JOSÉ HERNÁNDEZ DELGADILLO - El Nopal
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JOSÉ HERNÁNDEZ DELGADILLO

JOSÉ HERNÁNDEZ DELGADILLO

JAIME ENRÍQUEZ FÉLIX

Lo conocí una mañana en la casa de mi madre en la avenida Morelos No. 123.  En uno de los espacios en que no teníamos clase, subíamos a desayunar.  Estaba un hombre en la cocina, de pelo largo pero escaso, con lentes y un rostro de pájaro. Convivía con mi madre en excelentes términos, como sucedía con todos los amigos de la familia, que solían visitarla. Inmediatamente me preguntó si yo era Jaime, el que estudiaba ingeniería y se presentó: él era el pintor que había hecho los murales de la UAZ y otros más en el Estado. 

Me pareció un artista agradable, pero lo observaba sobre todo  como un ser político, por sobre su trabajo como  pintor o escultor. Siempre que iba de viaje a Chihuahua por ejemplo, llegaba a la casa sin avisar.  Se hizo amigo de todos en la familia pues mi madre, siempre generosa con el que tocara a la puerta, le ofrecía unos taquitos de papas o de revolturas. Había incluso pernoctado en la casa por su amistad con Javier Aguiñaga, con Mateo el de Valparaíso y con mi hermano Javier.

Otras veces coincidimos en la ciudad de México. Iba a mi casa a visitarme, o a la Universidad Tecnológica de México, donde yo era funcionario. 

Se aproximaba el festejo de los 100 años del nacimiento de Ramón López Velarde y pensamos en mi oficina, en hacer un gran homenaje que reuniera a 100 artistas –pintores, poetas- de tal manera que los zacatecanos (él no lo era, había nacido en Hidalgo) pudiéramos hacernos presentes en el centenario del poeta más enorme de América.

Hubo diferentes reuniones con grupos de amigos. Yo propuse un zacatecano para coordinar dicho proyecto, pues mi tiempo era escaso.  El maestro Delgadillo diseñó el boceto de lo que sería el telón de un teatro donde el homenaje se llevaría a cabo.

Lo cierto es que sus trabajos anteriores me gustaban por su colorido, más no alcanzaba a comprender su obra, y siempre tuve el prejuicio de que este homenaje acabara siendo algo tan abstracto que el público asistente no lo entendiera.  Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula: la obra del maestro Delgadillo resultó un diseño que recogía al Niño Dios, al maíz, a la musa, a los tiempos prerrevolucionarios, a una figura en movimiento que, al verla expresada en su dimensión real, resultó una interpretación espectacular de La Suave Patria.

Tuvimos el mejor homenaje que se le ha hecho al bardo zacatecano en toda su historia.  La ventaja de estar en el DF y no pagar boletos de avión, ni hospedaje ni comidas, ayudó mucho.  La prensa fue generosa. A quien no le gustó mucho fue al entonces gobernador, Genaro Borrego, pues nos adelantamos a los eventos que él había planeado hacer en Zacatecas.  Pero además, porque los participantes locales, a pesar del recurso del gobierno, no lucieron como nuestros cien artistas.

El maestro Delgadillo nació en Tepeapulco, Hidalgo, y debe ser uno de los pintores con más obra pública en universidades, donde los jóvenes siempre lo recibieron con cariño. Sin embargo, tiene grandes obras de caballete y murales en instituciones particulares que han sido poco identificados.

Había estudiado pintura y escultura en La Esmeralda del INBA, y una de sus primeras aportaciones fue un mural para la escuela primaria Belisario Domínguez, próxima a Bellas Artes. Desarrolló relieves y un grupo escultórico en la ciudad Deportiva de la Magdalena Mixuca y esculpió con más de 25 metros de altura, el símbolo de la Feria del Libro en 1960.

En 1961 ganó la Bienal de los Jóvenes en París, Francia. Antes había logrado mención honorífica en la Segunda Bienal del mismo lugar.

Sus promotores en el arte comercial, fueron la prestigiada galería Mizrachi y la Mer-kup. Lo promovieron en exposiciones en Estados Unidos, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil y Centroamérica.  En 1964 logró el premio del Salón de la Plástica Mexicana.

Expone en las galerias Reflets de Bruselas, en la Mokun de Amsterdam, en la Biosca de Madrid y en la galería Creuze de París. El Museo de Arte Moderno de París adquirió una de sus obras, actualmente en exhibición. También montó su obra  en La Casa de México en París y en el Museo de la Ville en 1965. En 1967 obtuvo otro premio en el Salón de la Plástica Mexicana.

En 1967 participa en el Pabellón de México en la Expo 67 de Montreal, Canadá, e incursiona en exposiciones de erotismo, en apuntes y tintas.

En 1968 mostró su obra en el Palacio de la Bellas Artes, y junto con Leopoldo Ayala, José de Molina, Amparo Ochoa y Sonia Furió, creó el grupo interdisciplinario “Arte Colectivo en Acción” (ACA)

En 1970 coordinó y diseñó esculturas y juegos infantiles en el IMAN de la ciudad de México.

A partir de 1972 recorrió el país visitando tecnológicos, sindicatos y universidades, para lograr 150 murales fijos.

Expuso con el tema “La nueva figuración en el mundo”, en Tokio, Japón.

En 1984 contribuyó a la realización de un mural colectivo de mil 600 metros cuadrados en Tlatelolco, donde él vivía.

En 1989 realizó el mural “El Hombre Nuevo hacia el Futuro”, en acrílico sobre madera, en el hotel ex Hacienda de Cortés en Cuernavaca, Morelos, que posteriormente sería su museo.

Visitó después Oakland, California, con su mural “Lucha Campesina”. Hizo el mural “Contra la guerra y la explotación y por la paz” con la organización la Raza en San José California. Pintó en Davis, Watsonville y San Francisco.

En 1995 restauró los murales que él mismo había pintado en la Universidad Autónoma de Zacatecas. Emigra luego a Vancouver, Canadá, para impartir un taller de arte público y muralismo.

Pintó el mural “La Medicina y la Vida” en el vestíbulo principal del Centro Médico Dalinde y otro en el mismo hospital, al que intituló “Por la vida, Un Canto”.

Murió en la ciudad de México el 26 de diciembre del año 2000.

José Hernández Delgadillo es un pintor que articula el arte revolucionario, la militancia política y la expresión moderna de la pintura.  Sus cuadros de caballete y los que obran en lugares particulares tienen cotizaciones muy altas financieramente.  Pero la mayor parte de su trabajó lo ejecutó con gratitud en muros viejos de escuelas, universidades y mercados. 

México le debe nuevos y mayores reconocimientos. De estos grandes hombres necesitamos muchos.

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