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Sobre los consejos…

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¿Cultura para inconformes
David Eduardo Rivera Salinas

Sobre los consejos…
Fugit irreparabile tempus
(El tiempo escapa de forma irremediable)
Virgilio

Dale tiempo al tiempo
Antonio Machado

Cuando es prudente y acoge sabiduría, el consejo tiende a verse rebajado del sabor amargo que comúnmente le acompaña, con resabio de presunción, cuando no de impertinencia, y casi siempre tomado por quien lo recibe como amonestación. En realidad, más que desestimar los consejos, lo mejor es evitarlos. Empero, nos dejamos aconsejar a menudo, y lo que es peor, incluso nos atrevemos a aconsejar por nuestra cuenta y riesgo. Precisamente, por esta perseverancia y contumacia ante la dificultad de desprendernos de ellos, se impone suavizarlos, para hacerlos así más digeribles.

Un buen consejo no lo será por el contenido ni por la capacidad de persuasión que contenga -porque es hábito corriente el ser aceptado sólo cuando coincide con el previo parecer del aconsejado-, sino por su poder de insinuación y de aliento, a fin de seguir pensando por uno mismo. El buen consejo es, entonces, pensamiento en conjunción y no lección a aprender o deber que cumplir, cual si se tratase de una pena o una admonición.

Los consejos pertenecen a la familia de las ilusiones, pero también a la de las desilusiones. Suele dar consejos el viejo. También quien se tiene por sabio y avezado en la vida, creyendo que sus destinatarios le escucharán y quizá algún día hasta le hagan caso. Los consejos están condenados, por principio, a no ser atendidos. Y en el supuesto de que sí lo sean, jamás serán reconocidos. He aquí el cariz ilusorio de todo consejo, siempre superfluo y vano.

Quien aconseja, anhela en el fondo que los demás no cometan los errores que, presumiblemente, él cometió, de lo cual poco tendría que presumir.

O que otros lleven a cabo lo que no fue capaz de hacer. He aquí la faz desilusionada del consejo, su contrariedad.

Los consejos, esos loco propósitos, son hijos del engaño y el desengaño.

En consecuencia, lo mejor que puede aconsejarse al hombre discreto y cabal es que se ahorre exhortaciones y recomendaciones. Y, si le son demandadas, que rehúse darlas bajo cualquier pretexto o evasiva.

Dicho todo esto, consejos traigo:

Sírvete de las reglas que tienes, principalmente de esta primera:
si lo que te hace penar es del tipo de cosas que no dependen de ti
o de aquellas que no están en tu poder resolver.
En ese caso, di sin titubear: eso en nada me atañe
Epicteto, Máximas

Pondera la esperanza y el miedo, y siempre que el resultado
sea dudoso, inclínate por lo más favorable para ti;
cree en aquello que prefieras
Séneca, Cartas morales a Lucilio

Al despuntar el día, hazte estas consideraciones:
me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente,
un mentiroso, un envidioso, un intratable. […]
no puedo recibir daño de ninguno de ellos,
pues ninguno me cubrirá de vergüenza,
tampoco hará enfadarme ni odiarle.
Marco Aurelio, Meditaciones

Si temes sufrir, ya sufres por lo que temes.
Michel de Montaigne, Ensayos.

Festina lente (Apresúrate, calmosamente)
Erasmo de Rotterdam, Adagios.

¡Deja de levantar tu brazo contra ellos!
Son innumerables, y no es tu destino ser espantamoscas.
Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratrustra
Una hora de pensamiento continuo sobre un tema
(un paseo solitario es una oportunidad única para este proceso)
es mejor que dos o tres horas de mera lectura
Lewis Carroll, Alimentar la mente

Si hay quien mantenga que la extinción es preferible a la existencia, o la vida opaca preferible a la variedad y a la aventura,
a ése no lo cuento entre los míos, con ése no hablo.
Al que escoge la nada, la nada le doy
G. K. Chesterton, Ortodoxia

Ese es el secreto de los grandes sabios y será la luz del mañana.
Las pasiones son tristes. La alegría matará las pasiones y el odio. Pero comencemos por decirnos que
la tristeza jamás es noble ni hermosa ni útil
Alain, Propos sur le bonheur

Diez más uno

Esta doctrina es útil para la vida social,
en cuanto enseña a no odiar ni despreciar a nadie,
a no burlarse de nadie ni encolerizarse contra nadie,
a no envidiar a nadie
Spinoza, Ética

Coda

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