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El TLC o el derecho de pernada

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Sabino Luevano
El TLC o el derecho de pernada

A finales del pasado mes, Agosto 2018, México y Estados Unidos por fin llegaron a un acuerdo en el tema comercial. La pregunta es, ¿quién ganó? La respuesta, basados en el darwinismo social más terrenal y brutal, es sencilla: el pez gordo siempre gana. La idea de re-negociar el acuerdo comercial fue de Estados Unidos y México cedió. Quien puso sus condiciones en la mesa y quien amenazó con romperlo, fue Estados Unidos, y México dijo no no, tranquilo, negociemos. La diferencia de poder económico y militar es abismal, así que la posición mexicana consistió básicamente en evitar una crisis económica, y para ello recibió y aguantó todo lo que pudo; groserías, escupitajos, ganchos al hígado y un nock out final. Pero por lo visto, los neoliberales no lo ven de esa manera. En un artículo de Tyler Cowen, del 28 de Agosto, publicado por El Financiero y titulado “Trump puede pensar que ganó con pacto comercial con México”, el economista estadounidense considera que en realidad Estados Unidos pierde con esta renegociación ya que lo que gana es poco comparado con el daño que le hizo a relaciones bilaterales. Si los seres humanos fuéramos la cúspide de la bondad y el raciocinio, este razonamiento tendría sentido. Por desgracia, homo homini lupus, así que en realidad -y esto siempre ha sido así- el pez gordo se come al pez chico y no hay espacio para moralidades sentimentaloides. El TLC ha sido un fracaso para la mayoría de los mexicanos; trajo pobreza, malos salarios y redujo el poder adquisitivo de la clase media. La “renegociación” no busca paliar estos problemas, sino hacerlo todavía más ventajoso para Estados Unidos. Le economía mexicana creció, el PIB creció, pero esto para la gente normal no significa nada. En un artículo reciente publicado por Paul Krugman en El País titulado “¿Para quién crece la economía?” el autor afirma que en realidad el crecimiento del PIB, en los 30 años, ha significado que los ricos tengan más y los pobres y la clase media menos. Cuando una economía crece, eso significa que ciertos sectores se están haciendo de mucho dinero, pero la mayor parte de la gente no ve su cartera engordar. Con el TLC, después de casi 30 años de implementado, lo único que hemos visto en México, además de la llegada de McDonals y Burger King, es la descomposición del tejido social. Primero, en los años 90, padecimos un éxodo masivo de Mexicanos a Estados Unidos. La población de inmigrantes indocumentados más grande del mundo, es mexicana. ¿Alguna vez los neoliberales se ponen a pensar en eso cuando se escandalizan ante el desastre que es Venezuela? Luego padecimos una crisis de seguridad espeluznante relacionada con el comercio ilegal de drogas al país que más las consume. En resumen, el TLC es el motivo por el que México no ha avanzado en absoluto en los últimos 30 años: la clase media se ha reducido y el número de pobres aumentado. ¿No es esto suficiente para de verdad re-pensar el TLC? Y no es que el comercio sea malo, al contrario, el comercio puede ser una herramienta fundamental para el desarrollo de un país, pero se necesitan tener ideas claras de hacia dónde se quiere llegar. La única forma posible de salir del pantano, como bien lo argumentan los economistas José Antonio Romero y Juan Verasulace en su libro “México y Korea” (2018) es volver a un “nacionalismo estratégico”: se necesita una política industrial seria, que convierta a los mexicanos en productores de bienes propios, y no en obreros baratos y desechables. Según los autores, el TLC provocó no la industrialización nacional, sino una desindustrialización generalizada. ¿Recuerda usted que solíamos fabricar nuestros autobuses? Un país nunca podrá prosperar con leyes que permite a las empresas, nacionales e internacionales, derechos de pernada. ¿Sabía usted que en 10 años las mineras canadienses han extraído tres veces más plata de México que en 300 los españoles? Y las zonas donde operan son generalmente las más empobrecidas del país. ¿Quién carajos es el capitán al mando de este barco en constante naufragio? ¿Qué otros datos se necesitan conocer para repudiar, de una vez y para siempre, el humillante TLC? Por desgracia, el país es gobernado por una pandilla de imbéciles cuyas ideas causarían carcajadas a japoneses, koreanos o chinos; habitantes de naciones con sentido común. Veremos si con la administración entrante esa pandilla de imbéciles pierde algunas de sus prebendas centenarias, como el derecho a planificar con los pies el futuro de un país.

 

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