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Y… un año después.

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Y… un año después.

Por: Juan Carlos Girón Enriquez 1
Se que muchos pueden estar pensando que la gente es pesimista,
desesperada y que nada nos complace, otros estarán pensando que vamos bien,
que mejor no nos pudo haber ido y que vamos avanzando.
Lo cierto es que en un análisis de esta naturaleza estamos obligados a ser
objetivos, a analizar los hechos con ojo clínico, propositivo pero, sobre todo, con
datos duros en la mano.
El pasado primero de julio, finalmente, ganó Andrés Manuel López
Obrador. Todo depende con el cristal con que lo vean, si partimos de comparar
el número de votos que obtuvo el candidato ganador, frente al número de votos
que obtuvieron los demás candidatos el triunfo es innegable; sin embargo, si
comparamos el número de votos obtenidos frente al número de votos no
emitidos, el resultado sería diferente, si la causa del abstencionismo fuera el
hartazgo social entonces hubiera ganado el hartazgo social.
Ahora bien, hay decisiones que no se pueden tomar a la ligera y que
requieren de un fuerte análisis macroeconómico, de valoración de indicadores y
de ponderación de factibilidad.
Sin embargo sabemos que nada de lo anterior se llevara a cabo, no por
falta de capacidad ni por falta de compromiso de la sociedad, sino por intereses
por encima de la población que afectan el presente y futuro de nuestro país.
La decisión de cancelar el aeropuerto, la promesa de llevar a consulta los
derechos humanos, el cerrar las guardarías, la construcción de un tren maya, la
construcción de la refinería de Dos Bocas, entre otras muchas cosas pueden
tener un objetivo claro y metas loables si se llevan a cabo, siempre y cuando
esas decisiones se tomen en el momento preciso con una economía estable,
política, social, financiera y, por que no decirlo, culturalmente hablando, pero
México ahorita no cuenta con ninguno de esos indicadores de estabilidad, lo que

1 Docente Investigador de la Unidad Académica de Derecho de la Universidad Autónoma de Zacateas. E-mail:
giron705@hotmail.com

significa que esas decisiones se deben de tomar acompañadas de asesores
especializados que permitan que la decisión sea informada y acorde a la realidad
del país.
Para sorpresa de muchos ciudadanos, las decisiones se toman en un mitin
político a mano alzada, sin que se cuente con asesores ni con información
adecuada y oportuna; se vota con el hígado, acompañados de un discurso de
odio y división social; en un mitin al que mucha gente que asiste o por que la
llevan a fuerzas o porque en verdad quiere ver al presidente, pero no porque
tenga los conocimientos en determinada área para participar en dichas
consultas.
Cuando un presidente o cualquiera que sea quiere demostrar algo no
puede simple y sencillamente a dedicarse a decir que el tiene otra información,
sino que debe mostrar evidencia que respalde su dicho.
La figura presidencial en México imponía respeto, solemnidad, seriedad,
era la figura que los mexicanos veían como su representante; aunque no se
identificaran con él, lo respetaban; a diferencia de ahora en donde muchos
mexicanos se identifican con él pero no lo respeta.
México como país tiene muchas bondades, riqueza, tradición, gente
comprometida y trabajadora, que ahora se ve sumida en la pobreza y en el
atraso académico, económico y, hasta cultural, solo por las malas decisiones de
los gobiernos, presente y anteriores, porque todos tienen parte de la culpa.
Ha quedado demostrado, en otras ocasiones, que el asistencialismo social
llega en momento de bonanza económica, y que, a la larga generará deuda
pública, cuando el propio sistema económico no pueda sostener esa cantidad de
gasto improductivo.
No quiero ser ave de mal agüero, ojalá las reglas de económica cambien a
tal grado que el asistencialismo de AMLO no lleve a México a la deuda. Pero
¿qué tendría este régimen de diferente a otras economías, como para que,
mientras en otros países están sumidos en la deuda, en México eso no pase?