SOIXANTE-DIX - El Nopal
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SOIXANTE-DIX

SOIXANTE-DIX

JAIME ENRÍQUEZ FÉLIX

Cumplir una década más, es motivo de alegría y de nostalgia a la vez. De alegría, desde luego, porque se ha logrado una vida plena, saludable y generosa. De nostalgia, porque nuestra biología inicia a tener resfríos: la parábola de la Naturaleza es como el hermoso cuerpo de una mujer embarazada, llega a tener un descenso, la vida misma crece para luego decaer.

Recordar nuestra niñez con un Zacatecas destruido por la Revolución, jugando entre las tapias y los tiros de las minas, contando los balazos en los edificios de la avenida Hidalgo, observando las miradas en los rostros de los viejos, unas veces de temor, otras de terror puro. Un Zacatecas miserable. Si nos hicieron falta los ricos -que huyeron antes de la toma de la ciudad- a los que nadie quiere, pero que generan puestos de trabajo y bonanza. Nuestros padres y abuelos en el auto empleo, las tiendas vacías de mercadería y de gente, las iglesias llenas los domingos, los pocos carros sin transitar los días festivos, nosotros los niños usando la ropa de nuestros hermanos mayores o los trajes viejos del abuelo volteando al revés el casimir para que no se observara la tela quemada, usando los calzones hechos por nuestras madres con los sacos de harina que se compraba en Navidad para hacer pasteles, panochas y gorditas. Nuestros zapatos, del Mercado del Laberinto, de cuero de vaca casi viva, con remaches que lastimaban la piel, y el hule de la llanta usada como piso, que identificaba a distancia el olor de nuestros pies, sobre todo en los salones escolares. Era una pena colectiva, pero no había forma de modificar la realidad. El calcetín era un lujo: el único remedio eran unas hojas de álamo que asesinaban los olores. Nuestras madres lavaban el único pantalón de mezclilla que teníamos: había que permanecer en la azotea horas, mientras se llevaba a cabo el lavado y el secado de una prenda única. El baño semanal en una artesa con el agua heroica y escasa que permitía la limpieza de 5 o 7 niños sin cambiar el preciado líquido.

Pateábamos la ciudad. Antes de los 10 años fui mecánico, vendí periódico, fui asistente de la verdulería de los Espinosa, cargaba canastas en el mercado… pero todos éramos iguales. No había pobres y ricos y todos íbamos a las mismas escuelas públicas, que eran excelentes. Las escuelas privadas, religiosas no eran para los ricos sino para los burros, que tenían problemas de conducta o no aprendían en las escuelas del Estado.

Así transcurrió una niñez absolutamente feliz e irrepetible.

Cuando ingresamos al Instituto de Ciencias de Zacatecas, entonces también llamado Colegio, nos convertimos, sin apenas sentirlo, en la élite intelectual, porque no éramos más de 300 en la hoy llamada Prepa 1 y también Calle del Colegio, donde cabían la Secundaria, la Prepa, la Escuela de Derecho, Topografía y la incipiente Escuela de Minas. Horarios de 7 a 3. Las instalaciones absolutamente limpias. Maestros vistiendo traje, hombres cultos. Había jerarquías universitarias: los de primer ingreso en Secundaria éramos “perros” y teníamos que aguantar bromas groseras de los otros niveles y hasta un desfile -llamado así- de “perros” donde nos exhibían vestidos de señoritas pintarrajeados hasta con pintura de aceite, por las principales calles de la ciudad. Era una fiesta, pero no para el primer ingreso. Nuestra escuela tenía gimnasio, un comedor que por 30 centavos nos daba derecho a una taza de café, frijoles y tortillas a discreción, como decía Don Petros, el administrador. Teníamos alberca y las muchachas en la calle nos veían más guapos porque íbamos a ser profesionistas.

En el Instituto escaseaban las mujeres: los padres no les permitían la educación superior. Teníamos un baile anual que hacíamos nosotros sin la ayuda del gobierno, una corrida de toros, una reina con sus Juegos Florales, obras de teatro, estudiantina:: éramos los personajes de un Estado que iniciaba a renacer con nosotros sin que nosotros nos diéramos cuenta.

Terminé la secundaria y la prepa como un honor para mis padres, que no concluyeron la primaria, y para mis abuelos que eran analfabetas y revolucionarios. Ingresé a Ingeniería porque no había más que de tres: Derecho -que no era lo mío porque era buen matemático´- el Magisterio que era una carrera corta e Ingeniería que fue la elegida por mí. Fui buen estudiante y líder. Competí para presidente de la Federación de Estudiantes contra el hijo del Gobernador y triunfé. Fui líder nacional de la ONEI (Organización Nacional de Escuelas de Ingeniería) Me articulé sin querer a los más brillantes estudiantes del país y los mejores ingenieros. A los 21 años cumplí mi primer sueño dorado: asistir a un congreso de estudiantes de ingeniería en París, con todos los gastos pagados. Ese día en la noche salí del hotel, me paré en la calle con los brazos abiertos como Cristo, viendo la torre Eiffel y presentándole mis respetos.

Terminé mi carrera como presidente de mi generación, invitamos como padrino al director de la Comisión Federal de Electricidad, Guillermo Martínez Domínguez. Conseguimos para los anillos, el baile y hasta para esmoquin: todos nosotros elegantísimos, como Zacatecas no había visto nunca antes a generación alguna. Conseguimos libros para la biblioteca y toda la instalación eléctrica de la Universidad en la avenida López Velarde fue de una donación obtenida de la CFE con todo y transformador.

Con el ingeniero Rubén Preza, maestro distinguido de Matemáticas y Físico Nuclear internacional, lanzamos el primer sputnik mexicano, desde las instalaciones de la Escuela de Ingeniería. Echamos a andar el primer reactor subcrítico del país, conseguimos con las dificultades inherentes, el uranio necesario para hacerlo funcionar.

Hui a tiempo, a los 21 años a la Ciudad de México buscando trabajo. Había ahorrado 3 meses de mi sueldo para vivir 3 meses en casas de asistencia en esa gigantesca ciudad. Caminé, deambulé, logré ser maestro del ITAM y de la UNAM a los 22 años: el hambre siempre aconseja bien.

Estuve en la primera generación de la Maestría de Negocios en la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM y fui su Presidente de Generación. La edad de mis 20 compañeros era el doble de la mía.

Así transitó la segunda década de mi vida.

Fui becado a París, a la mejor escuela de negocios de Europa, de donde han egresado varios ex presidentes franceses como Hollande. Tuve una vida esplendorosa en la Ciudad Luz, con mil dólares de beca de CONACYT más mil dólares de FYMPES, la Federación de Instituciones de Educación Superior para hacer una investigación que sirviera a México. Sumé a ello mis personales ahorros que me permitieron viajar. Presumía con mis amigos cuando me visitaban de conocer mejor París que Zacatecas y que el Distrito Federal. Tuve grandes amigos como Jorge Saldaña y ex presidentes como los de Perú, Panamá y Uruguay.

Viví luego un año estudiando en el Economics Institute de la Universidad de Colorado, también becado y haciendo otra investigación sobre los perfiles de ingreso a las universidades americanas. Estuve en el campus de Vail, que es una de las ciudades más caras del mundo, donde los ricos van a gastar sus fortunas esquiando.

Fui becado al Centro de Formación de Ejecutivos Thomas Watson de la IBM en Staten Island, donde estudié el advenimiento de las computadoras de escritorio que reemplazarían a las computadoras de piso falso y de tarjetas. Un año disfruté con amigos y buenas viandas. Ya por dinero no sufrí.

Dirigí a UNITEC, Universidad Tecnológica de México, convirtiéndola en una escuela de alta población estudiantil, orientada a los jóvenes que debían trabajar para costearse la posibilidad de seguir creciendo intelectualmente. La UNITEC fue puesta en el mapa de las universidades importantes en el país: desde allí dirigí AMESTUR, por ejemplo, la Asociación Mexicana de Escuelas Superiores de Turismo durante varios periodos. Trabajamos para preservar el renombre de la Facultad de Odontología como la más afamada de la nación. Se creó una importante División de Estudios de Posgrado que fue referente durante muchos años, de la educación más avanzada en las áreas de especialización administrativa.

.En mi casi cuarta década conocí a Don Manuel Moreno Sánchez, líder del Senado con Adolfo López Mateos y precandidato a la Presidencia de la República, aguascalentense pero casado con zacatecana, enemigo de un amigo mío de muchos años, don Leobardo Reynoso. Pero yo convivía con los dos con generosidad. En su rancho de Ocoyoacac se dio el destape de Cuauhtémoc Cárdenas: asistí como invitado por Octavio, hijo de don Manuel Moreno Sánchez. Ahí conocí a Cuauhtémoc Cárdenas.

Convencido de que los estudiantes debían ejercer su derecho de conocer las propuestas de los candidatos a la Presidencia de la República, se me ocurrió realizar un debate entre los candidatos, siendo yo Director General de la Universidad Tecnológica de México. Asistieron Manuel Clouthier, Rosario Ibarra, Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo y hasta Carlos Salinas. Tres candidatos me ofrecieron ser diputado federal. Acepté hacer campaña con Cuauhtémoc Cárdenas: me propuso la diputación, que rechacé porque era yo académico, no político y porque mi sueldo del que vivía, era cuatro veces superior al de un diputado. Se me incluye en la lista y cuando aparece mi nombre, la Junta de Gobierno de UNITEC me reclama: les dije que era una confusión con un hermano mío que participaba en política.

Luego de las elecciones resulto diputado: ya en la cuarta década de mi vida. El Colegio Electoral que calificaba los comicios y que siempre duraba una tarde, se prolongó mes y medio y resultó histórico: el sistema de conteo de las presidenciales “se cayó” en el interés del partido de Estado de continuar en el poder. Me casaría el 27 de agosto en el Camino Real, con la orquesta de Pepe González de mi amigo Federico del Real: con gran parte de la clase política nacional, de amigos zacatecanos de aquí y de allá. El día de mi boda el Colegio Electoral no terminaba y a mi me tocaba el 146 de la lista en un proceso que se intentaba dilatar lo más posible para evitar el nombramiento de Carlos Salinas de Gortari como Presidente. Salí del Colegio para asistir a mi boda, 4 o 5 horas a la ceremonia y al banquete, a fin de regresar el Colegio Electoral. Los diputados recién calificados, bajamos al estacionamiento para abrir los paquetes electorales esa misma noche, a fin de pretender contar los votos. Éramos 70 aproximadamente de todas las fracciones. Los custodiaban los soldados. Exigimos abrir los paquetes, los militares cortaron cartucho y un diputado, Abel Vicencio Tovar, como si fuera Guillermo Prieto, nos pidió retirarnos.

Así entré a la quinta década de la vida: diputado federal, miembro de la Comisión Permanente, vicepresidente de la Cámara de Diputados, miembro del Comité Ejecutivo Nacional del PRD de Cuauhtémoc Cárdenas, fundé los comités de base perredista en Estados Unidos y Europa. Mucha relación en Estados Unidos y América Latina y junto con Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo en mi casa, en la que tuve invitado al Reverendo Jackson, candidato por su partido a la Presidencia de los Estados Unidos, se organizó allí, en Paseo de la Herradura 111 el primer viaje comercial colectivo de los Estados Unidos a Cuba.

Fueron 10 años de política cardenista intensa: giras nacionales e internacionales, fui candidato a Gobernador de Zacatecas, candidato a Senador, puesto del que fui despojado por los Pérez Cuevas, los Raymundos, las Pollas de Río Grande, me tumbaron, volvió a haber otro Consejo Estatal, lo vuelo a ganar, me vuelven a tumbar y en silencio me negué a seguir participando en un proceso viciado.

Cuauhtémoc nuevamente candidato presidencial, inicia su campaña: el candidato electo democráticamente para contender para gobernador en el Estado de México, Higinio Martínez hoy alcalde de Texcoco, no prende, hay focos rojos en cuarto de guerra y Porfirio Muñoz Ledo cumple una comisión en la que se me solicita lo reemplace por vivir yo en Huixquilucan. Señalé que mi credencial no era de allí y que mi vida política era en Zacatecas. A pesar de ello se me nombra candidato al Senado con algunas dificultades con el porro de Gerardo Fernández Noroña. Logré la más alta votación, sólo equiparable a la que 20 años después obtendría Delfina Gómez.

Con el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas en la Ciudad de México, como Jefe de Gobierno, tuve a mi cargo el manejo de la prensa de la campaña y fue nombrado Director General de Administración y Recursos Humanos de la Ciudad, la Dirección de más relevancia: elaboré la primer nómina del gobierno, dependía de mí el personal, por lo que las 39 secciones sindicales -prístas por normatividad- pactaban conmigo los incrementos salariales y las condiciones laborales. Hubo una transición tersa con el cambio de sindicato a los 6 meses del ascenso al poder: no se interrumpió el proceso de pagos ni una sola hora en el tránsito de gobierno priísta a perredista. Un trabajo intenso pero satisfactorio. De ahí volé a preparar la siguiente campaña presidencial de mi amigo Cuauhtémoc Cárdenas organizándole el mitin más grande de la historia de México en Nezahualcoyotl y llenando con 25 mil mujeres el Toreo de 4 caminos.

 

En mi quinta década fui presidente del PRD en el Estado de México, compré la primer casa de ese partido que hasta entonces, sin una política de inversión y crecimiento pagaba renta, logramos triunfos en Nezahualcoyotl, Ecatepec, Chalco, Valle de Chalco, Texcoco, Tejupilco… y obtuvimos con Valentín González Bautista la Presidencia del Congreso en el primer año de la nueva legislatura del Estado de México.

Definimos elecciones con el peso del Estado de México, como la de López Obrador para Presidente del Partido, la de Rosario Robles. Con Amalia no fui, pero fue presidenta del PRD nacional.

Dejé de participar en Zacatecas, dejé pasar a Monreal: querían que yo fuera el candidato, pero ya había sido la vez anterior.

Pienso en mi retirada de la grilla, porque no deja de ser un asco. En mi más reciente década fundé el Instituto de Graduados en Administración en Zacatecas, mi segundo sueño dorado. Desarrollé mi centro turístico en la Presa del Chique, me lo quiso quitar Miguel Alonso, quedó derrotado y humillado. Mi empresa turística en Huixquilucan para a ser la quinta más importante en el país en la venta de cruceros y de destinos como Las Vegas o Europa.

En el recuento breve de esta historia, no puedo dejar del lado los 11 libros que he publicado, ni los dos premios nacionales de periodismo que hoy son parte de mi palmarés.

Así termina la historia de los soixante-dix. Mi hijo Jaime quería hacer un festejo familiar en mayo, pero él tuvo que dar un curso en Nueva York y yo aportar mi sabiduría en exponer los modelos matemáticos aplicados a las finanzas. Se cumple un festejo académico no familiar. Un tete a tete entre dos Enríquez. Ya había ocurrido hacía 5 años otro, en el IGA de Zacatecas, con mi hija Tania, Doctora en Mercadotecnia Polítca, en un grupo de doctorado. Lo importante no es que fuimos maestros, sino que fuimos padre e hija.

Así, llegar a los soixante – dix es una bendición. No quiero llegar a los quatre-vingt.. No es mi interés. Mi interés es vivir todos los días como si fuera el último. La longevidad me aterra. Me hubiera gustado que mi ídolo de muchos años, Mohammed Ali hubi9era muerto como campeón y no de Alzheimer.

La felicidad acumulada no tiene precio. Las dificultades y tragedias son más valiosas, porque a los 21 años cuando la vida era adversa en el Distrito Federal, aprendí que por las caídas y los fracasos me convertí en invencible. Este es un elemento que yo transmito a mis alumnos, a los jóvenes y sobre todo a mis hijos, que afortunadamente me han superado como una bendición. Si hoy fuera yo mejor que ellos, mi vida hubiera fracasado.

GRACIAS AMIGOS, SU FELICITACIÓN ES UN HONOR Y TAMBIÉN SU AMISTAD..

Bienvenidos sean los soixante-dix: he aprendido que la vida es bella y comparto desde aquí mi felicidad con todos los que me han acompañado en este recorrido difícil y magnífico, que ha quedado grabado en mis recuerdos y en mi corazón.

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