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Un mambo para el muñeco

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Un mambo para el muñeco
Sergio Mayer
Quito del Real

El pasado 17 de octubre, el diputado Sergio Meyer, presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados  decidió pagar, de su propio bolsillo, un evento que aparenta la profundidad del concepto cultural que deberá caracterizar a su periodo como presidente de esa comisión.
Con la poca seriedad que le caracteriza, no cerró la instalación de esa comisión para enviar un mensaje claro que informara cuál deberá ser el derrotero que habrá de seguir una actividad marcada como delicada e insustituible en las líneas generales del programa general del próximo  gobierno de Andrés López Obrador.
La gente esperaba a un diputado inteligente con la mirada puesta en temas inmediatos como la revisión de la estructura y filosofía de la Secretaría de Cultura, amén de iniciar una auditoría de los gastos superfluos ejercidos en esta instancia en el último sexenio, o en casi todos los sexenios, al ser considerado su patrimonio un coto exclusivo de los señorones que parten el queso en el gobierno federal.  Muchos deseaban una serie de pronunciamientos a favor de los creadores jóvenes y el rescate de las actividades en riego de desaparecer por la falta de inyección de recursos y una política general.
Lejos de eso, el señor Mayer decidió responder con el recurso trillado de su protagonismo, sin obviar su falta de sensibilidad. Ese día, al término de la instalación de la Comisión de Cultura, invitó a los diputados presentes y a la gente que circulaba por los pasillos del enorme edificio de la Cámara de Diputados, a una función artística que se efectuaría en el lobby de este edificio. Ahí, mientras terminaban de instalarse los asistentes, aparecieron desde diversos lugares varios cantantes de ópera que, a una señal convenida, interpretaron Libiamo ne´liett calici, el famoso coro de la ópera “La traviata” de Verdi. Después se reventaron su versión de “México en la piel”.
Al final, cuando Sergio Mayer pidió que alguien tomara la palabra, Inés Parra, diputada del Morena, afirmó que la prioridad de la Secretaría de Cultura deben ser los pueblos originarios. ¡Moles! Mayer procedió a interrumpirla minutos después, para decir que ese no era un tema prioritario.
¿Se imaginan? El presidente de esta comisión mostró su fragilidad al lanzarse como leona, perdón, como león, contra un breve comentario que cuestionaba la autenticidad de un acto que ponía de relieve la preponderancia invicta de la cultura occidental, por medio de la ópera, y en contra de que una sencilla diputada viniera a decirle que eso no fue lo acordado en las líneas generales de lo que es la comisión.
Pero Sergio quería quedar bien desde el primer momento inicial: con Televisa, TVAzteca, los promotores artísticos, los dueños de la radio y demás fauna.
Según Luis Antonio Franco, representante de los cantantes, Sergio Mayer contrató al grupo y les pagó de su bolsillo. “Llevamos trabajando en Televisa veinte años”, dijo. “La presentación tuvo un costo de ocho mil pesos. Estamos apoyando el compromiso que tiene el diputado con la cultura,… no por partido ni por ideología”.
Mientras, el diputado declaró muy orondo en los micrófonos: “Estoy seguro de que vamos a dejar huella en la comisión y quería arrancar dejando muestra de lo que vamos a hacer”.
Más tarde, en la Feria del Libro del Zócalo, Algunas de los presentes le gritaron con énfasis: “Burrrrro”. Pero él, sin inmutarse, respondió: “Gracias por sus expresiones, son parte de la cultura”.
Uno se queda de a seis con este diputadillo que le fue impuesto a AMLO como una moneda de cambio, para seguir manejando los asuntos de la cultura como un comercio. ¿Cuál va a ser el cambio? Ninguno o serán invisibles, según este autor que ahora pregunta a los compas del Morena: ¿cómo ven el chaferío que caracteriza a algunos de sus nuevos camaradas? ¿Eso es el Morena?
¿Por qué no hacen algo, chingao? Yo mientras tanto les diré: Paso.