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Dignidad salarial

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Dr. Ricardo Monreal A.
Dignidad salarial

En México, desde hace décadas, se había dejado en el olvido la premisa establecida en el artículo 123 de nuestra Carta Magna, respecto de la justa retribución por el trabajo que dignamente realizan millones de personas, para llevar el sustento a sus hogares. Hasta este año, el salario mínimo se cotizaba en cuatro dólares estadounidenses diarios por jornada laboral, remuneración que se ubica en los niveles más bajos de toda América Latina.

Para 2018 se fijó, por parte de la administración federal anterior, la cantidad de 2,400 pesos mensuales, como salario mínimo en todo el país, por demás ínfimo, tomando en consideración el aumento constante del costo de vida en México, que en este año se ha elevado considerablemente por los procesos inflacionarios.

El salario mínimo en México, en términos reales, corresponde a casi la mitad de lo que percibe un trabajador en países como Bolivia y Perú, pues hasta 2017, en ambos países, la remuneración mínima era de aproximadamente 260 dólares mensuales. De acuerdo con estimaciones del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), en nuestro país se identifica a las personas en situación de pobreza a partir de la línea de bienestar y la línea de bienestar mínimo, parámetros usados por esta institución desde 2010, por medio de los cuales se puede medir qué porcentaje de la población tiene acceso, con base en sus ingresos, a niveles básicos de alimentación, así como a otros bienes y servicios, recreación, vivienda, vestido, salud, etcétera.

En 2016, según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, se registraron en el país 32’730,599 trabajadores asalariados, hombres y mujeres, cuya percepción era igual o menor a un salario mínimo. Asimismo, para noviembre de este año, la inflación creció hasta un 4.63 por ciento, rebasando la perspectiva del Banco de México de mantener niveles por debajo del 3 por ciento durante todo el 2018.

Por otro lado, la canasta básica tuvo un incremento del 7.39 por ciento a mediados de año, lo cual se reflejó en productos como tomate, papa, cebolla, pan, entre otros. Durante el 2018, Coneval registró los precios de la canasta básica en zonas rurales hasta en 1,073 pesos y en 1,516 pesos en las zonas urbanizadas del país ¿Cómo puede una familia que percibe 2,400 pesos mensuales acceder siquiera una buena alimentación?

De 2008 a 2018, la canasta básica ha sufrido un incremento de alrededor del 70 por ciento, mientras que el salario mínimo durante el mismo periodo se elevó tan solo 38 pesos con 80 centavos. Durante años, en México se ha fijado el aumento del salario mínimo con base en el incremento de la inflación del año anterior, lo cual ha cerrado la posibilidad de prospectar su gradual aumento a partir de estimaciones inflacionarias futuras.

Todo esto fue desarrollado e impulsado desde el sexenio que inició en 1988, en atención a recomendaciones de organismos financieros internacionales, que no sólo impusieron en México la visión de la política neoliberal con carácter privatizador, sino que además impulsaron la reducción de los salarios en términos reales, con el objeto de generar mayores ganancias al capital privado, propiciando con ello la acelerada pauperización de la calidad de vida en el país, pero también el deterioro del tejido social. Las funestas consecuencias de esas políticas salariales están a la vista de todos.

En el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio fiscal 2019, se prevé un incremento del 16.21 por ciento al salario mínimo, para que pase de 88 a 102 pesos diarios. El aumento de la remuneración mínima del trabajo asalariado durante esta administración se calculará con base en las prospectivas inflacionarias; fue un error tomar en consideración el incremento de la inflación de años anteriores para el mismo fin, pues, como podemos ver, el costo de vida se ha disparado a gran escala, y las percepciones de los trabajadores han avanzado muy por debajo de los precios de bienes y servicios. De manera deliberada, se condenó a buena parte de la población a la marginación, al atraso y a la desigualdad, por causa de esas políticas económicas.

Junto con algunas asociaciones patronales se llegó al acuerdo de elevar el salario mínimo a partir del próximo año, con el compromiso tanto del Gobierno federal como del sector privado, de evitar un aumento inflacionario que ponga en riesgo la economía nacional. Hay voluntad política en el marco de la búsqueda de la Cuarta Transformación por mejorar las deplorables condiciones en las que se encuentra nuestro país. En tal sentido, la meta propuesta para finales del sexenio es que el salario mínimo llegue a ser de 290 pesos, lo cual se va a buscar con la mayor responsabilidad administrativa y económica.

Los escollos que habían frenado el desarrollo de nuestro país están en la mira del nuevo gobierno. El tema salarial ya había sido observado por los socios comerciales de México en el norte: tiene que haber salarios competitivos dentro del territorio nacional, que propicien condiciones de equidad entre las industrias nacionales y extranjeras y que mejoren el poder adquisitivo de los consumidores mexicanos.

La política neoliberal a la mexicana había promovido salarios de hambre, en detrimento de la calidad de las y los habitantes de la ciudad y el campo, lo cual detonó el crecimiento del empleo informal, la masiva expulsión de mano de obra nacional hacia Estados Unidos de América, y la grave crisis social que hoy se vive.

Es claro que se requiere fomentar la inversión de capital privado, así como procurar la generación de mayores fuentes de empleo para lograr todo lo propuesto; por esa razón, la presente administración está enfocada en fortalecer las relaciones comerciales en el mercado internacional, pero sin descuidar la generación de un mayor dinamismo dentro del mercado interno, para evitar la dependencia con el exterior y los vaivenes de la economía mundial.

No han faltado señalamientos críticos respecto a esta decisión. Lo cierto es que incluso los países más desarrollados ya voltearon los ojos hacia un modelo que propugna por un mayor control por parte del Estado; existen cada vez más demandas por procesos de asepsia en la política económica, la cual se había abandonado a los caprichos del libre mercado.

Sin duda, el aumento del salario mínimo lo celebramos todos, porque los más beneficiados serán aquellos millones de trabajadores que se encuentran sumidos en la precariedad, alejados de lo necesario para sobrellevar una vida digna. Salarios dignos es lo que los trabajadores mexicanos merecen y requieren.

ricardomonreala@yahoo.com.mx
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