipes herederos de una gran fortuna hechizados por una bruja despechada que no obtuvo sus favores de amor y no precisamente por fea, sino por bruja.
Otras veces vez colgando un par de zapatos tenis de un cable de la luz, no siempre son zapatos viejos, a veces son nuevos. Te intriga saber quién los aventó y sobre todo, cuantos intentos tuvo que hacer para logra que dicho par terminara balanceándose al compás del viento, tal vez alguien los echará de menos o quizá fueron parte de una apuesta… una pregunta más me atormenta, ¿logrará alguien bajarlos o permanecerán para la eternidad colgando?
Las cajitas musicales son otro motivo para una historia, generalmente una historia rosa, una historia de esas para niñas. Hay cajitas perfectamente bien conservadas, esas que tenían una bailarían y la ponías en el centro y giraba y giraba hasta que la melodía iba bajando su velocidad, entonces rápidamente le volvías a dar cuerda y con los codos apoyados sobre la mesa y tus cara sobre las manos te volvías a quedar embelesada observando aquella pequeña figura dar vueltas y con ella tus deseos de entran en un cuento de hadas, bailar y besar a un apuesto príncipe que te tomaba por el talle y te llevaba a recorrer el mundo mientras se veía reflejado en tus ojos y ambos se juraban amor eterno viviendo en un palacio repleto de lujos y hermosos jardines… y también felicidad. Entonces sin darte cuenta la música dejaba de sonar la bailarina se caía y tu caías en cuenta de que esas historias rosas duran solamente el limitado tiempo que dura la música de una cajita musical, además hay que darle cuerda constantemente y lo divertido, en algún momento se esfuma.
Hay unas situaciones que me fascinan, y me gustan porque le dan vuelo a la imaginación. Cuando te encuentras una maleta abandonada. El lugar donde esté abandonada implica mucho, puede estar en un aeropuerto, en un jardín, en la calle, en la carretera, este punto es básico, pues de aquí se parte hacia “atrás”, se empieza a tejer la historia sobre quien abandonó la maleta, una historia antes de la maleta, una historia independiente de la dichosa maleta. Después aparece la maleta y la trama se desenvuelve en torno a ella… entonces habla y toma su lugar como personaje principal, hasta que la historia queda truncada o se resuelve a favor o en contra de… adivinó usted: de la maleta. Claro hay “valijas” viejas, de esas de lámina que venden donde hay antigüedades, y si es usted afortunado y tiene una en su casa, y si me lo permite, podría agregar retazos de sus historias familiares, de algunos que traiga en la memoria y si compartimos un tinto podría añadir pedazos de mis propia historia, los doblaría muy bien, los metería dentro de la “petaca” de lámina y viajaríamos por tren sin rumbo fijo hasta donde nos lleve la fantasía.
Y sin ninguna historia concluida…fin de la segunda y última parte…

P.D. Hay valijas de madera, diferente madera en la tapa y los costados, con forro, con herrajes en las esquinas, con fechas (muchas fechas) y que hacen un curioso ruido cuando la chapa golpea el piso… y ¿si hablamos de “petacas”?…

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