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A un año de gobierno: evaluación

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Dr. Ricardo Monreal A.
A un año de gobierno: evaluación
Durante años, el proceso de cambio de estafeta entre el gobierno que salía y el que entraba se reducía a una transición pasivo-activa; es decir, la administración saliente apresuraba a sus equipos para dejar al gobierno, mientras que quienes los reemplazaría se sentaban a esperar todo cuanto se les fuera a entregar. No era sino hasta el 1 de diciembre cuando el presidente entrante comenzaba a anunciar las decisiones y acciones por implementar durante el periodo sexenal correspondiente.
Muy al contrario de las experiencias anteriores, el actual titular del Ejecutivo federal comenzó a gobernar el mismo día en que fue elegido legítima y democráticamente, pues desde ese preciso momento empezó a anunciar los radicales cambios que durante su administración se efectuarían para atender los problemas prioritarios del país. Asimismo, se dio a la tarea de informar a la ciudadanía de la inconveniencia económica de continuar con los proyectos encumbrados durante el sexenio anterior.
Pese a todo el augurio negativo levantado por quienes vieron afectados sus intereses económicos, lo cierto es que, luego de 12 meses de la elección presidencial, el país goza de una estabilidad económica en cuyo panorama se han insertado importantes decisiones, como el aumento al salario mínimo; la reducción de los sueldos de altos funcionarios; la entrada en vigor de la Guardia Nacional y de una política de austeridad orientada a la reducción del gasto público innecesario; la firma y ratificación del nuevo acuerdo comercial entre México, Estados Unidos de América y Canadá (TMEC); así como el anuncio de una importante inversión del sector empresarial del país por 35,000 millones de dólares.
Con lo anterior se busca elevar el crecimiento del Producto Interno Bruto; asimismo, los programas sociales se están reestructurando para que los recursos lleguen de manera directa a las personas beneficiarias y así prescindir de los intermediarios presentes en las administraciones pasadas.
En resumidas cuentas, el país está caminando por buen rumbo; el control en materia económica sugiere una actitud responsable por parte del gobierno del actual presidente, por lo que no hay indicios de que se vaya a presentar una estrepitosa crisis como la que han venido profetizando los detractores.
Cierto es que se ha pronosticado un nivel de crecimiento económico menor al prospectado; pero también es verdad que se está trabajando para lograr resultados que superen las expectativas económicas previstas para el país. Eventualmente, un ahorro responsable del gasto público podría significar el equivalente a altos índices de crecimiento económico.
No obstante lo anterior, la aceptación del presidente Andrés Manuel López Obrador entre la ciudadanía es tal, que si el día de hoy se repitieran las elecciones, él obtendría tres millones de votos más de los que consiguió aquel ya histórico 1 de julio de 2018.
Sin embargo, no cabe duda de que el problema de la inseguridad en el país continúa siendo alarmante, por lo cual, la presente administración federal se está ocupando de las medidas urgentes, necesarias e inmediatas al respecto. Así, tenemos que, en tiempo récord, se ha instrumentado formal y prácticamente la Guardia Nacional, la cual entró en funciones en días pasados.
Sin descuidar la naturaleza compleja del problema de la inseguridad y la criminalidad, del mismo modo se ha otorgado relevancia a los programas sociales orientados a abrir un abanico más amplio de posibilidades a la juventud, pues el soslayo de este tipo de variables se encuentra en el centro de las causas que originaron el actual estado de cosas.
Como en todo cambio, por supuesto que se han presentado resistencias. Desde antes de que el presidente AMLO tomara protesta, ya se vaticinaban los obstáculos que habría de sortear a partir de que se tocaran determinados tipos de intereses económicos.
Desde que se dio a conocer que por ley ningún funcionario público podría ganar más que el presidente de la República, se ha presentado una persistente renuencia por parte de muchos servidores a reducir sus percepciones, e incluso ha habido quien afirmara que era necesario mantener esos sueldos superlativos, pues de lo contrario nuestros jueces serían más proclives a ceder ante la corrupción.
Así también, existen grupos políticos y de la iniciativa privada que de manera sistemática se han negado a ver sepultado el magno proyecto del gobierno anterior: el Nuevo Aeropuerto Internacional de México.
Pero a pesar de los constantes señalamientos, la actual administración federal ha demostrado que su proyecto de gobierno no se asemeja en lo absoluto al de un régimen populista, sino que es, por el contrario, popular, pues el sello del presidente es pensar en todo momento en beneficiar al ciudadano de a pie y no a las élites económicas acostumbradas a gobernar detrás de los círculos de poder. Así lo atestigua el prudente manejo de las finanzas públicas expresado en los ajustes realizados.
Hay pendientes, lo sabemos.
A un año de comenzar a tomar decisiones trascendentales, el reumático elefante que por décadas fue el gobierno, ahora sí se está moviendo y con un rumbo claro, con la dirección de un personaje que por su particular personalidad, honesta y trabajadora, se ha ganado el beneplácito y la confianza populares.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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