Diciembre también exige cuidar tus datos
Julieta del Río
Se acerca el 16 de diciembre y con él las tradicionales posadas, las reuniones familiares, el intercambio de regalos y, por supuesto, la llegada del aguinaldo. Es una temporada que muchos esperamos para reencontrarnos, celebrar y, por qué no, darnos un gusto. Pero también es una época en la que más se vulneran nuestros datos personales sin que nos demos cuenta. Diciembre es, para la delincuencia digital, lo que el Buen Fin o el Hot Sale representan para el comercio; una oportunidad.
Desde hace años trato de insistir en algo que no deberíamos olvidar, la protección de datos es un derecho humano que nos permite mantener a salvo nuestra identidad, nuestra seguridad y hasta nuestro patrimonio. Sin embargo, diciembre suele relajarnos. Nos confiamos, abrimos mensajes sin verificar, entregamos datos en cada formulario “para participar en una rifa”, regalamos información a negocios que no garantizan su seguridad o aceptamos cookies y permisos sin siquiera leerlos.
La llegada del aguinaldo incrementa el riesgo. Las ofertas falsas, los enlaces fraudulentos y los mensajes que simulan provenir de bancos o tiendas se multiplican. En mi experiencia institucional, diciembre siempre fue el mes con más reportes de robo de identidad, fraudes y suplantación. Y aunque hoy el país vive una nueva etapa en materia de protección de datos, la exigencia ciudadana debe continuar: nuestros derechos no se suspenden por temporada.
Es importante recordar algunas medidas mínimas. La primera es desconfiar de lo que parece demasiado bueno para ser verdad. Ningún descuento requiere tu credencial para votar, tu número de tarjeta o tu NIP. La segunda, evitar conectarse a redes Wi-Fi públicas para hacer compras o movimientos financieros. La tercera es revisar bien los permisos que damos al instalar aplicaciones navideñas, desde las que “animan” fotos hasta las que prometen rastrear envíos. Muchas solicitan acceso a contactos, cámara, ubicación o archivos sin justificación.
En las posadas también hay riesgos. Hoy las celebraciones se transmiten por video, se suben fotos en tiempo real y se etiquetan ubicaciones. No todo el mundo quiere que su imagen circule ni es seguro publicar que estamos fuera de casa. Proteger la privacidad también es un acto de respeto hacia los demás.
Ninguna política pública funciona sin corresponsabilidad ciudadana. Y aunque hoy atravesamos un escenario institucional distinto, eso no cambia la vigencia del derecho a la protección de datos personales. La tecnología avanza, pero también lo hacen los riesgos. Por eso este diciembre, antes de comprar, compartir o aceptar términos que no leemos, vale la pena detenernos un momento.
Cuidar nuestros datos es cuidarnos a nosotros mismos. Que esta temporada de posadas sea de celebración, no de vulneraciones que pudieron evitarse. En tiempos de regalos, no le entreguemos nuestra información a quien no la merece.



