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GOLPETEO INNECESARIO

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Aquiles González Navarro
GOLPETEO INNECESARIO

La Red de Organizaciones Ciudadanas en Defensa por el Centro Histórico y la Asamblea Popular, han estado trabajando un amplio  consenso de todos los partidos políticos para, en concordancia con elementos de la sociedad civil, integrar una planilla única de ciudadanos sin partido y excepcionalmente ciudadanos militantes de los institutos políticos, a fin de crear un concejo-asamblea que gobierne el municipio de la capital, en lo que resta del período constitucional.
Lo anterior a fin de evitar un desgaste político innecesario a que conlleva un nuevo proceso electoral  y al gasto millonario que esto implica, todo a consecuencia de la invalidación del proceso electoral de la capital, que determinó el Tribunal Electoral del Poder judicial de la Federación.
Como una experiencia inédita, se trataba de hacer una mezcla de ciudadanos sin partido político con algunos militantes de los institutos políticos. La Red y la Asamblea deberían proponer a ciudadanos caracterizados por un alto sentido de responsabilidad, honestidad y profesionalismo y, con iguales características lo harían en su caso los partidos. El resultado, un gobierno municipal que encausara un proyecto social incluyente y con sentido social: Servicio civil de carrera, tabulador general de sueldos, creación de una Dirección de Salud Municipal con miras a la prevención y, desde luego un amplio programa de desayunos escolares, entre otros.
Ante la propuesta de la Red y de la Asamblea, el Gobernador  Alejandro Tello hizo pública simpatía y externó su disposición para apoyar los mecanismos que dieran legalidad y legitimidad al proceso y viabilidad a los proyectos que se presentaran. Un laboratorio social interesante dijeron algunos.
Varios partidos a través de sus dirigentes manifestaron acuerdo favorable (PRI, MC y PV.), en tanto que PRD, PAN y PT analizarían la propuesta. En el caso de MORENA, como sabemos ha externado su negativa a participar, sin embargo se insistía en la necesidad de su integración a este proyecto, tanto por su importancia como partido y sabedores que ante la negativa de alguno, el proyecto no sería legal ni viable ni legítimo.
Se trataba de una simple propuesta de amplio consenso, impulsada sobre todo por jóvenes del movimiento #Yosoy132, así como algunos miembros fundadores de MORENA.
Más que sorprendido por el contenido de fondo, leí éste jueves la columna Recreo que semana tras semana escribe mi amigo Luis Medina Lizalde. Percibí a una persona diferente al “Oso” que conocemos: intolerante a la idea ajena, descalificador y poseedor de la única verdad.
“La ideología de los sin ideología produce indiferencia cívica en unos y sobredosis de oportunismo en otros”, dice Luis, al criticar la propuesta de la Red y de la Asamblea Popular, menospreciando a los jóvenes del movimiento 132 y negando en ellos la esencia ideológica que han mostrado a lo largo de varios años.
Algún día tendremos oportunidad de analizar el caso de “la ideología de los sin ideología”, incrustados en los partidos políticos y alentados y promovidos desde las dirigencias partidistas o desde los gobiernos; causa suficiente de la pérdida de rumbo de los  llamados partidos de izquierda. La entrega de los partidos a “los sin ideología” es tema inevitable.
El exceso de mi amigo Medina, llegó hasta el extremo de tachar a los impulsores del proyecto como oportunistas, palabra utilizada desde 1876 en la fraseología política para denostar, refiriéndose a quien es  capaz  de  acoplarse a cualquier régimen político y sacar provecho de él.
Sólo que a los jóvenes promotores del proyecto, al parecer fallido, de lo que menos se les puede calificar es de oportunistas: los vemos en el Centro Histórico defendiendo el patrimonio cultural, al día siguiente se encuentran en Salaverna  apoyando a campesinos despojados de sus tierras, luego se trasladan a Peñasquito para, con los campesinos del lugar exigir un alto a la contaminación y, así, invariablemente solidarios con los movimientos sociales, sin obtener por ello prebenda o provecho alguno, ni pedirlo.
El término oportunista es mejor evadirlo ya que se extiende a demasiadas hipótesis e historias. Las discusiones sobre el tema terminan en ambigüedades como la ocurrida en el congreso de la Segunda Internacional de 1899, donde se recriminaba como oportunista la participación de socialistas en gobiernos burgueses y, a la vez se concluía que “bajo condiciones excepcionales” el socialista puede bien ingresar a tales gobiernos.
O, el líder que obtiene prebendas entregando y desdibujando a su organización y dando “curso a las alianzas sin ideología que estorbe y sin programa que comprometa”.