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“¡FUEGO CRUZADO!”

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“¡FUEGO CRUZADO!”

Aquiles González Navarro

Durante mis años de vida profesional, ejerciendo libremente y aún en mi carácter de servidor público, sólo conocí un caso de fuego cruzado; ocurrió en la comunidad de Milpillas de la Sierra, en el municipio de Valparaíso, hace ya más de veinte años:

Dos jóvenes se enfrentaron a tiros dentro del escenario de un baile que se celebraba dentro de la cancha de la escuela del lugar. En “fuego cruzado” murieron diez adultos que momentos anteriores se divertían en el evento y un niño que acudía a una tienda de abarrotes caminando por fuera del perímetro enmallado de la escuela.

Los dos jóvenes fueron consignados por el delito de homicidio.

Es mi opinión que el llamado “fuego cruzado” que ocasiona “muertes colaterales”, es producto del actuar imprudente de los protagonistas, (explicable en jóvenes inexpertos, pero no en oficiales) que lleva a calificar la conducta como homicidio, con responsabilidad penal por culpa o hasta con dolo en determinados casos.

El domingo 25 de marzo pasado, una familia compuesta por el padre, la madre y sus dos hijas de cuatro y cinco años de edad, fueron prácticamente acribillados; la crónica en “La Jornada”, publicada el pasado martes 27, narra que durante un enfrentamiento entre elementos de marina y presuntos integrantes de un grupo de la delincuencia organizada en Nuevo Laredo, Tamaulipas, fallecieron los integrantes de una familia “que se encontraba dentro del vehículo al momento de los tiroteos”.

La hipótesis de voceros de la Secretaría de Marina fue en el sentido que el vehículo ocupado por la familia se metió dentro del “fuego cruzado”, pero dijeron que “el calibre de las balas que les ocasionaron la muerte no corresponde al armamento usado por la dependencia”.

Inmediatamente y sin mediar peritajes de balística, se abundó por voceros de la Procuraduría General de la República, que el calibre de las balas fue de 223, “el cual, de acuerdo con esta dependencia, no es usado por la Marina. También aseguró que una de las armas incautadas a los atacantes corresponde a dicho calibre” (sic).

La trayectoria de las balas, de arriba hacia abajo y no por los costados, motivó en abogados penalistas y peritos zacatecanos, los comentarios de una versión falsa de “fuego cruzado”, a menos que el enfrentamiento hubiera sido entre el cielo y el infierno, se dijo en plan de sorna. Era, en pocas palabras, nada creíble la versión de la Secretaría de Marina avalada entonces por la PGR.

A quince días de los hechos, ante evidencias inocultables, la Procuraduría se vio obligada a abrir “la verdad histórica”, aunque tratando de suavizar la responsabilidad de los marinos: “Las indagaciones establecen que los ocupantes del vehículo civil quedaron en la línea de tiro en contra de las camionetas de los integrantes del grupo delictivo…”, dijo el titular de Servicios Periciales de la dependencia. (La Jornada, 7 de abril).

Línea de tiro, fuego cruzado y víctima colateral. Tres conceptos integrados al argot penal callejero por sectores oficiales de las áreas de procuración de justicia, seguridad pública y militares, para encubrir a autores de homicidios,  lesiones y daños,  generando impunidad en este campo de guerra que es México.

“Los que pagaron el precio”. Es un capítulo del libro “La guerra de Vietnam”, de Christian G. Appy.  Phan Xuan Sinh, del Ejército de la República de Vietnam del Sur y por lo mismo al servicio de las fuerzas del ejército norteamericano, narra lo que llama “experiencias sobrecogedoras”.

Refiere que en Cam Hai, pueblo costero, “era la una o dos de la madrugada…y vimos una lancha tras otra y lo que pensamos que era silueta de fusiles contra el cielo. Parecía toda una compañía del Vietcong.

“Se lo notificamos a nuestro comandante y abrimos fuego con todo nuestro armamento: fusiles, ametralladoras, todo. Seguimos disparando hasta que me di cuenta de que no devolvían el fuego… habíamos cometido un terrible error: habíamos disparado contra un grupo de pescadores; lo que parecían fusiles en realidad eran cañas de pescar…

“Estaba completamente horrorizado. Entre los muertos había mucha gente mayor y mujeres, incluso niños; más de veinte habían muerto y unos cuarenta estaban heridos. Ayudé a evacuar a algunos de los niños en helicóptero y acabé llorando. Está claro que era la gente corriente de uno u otro bando la que moría en mayor número”.

A la fecha, desde que nuestro país se convirtió en un “campo de guerra”, alentado por Fox, ideado, preparado e impulsado por el Gobierno de los Estados Unidos y apoyado por Felipe Calderón con su declaratoria y permisibilidad para el ingreso de armas, “la clase corriente” es la que ha muerto en mayor número.

El próximo presidente de los mexicanos debe poner un freno al gobierno norteamericano en lo que se refiere al ingreso de armas de asalto a nuestro país y los militares deben regresar a sus cuarteles, iniciándose  inmediatamente el proceso de pacificación.

Los responsables de la muerte de la familia acribillada  deben ser enjuiciados.

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