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LA GUERRA CONTRA UBER

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LA GUERRA CONTRA UBER
Por: Arturo Nahle G.

Durante casi todo el siglo pasado las grandes salas de cines, con sus elegantes telones, con butaquería en luneta y gradas en gayola, con dos películas por un solo boleto, fueron el lugar de esparcimiento favorito para las familias mexicanas hasta que llegaron los videoclubes, éstos acabaron con los cines pues a la gente le resultaba novedoso, cómodo y barato rentar las películas en Betacam o VHS.
Los cines tuvieron que modernizarse para resurgir, se hicieron conjuntos con salas más pequeñas, con sillones numerados y más cómodos, mejor sonido y mejores dulcerías. Hasta salas VIP se abrieron con servicio de coctelería y alimentos. Empresas como Cinépolis y Cinemex acabaron con Blockbuster y todos los videoclubes.
Pues hoy empresas como Netflix, Claro Video, Blim, Amazon y Apple Tv compiten al tú por tú con los cinemas.
Lo mismo pasó con la telefonía fija, llegaron los celulares y Telmex tuvo que diversificarse, hoy Slim y otros grupos venden paquetes que incluyen telefonía fija, telefonía móvil, internet y televisión.
Las grandes cadenas de autoservicio y de las llamadas tiendas de conveniencia han obligado a los pequeños comerciantes a mejorar precio y servicio para poder competir. Y no se diga los negocios de comida, hoy no solo las pizzerías hacen entregas a domicilio a través de arrojados motociclistas.
Otro ejemplo son las agencias de viaje, éstas han quedado rebasadas porque las aerolíneas y los hoteles venden sus servicios en línea directamente a los viajeros quienes pagan al instante con tarjeta de crédito.
Y que decir de los bancos, los cuentahabientes desde la comodidad de su casa, sin filas y a cualquier hora, pueden hacer transferencias o pagar servicios como la luz eléctrica, entre otros.
Los periódicos también han tenido que evolucionar, gracias a las redes sociales como Facebook y Twitter la gente ya no tiene que comprar el diario por la mañana para enterarse de lo que pasó el día anterior, por las redes la gente se entera al instante y de la misma forma se puede opinar y ejercer réplica, por eso hoy casi todos los diarios tienen versión digital, el papel tiende a desaparecer.
Spotify, Mercado Libre y muchas otras aplicaciones en línea son solo algunos de los muchos ejemplos que podríamos poner respecto a cómo la tecnología ha generado competencia que obliga a las pequeñas y grandes empresas a modernizarse.
El transporte público de pasajeros no es la excepción, en todo el mundo Uber ha venido a desplazar a los viejos taxis, sitios y ruleteros. A través del celular se pide el servicio en cualquier lugar y a cualquier hora; en unos cuantos minutos llega un vehículo nuevo o seminuevo, con un conductor cuyo nombre, fotografía y placas quedaron registradas; toman la ruta más corta que indica eWaze o Google Maps; te ofrecen una botellita con agua y el costo -que no es alto- se aplica en automático a la tarjeta de crédito del pasajero. La factura llega de inmediato al correo electrónico registrado.
Pues en Zacatecas los viejos taxistas ya pusieron el grito en el cielo, no quieren a Uber, o sea no quieren competencia, no quieren modernizarse ni mejorar. Lo van a tener que hacer si no quieren desaparecer, van a tener que mejorar sus unidades, los dueños de las concesiones van a tener que ser más rigurosos al contratar a sus  choferes, van a tener que mejorar la calidad de sus servicios y también sus precios, le conviene a todos, tanto a los prestadores como a los usuarios del servicio.
Eso no significa que Uber y su competidor Didi puedan hacer lo que se les dé la gana, de ninguna manera, el Gobierno del Estado tiene que regular y vigilar el servicio que prestan estas trasnacionales, de lo contrario la competencia no será ni leal ni pareja.