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“¡Digan whisky!” 2da parte

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“¡Digan whisky!” 2da parte

Por LA MADA (Magdalena Edith Carrillo Mendívil)
www.lamaddalenaedi.blogspot.com

Pelando  la mazorca, viviendo y dejando vivir, sin sufrir calenturas ajenas y sin meternos en lo que no nos  importa continuemos este camino sobre la sonrisa, sonriendo y a veces riendo. En este articulín mencionaré algunas risas y sonrisas no muy  famosas en el arte, particularmente pintura y escultura.
Vayámonos muy atrás, allá con los mesopotámicos, específicamente con los asirios surge una escultura protectora, enigmática e imponente: Los toros alados (Lammasu/Lamassu). Los toros alados son criaturas cuya función en esta vida era la de proteger las puertas de acceso a las ciudades o palacios de los monarcas, generalmente en pares. Con cabeza de hombre con barba y una especie de turbante, cuerpo de toro o león y alas de águila. El toro alado tiene cinco patas, con esto se lograba que de perfil la imagen pareciera en movimiento y de frente estuviese parada. Y ustedes se preguntarán ¿y dónde está lo simpático de esta figura apotropaica, antropomorfa y a la vez zoomorfa (¡ay qué bonito se oyó!)? Pues bien, este toro tiene como particularidad una sonrisita dibujada en su rostro, sonrisita sarcástica, de esas que te dan miedo pues no sabes que hay detrás de ellas, de esas sonrisas que no te dejan traspasar un umbral, si no es con permiso o con invitación, de esas sonrisas que hacen que te congeles… vaya, de esas sonrisas que no son sonrisas.
De Egipto, cuyas imágenes no eran muy sonrientes que digamos tomaré como ejemplo una bella y elegante sonrisa que se dibuja en el busto de Nefertiti (1345 a.C.). Nefertiti la esposa de Akenatón tuvo la fortuna que durante el reinado de su esposo el arte egipcio se aligerara y se hiciera un poco más sensual, yo creo que al ser el primer faraón monoteísta pudo relajarse y disfrutar más la vida y su belleza, eso creo yo sin ningún fundamento para respaldarlo, es solo una suposición al ver la bella sonrisa que nos muestra Nefertiti, una esposa, aparentemente, feliz.
Ahora vayamos a la cuna de la civilización occidental, Grecia, y se podría pensar que de entrada encontraríamos una sonrisa sensual y seductora que nos ofrezca una escultura griega… pues no. Durante el periodo arcaico se comenzaron a hacer maravillosos intentos de prueba y error del cuerpo humano, incluida la sonrisa. Los kouroi y las korè o korai. Las primeras son figuras masculinas atléticas desnudas o con sus partes privadas cubiertas (nobles les dicen unos yo lo someto a juicio) de influencia cretense y egipcia, figuras rígidas con cabello trenzado, por ejemplo tenemos a los hermanos Kleobis y Bitòn. Las segundas serían su contraparte femenina, figuras vestidas pues el desnudo femenino aparecería después en el periodo clásico, son de forma cúbica, rígidas, por ejemplo la Dama de Auxerre o la Hera de Samos… ¿y dónde está la sonrisa? Pues en su rígidos labios arcaicos, esta sonrisa llega a ser deliciosa en algunas korai, sugiero que antes de juzgar estar muecas seamos conscientes del gran esfuerzo que tuvieron que realizar los maestros griegos para lograr estas expresiones de vida y emociones, tomar conciencia de la belleza comienza a llevar per sé la consciencia de la alegría.  Las posteriores esculturas de los periodos clásicos y helenísticos tienen sonrisas mesuradas, siempre todo dentro de los patrones, proporciones y cánones que marca el perfecto equilibrio y serenidad que si escuchamos bien nos invitan a dialogar, a cantar.
Durante el imperio romano no tengo nada que comentar, no he encontrado esculturas ni pinturas que me muestren la sonrisa que ando buscando. Seguramente a estos romanos les ganaba la risa fácilmente, entre tanta fiestas, bacanales y orgías, La Mada  duda mucho que el ambiente fuese muy formal y dentro de las normas de urbanidad y decencia. Seguramente las termas y las casas de los señores de dinero esconden aun fantasmas y espíritus que continúan riendo a carcajadas, digo, a mí en estas circunstancias si me venía agarrando una risita, al menos nerviosa. Tengo ejemplos maravillosos de muestra de poder, triunfo, riqueza, pero esa sonrisa no, y temo decirles que aquí le paro con la sonrisa y no porque me ponga seria sino porque pasarán muchos años para que volvamos a ver la sonrisa dibujada en el arte.
Después comentaré de los primeros intentos de plasmar sonrisas y expresiones nuevamente después de tanta seriedad que acompañó el periodo paleocristiano, claro, con ese Pantócrator sobre el ábside de algunas iglesias a cualquier pecador se le quitaban las ganas de hacer algún chistecito de mal gusto.
En el próximo artículo hablaré de un tema que posiblemente tocará sensibilidades puritanas o tal vez no. Comienza con “e” y termina con “o”… ta, ta, ta, chaaaaaan.
Por lo pronto usted sonría, no espere a que le digan whisky, rojo, colorado, tequila, cheese. Sonría por el placer de tener labios y no hablo de dientes, aun sin ellos, usted sonría.
Fin de la segunda y risueña parte.