PACTO DE LA MONCLOA - El Nopal
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PACTO DE LA MONCLOA

PACTO DE LA MONCLOA
JAIME ENRÍQUEZ FÉLIX
Fueron dos los acuerdos básicos de este tan significativo compromiso firmado en 1977 de forma tripartita entre el gobierno, los patrones y los dirigentes sindicales españoles. Se le llamó así, pues se celebró en la sede de la presidencia del gobierno con ese nombre, que en aquel tiempo encabezaba la UCD de Adolfo Suárez.  Hoy Suárez está próximo a cumplir 77 años y padece el mal de Alzheimer, a tal grado que a la muerte de su hija Marian ni siquiera se inmutó cuando fue informado.
El primero de los pactos se refirió al “Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la Economía”. Incluyó lo relativo a la política presupuestal, la seguridad social, los precios, los salarios y el empleo.  También entró al tema de la reforma fiscal, la política educativa, la política urbana y de vivienda, lo relativo a la pesca, la agricultura y la comercialización de los productos básicos.
El segundo de los pactos tuvo como centro el “Acuerdo sobre el programa de Actuación Jurídica y Política”.  Definió lineamientos para la libertad de prensa, los secretos oficiales, el derecho de reunión, el de asociación política, el código penal, las mujeres, los movimientos sociales, las libertades públicas, el enjuiciamiento a criminales, la justicia militar, el orden público y la reorganización de los cuerpos y fuerzas con él relacionados.
La etapa final se desarrolló en dos días, según el órgano oficial Mundo Obrero del Partido Comunista Español.  Fue signado por Santiago Carrillo del Partido Comunista y Felipe González del PSOE. Entre los aspectos más significativos destacaban los incrementos salariales de un alcance que provocaran una capacidad adquisitiva reducida en el mediano plazo.  Se pusieron topes a los aumentos a conceder tanto por las empresas privadas como por el estado: 20 por ciento en el 77 y hasta un 22 en el 78, cuando la inflación era cercana al 30 por ciento.  Se acordó un castigo para los sindicatos que rompieran los topes: se harían acreedores al despido del 5 por ciento de su personal.
Se planteó una reforma fiscal –tibia, pero reforma al fin-  Se crearon más plazas para alumnos que puestos de trabajo, en virtud de que aquellos eran más baratos que estos.  Se dio apertura a la banca extranjera y se inició una política de austeridad de parte del gobierno. Hasta el dirigente histórico de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho del PC, calificó el Pacto “con carácter incluso progresista, que modifica el modelo de crecimiento económico”.
Felipe González tuvo más dificultades para hacer aceptar el Pacto entre su gente.  Fue acusado de traición por muchos de los militantes de su organización.  El diputado del PSOE, Pablo Castellanos, declaró a la revista América, que “era una política anticlase, ni siquiera interclasista”.
A pesar de las manifestaciones masivas de repudio contra el gobierno, los políticos, los patrones y los dirigentes de los trabajadores cerraron filas para apoyar una propuesta que se convirtió en el resurgimiento del movimiento obrero español después de los años de Franco, que había provocado una encarnizada guerra civil que terminara con la salida del país de sus mejores hombres y mujeres, hacia lugares como México.
El documento final fue firmado a nombre del gobierno por Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo por la UCD, Felipe González por el PSOE, Santiago Carrillo por el Partido Comunista de España, Enrique Tierno Galván del Partido Socialista Popular, Josep María Trijiner del Partido Socialista de Cataluña, por Joan Reventós de Convergencia Socialista de Cataluña, por Juan Ajuriaguerra del Partido Nacionalista Vasco, por Miguel Roca de Convergencia I Unió, por Manuel Fraga de Alianza Popular –quien suscribió el pacto económico más no el político-.  Fue ratificado por el Congreso y el Senado.
Hay dos personajes fundamentales sin los que el Acuerdo no hubiera podido siquiera ser concebido: Juan Carlos I, heredero de Francisco Franco y el presidente Adolfo Suárez.  Gracias a ellos, y a la voluntad del resto de los firmantes desde luego, se pactó una transición pacífica después de los horrores del franquismo.  Ambos viven.
Adolfo Suárez, este español extraordinario sobre quien se han publicado muchos libros en España –con casi ocho décadas de vida- sigue siendo reconocido por el pueblo español.  Hay una foto reciente del rey Juan Carlos con Adolfo Suárez, de espaldas los dos, caminando en la vivienda de este, publicada por los diarios españoles.  Suárez ya no identificó al monarca, a pesar de los afectos que este le expresa.
Amante de un poema de Rudyard Kipling, “If”, que le gustaba escuchar en voz de su hijo, hoy no lo entiende ni lo disfruta más.  El estado prácticamente vegetativo en que se encuentra le ha cobrado lo de una vida rica y plena que vivió en la España difícil.  La muerte de su mujer y la de su hija –de un cáncer fulminante- no le afectaron ya, sumido como está en su propia enfermedad.
La prensa cita el momento en que su hijo Adolfo –también llamado así- le informa:
“Tú tienes algo que decirme” –dice el papá-
“Si” –le respondió el hijo.
“¡Pues dímelo!”
“Marian ha muerto”
“¿Y quién es Marian?”
“Tu hija”.
“¿La has enterrado?”
“Si”
“Has hecho muy bien”.
Ya ni su confesor, el arzobispo Antonio Cañizares es identificado por uno de los héroes de la España moderna.  A la pregunta “¿Quieres que te administre el perdón?”, Suárez ha respondido: “Yo siempre estoy dispuesto a dar y pedir perdón”.
España es otra después del Pacto de la Moncloa: la apertura política luego de un gobierno fascista, el desarrollo económico, las grandes carreteras gratuitas, la agresividad en el crecimiento de la vivienda… hasta estéticamente los españoles cambiaron. Después de un conjunto de gordos y cachetones, hoy se observa una juventud esbelta y bella, con una dieta mediterránea al margen de la ingesta de la chistorra, el jamón Jabugo, el chorizo o la mortadela. Sus cuerpos se han convertido en europeos a través de una alimentación sana.  Tendrán otros problemas, desde luego, pero España es hoy parte de la Unión Europea no sólo oficialmente sino porque se le parece en los niveles de vida.
En México debiéramos reflexionar sobre un acuerdo nacional que pudiera dar salida a las dificultades que cada vez son más recurrentes y que han generado un empobrecimiento colectivo intolerable para esta patria nuestra.  Estamos en medio del proceso electoral. Alguno con dotes de estadista debiera ir pensando en replicar este Pacto, sin el cual vemos, francamente muy difícil, asegurar la gobernabilidad en el próximo sexenio.

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