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La insólita reunión del 17
Dr. Ricardo Monreal Ávila

El pasado 17 de mayo, en las oficinas de la Presidencia de la República, en Los Pinos, se llevó a cabo una reunión de empresarios con el titular del Poder Ejecutivo federal, Enrique Peña Nieto, encabezada por Alejandro Ramírez y por Claudio X. González, del Consejo Mexicano de Negocios, y una decena más; allí se trataron temas de la mayor relevancia para la vida pública de nuestro país.

Como es el proceder acostumbrado de este grupo, disfrazando su interés personal y de negocios con un pretendido interés nacional, le plantearon al Presidente de la República que, de acuerdo con la responsabilidad política e histórica propia de su investidura, no debía permitir que Andrés Manuel López Obrador llegara a la Presidencia, tildándolo de populista y de loco. Añadieron que, respetando las diferencias que Peña Nieto pudiera tener con el candidato del Frente, Ricardo Anaya, debía impulsar la declinación del candidato del PRI-PVEM y Panal, José Antonio Meade, en favor del frentista.

Este grupo de empresarios acompañó sus dichos con encuestas elaboradas por mercadólogos españoles, las cuales llevaban consigo y que supuestamente garantizaban que la declinación de José Antonio Meade acercaría la posibilidad del triunfo al candidato Ricardo Anaya.

La osadía con la que suele actuar este grupo de representantes del poder económico fue abruptamente interrumpida por el titular del Ejecutivo federal, quien les respondió que aceptar su propuesta significaría la extinción del PRI, por lo que no accedería. En cambio, les replicó que no sólo José Antonio Meade mantendría su candidatura, sino que les sugería que le dieran su apoyo a éste para que pudiera alcanzar al puntero, Andrés Manuel López Obrador, pero que si no, les asistía su derecho de respaldar a cualquier otro candidato. Además, les recordó haber sido agraviado de manera personal por el aspirante preferido de este grupo.

La contrarréplica de los empresarios fue que para la final de la contienda electoral sería mejor si sólo se mantuvieran dos candidatos: el del Frente, y López Obrador, y que a los otros dos aspirantes se le hiciera declinar. Insistieron y justificaron su propuesta, manifestando entender las diferencias que pudiera tener el Presidente Enrique Peña con Ricardo Anaya, pero señalando que era más importante dar continuidad al esquema de gobierno implementado en los últimos años; que no se debía poner en riesgo lo que habían avanzado en la construcción de las reformas estructurales con él diseñadas, y que lo mejor sería que se continuara con la misma política económica que hasta ahora, a juicio de ellos, les había dado buenos resultados. Pero su argumento no tuvo éxito.

Desde aquel día, y ante la negativa del Presidente, este conjunto de empresarios y otros más se han reagrupado para reciclar la guerra sucia y la descalificación en contra de Andrés Manuel López Obrador, al mismo tiempo que han hecho un llamado a sus empleados para denostarlo, atacarlo y no votar por él, con lo que al mismo tiempo pretenden generar temor entre la sociedad. Pero además, estos hombres de negocios también han enderezado su crítica hacia Enrique Peña Nieto, a quien han acusado de traición e incluso, lo han tachado de ser timorato.

Lamentablemente, mientras todo esto sale a la luz pública, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), el Instituto Nacional Electoral (INE) y los órganos institucionales del Estado ha mantenido un silencio permisivo y cómplice.

Tiene razón López Obrador cuando señala que esta minoría de empresarios que obstruye la democracia actúa como si fueran los amos y señores de México; pero no hay delito perfecto, no hay delincuente que quede eternamente impune. ¿Por qué no aceptar que las condiciones del país exigen un cambio verdadero?, ¿por qué mantener este clima de confrontación con el puntero?, ¿por qué aferrarse a un régimen de privilegios y de corrupción? Esta reunión, desarrollada en oficinas públicas, retrata con claridad el carácter de un grupo económico acostumbrado a doblegar al poder público.

La del día 17 de mayo fue una plática larga, de varias horas de duración, pero en la que no pudieron convencer al Presidente de la República de favorecer e impulsar la declinación de su candidato, José Antonio Meade, en favor de Ricardo Anaya. Esto fue lo que sucedió aquella tarde, apenas tres días antes del segundo debate del cual, daban por hecho que también resultaría victorioso el candidato del PAN-PRD-MC. Pero no fue así sino que, por el contrario, comenzó su estancamiento y su declive, según han mostrado todas las mediciones posteriores.

Actualmente, tenemos a un López Obrador que supera los 50 puntos porcentuales en las encuestas, superando incluso 2 a 1 a su adversario más cercano, que es el favorito de ese grupo de empresarios. No hay forma de detener a quien encabeza la coalición Juntos Haremos Historia, aunque la estrategia y la guerra sucia en su contra continúan y cada día se vuelven más agresivas.

Es un error de estos actores económicos los cuales, contraviniendo la voluntad ciudadana, persisten en su interés y obsesión de frenar a Andrés Manuel López Obrador, quien ya es el virtual Presidente de la República. La elección del próximo 1 de julio será ganada de manera inobjetable por el candidato de Morena-PT-PES, de la coalición Juntos Haremos Historia. Sólo un golpe de Estado provocaría que no fuera así, lo cual traería indecibles, terribles, consecuencias para nuestro país.

ricardomonreala@yahoo.com.mx Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA

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