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Derecho a respirar.

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Derecho a respirar.
Por: Jenny González Arenas.

Por mas irrisorio que pueda parecer, todos los habitantes del planeta tenemos derecho a un medio ambiente sano, incluido el derecho a respirar aire puro, libre de contaminación que dañe nuestra salud.
Para nadie es un secreto la situación por la que atraviesa en estos momentos la Ciudad de México, situación por demás difícil de comprender cuando quien la dirige en estos momentos es una reconocida ambientalista, al menos en el ámbito académico, de quien no podemos o, al menos no esperábamos escuchar, una justificación tan absurda como el que la administración pasada no contaba con protocolos para mitigar la contaminación en la CDMX y por eso es que la situación era tan grave en estos momentos.
En primer lugar, siempre hemos señalado que el formar parte de la administración pública trae consigo una gran responsabilidad, primero, de institucionalidad, por lo que hablar mal de la administración pasada, sin mostrar evidencia válida para las afirmaciones que se hacen es, sencillamente, un acto de irresponsabilidad y de revanchismo político, además de ser una justificación muy infantil para la ineptitud de la nueva administración.
Por otro lado, no es posible que quien se encontró al frente de la Secretaría del Medio Ambiente del entonces Distrito Federal, acuse a las administraciones pasadas de no contar con protocolos para las contingencias ambientales, cuando ella misma ha sido parte de esas administraciones pasadas.
Finalmente, alguien con una trayectoria ambientalista como ella, se presume debería poner especial énfasis en ese tema, al menos en su gobierno, si nos basamos en su perfil académico, por lo que casi seis meses son tiempo suficiente para que ya se contaran con dichos protocolos, tomando en cuenta su vasta experiencia académica y su trayectoria política en temas relacionados con el medio ambiente.
No podemos ser omisos en mencionar que la situación del aire en la Ciudad de México no se resuelve simplemente con medidas políticas, necios seriamos al no reconocer que el cambio climático, la modificación de los patrones ambientales, las temperaturas extremas, la falta de lluvias, entre otros muchos factores, son elementos que contribuyen de manera negativa en el aire de la Ciudad de México, pero eso tampoco excluye de responsabilidad a las autoridades por la falta de prevención en muchas medidas ambientales que se deberían implementar de manera progresiva a lo largo del año, para evitar llegar a estos extremos.
Podemos hacer como si nada pasara, al final de cuentas nosotros estamos en lo que los habitantes de la CDMX han dado en llamar “provincia”, y la calidad del aire que respiramos no se compara con la que ellos respiran, sin embargo, no podemos negar la situación de la megalópolis repercute en el resto del país, porque la actividad económica se desacelera, porque la contaminación viaja por el aire y puede llegara a afectar otros lugares, porque muchas personas, las que estén en condiciones de hacerlo, ya sea por condiciones previas de salud o porque su situación económica se los permita, saldrán de la Ciudad de México, buscando otros lugares para residir de manera temporal o permanente, afectando la dinámica poblacional de otras ciudades; todo lo anterior afecta, directa o indirectamente, la vida en “provincia”.
Todos tenemos derecho a un medio ambiente sano, ello implica que tenemos la obligación de no contaminar y no dañar el medio ambiente, pero también el Estado tiene la obligación de fortalecer el sistema jurídico y aplicarlo de manera efectiva y eficaz, para que todos estemos en condiciones de que ese derecho a respirar aire puro, sea una realidad y no una aspiración lejana.