Inicio La MADA “EL IMPLACABLE, ÉL QUE PASÓ” primera parte

“EL IMPLACABLE, ÉL QUE PASÓ” primera parte

124
0

“EL IMPLACABLE, ÉL QUE PASÓ” primera parte

Por LA MADA (Magdalena Edith Carrillo Mendívil)
www.lamaddalenaedi.blogspot.com

El tiempo… No tengo tiempo/Hazte un tiempito/ Ahí en un tiempito que tengas/Hay tiempo de vacas gordas y vacas flacas/Llegas a tiempo, por favor/ El tiempo pasa volando/No tengo tiempo de nada/ ¿En cuánto tiempo llegas?/ Hace mucho tiempo… En fin, todos usamos la palabra tiempo y sin darnos cuenta, a veces, malgastamos la palabra… y malgastamos el tiempo, nuestro tiempo, nuestro siempre valioso tiempo.
Las frases arriba mencionadas son cotidianas y no marcan de forma sustancial nuestro concepto  del tiempo, en esas frases más bien nos referimos a los minutos, horas, días o años, pero no a esos instantes de vida que ya pasaron, a esos momentos que están perfectamente delimitados en nuestra memoria, en nuestro espíritu… muy marcados en nuestro corazón.
El sábado pasado mientras mi mirada se perdía en el infinito… y más allá, me quedé viendo pasar las nubes, ¡hace tanto tiempo que no las miraba! Pensé,  y de repente vinieron a mi mente estrofas de canciones que hablan precisamente del tema en cuestión, del Tiempo, justo de ese tiempo que ya pasó y que sentimos que se nos fue como arena, o agua, entre los dedos. Como una manera muy personal, aprecio estas canciones como una sutil forma de reflexionar y tomar las riendas del tiempo que está por venir.
Iré in crescendo, confieso a usted que hace tiempo quería utilizar esta voz italiana, es decir,  aumentando la intensidad de la letra de las canciones, desde mi punto de vista, que puede no ser compartido por usted.
Hay una canción de Chayanne, que si bien la letra de sus canciones no son mi máximo, él si (confieso que una me hizo soltar el moco como una Magdalena…hace mucho tiempo atrás ) esta me  hizo remontarme a un tiempo rosa, “Haz  que este tiempo de vals, 1,2,3,1,2,3, no termine jamás”… ¡Qué frase tan tonta! pensé y me apené de que me viniera a la mente, sin embargo, bajándole dos rayitas a mi análisis, reconozco que esta frase lleva más allá de lo que pretende: la magia de los quince años … para una quinceañera de cualquier época, este momento es  icónico en su vida, ayer eras una niña de 14 años y hoy eres toda una mujer de 15 años, con el tiempo te das cuenta de que nada, absolutamente nada cambió, sin embargo ese tiempo es mágico (al menos debería ser mágico) para cualquier adolescente. Así pues pasó el tiempo de mi fiesta de quince años mientras bailaba embobada con aquel muchacho peinado con los pelos parados y aquel otro que tenía la boca chueca y bailaba como Daniela Romo, este tiempo se quedó perene en mi mente cuando me sentía “más bonita que ninguna”.
Se dice que cuando uno está enamorado, al menos cuando se está en la fase inicial del enamoramiento, se desea estar cada minuto al lado del ser amado y cuando no  están juntos el tiempo parece eterno y viceversa, cuando están como tontos viéndose a los ojos como si  estuvieran viendo una visión celestial, el tiempo pasa volando. Alexander Pires  deja claro ese reclamo al tiempo: “Maldito el tiempo que tú no estás. Maldito el tiempo que se esfuma cuando te preciso”, para el enamorado esos momentos lejos del ser amado no existen, no sirven y hasta pasan a ser malditos… El enojo con ese tiempo, sólo  el paso  de los años, la llegada de la madurez o mejores cosas que hacer, hace que se convierta en obsoleto.
Jarabe de Palo tiene una canción que yo aprecio como nieta de aquella canción de Renato Leduc con la que más adelante cerraré los artículos, la letra es maravillosa y  habla justo de ese tiempo, de ese “curioso elemento”, le da su dignidad y deja una deliciosa reflexión. “Al tiempo no se le habla, ni se escucha ni se calla, pasa y nunca se repite, ni se duerme y nunca engaña”. Escuchando esta canción siento que el tiempo  toma la forma de una de esas bolas de cristal con las que juegan algunos muchachos en las paradas de los semáforos para ganarse unas monedas y parece que  son de un elemento tan etéreo, como si fuese una ilusión óptica. “Al tiempo se le odia o se le quiere”, definitivamente… Sugiero en lugar de odiar, aprender de esos tiempos que, inevitablemente, se odian y volver a sentir la felicidad  recordando esos tiempos a los que se les quiere.
Sin querer, se me fue el tiempo y quedaron canciones, recuerde usted, vamos in crescendo. Si el tiempo nos lo permite, nos vemos (yo escribiendo y usted (gracias) leyéndome, en una segunda parte).
Fin de la primea parte tomándome  un tiempo para escribir… y tomar un mezcalito.