Julieta del Río
Desde casa se construye el futuro de México
Cada primer domingo de marzo, en México conmemoramos el Día de la Familia. Más allá de una fecha simbólica, este día nos invita a reflexionar sobre el papel fundamental que la familia desempeña en nuestra sociedad.
Representa el primer espacio donde aprendemos a convivir, a respetar reglas, a reconocer límites y, sobre todo, a ejercer valores.
La familia es el primer círculo social que tenemos. Es ahí donde se forjan las bases de la responsabilidad, la solidaridad, la honestidad y el respeto. Antes de cualquier institución, la familia enseña con el ejemplo qué significa vivir en comunidad. Por ello, cuando una sociedad enfrenta crisis de violencia, corrupción o descomposición social, es inevitable mirar hacia este núcleo primario y preguntarnos qué estamos transmitiendo a las nuevas generaciones.
Hablar de familia hoy implica reconocer su diversidad. No existe un solo modelo. Existen familias encabezadas por madres, por padres, por abuelos; familias extendidas, reconstituidas o elegidas. Todas ellas comparten un elemento esencial: la responsabilidad de acompañar, cuidar y formar personas con conciencia social. El valor de la familia no está en su forma, sino en su función.
Desde la experiencia pública y ciudadana, he aprendido que los valores no se decretan desde una ley ni se imponen desde una oficina. Se aprenden en casa. La cultura de la legalidad, el respeto a los derechos humanos, la igualdad y la transparencia comienzan en el día a día y en cómo resolvemos los conflictos familiares, en cómo enseñamos a decir la verdad, en cómo asumimos las consecuencias de nuestros actos.
La familia también cumple una función social insustituible como red de apoyo. En contextos de desigualdad, enfermedad o incertidumbre económica, es muchas veces la familia quien sostiene, acompaña y protege. Por ello, fortalecer a las familias no es un discurso conservador, sino una política social necesaria. Implica generar condiciones para que puedan ejercer plenamente su derecho a la educación, salud, empleo digno y entornos seguros.
En una sociedad cada vez más acelerada y digitalizada, recuperar el diálogo familiar se vuelve urgente. Escuchar, acompañar y orientar no es una tarea menor. Es una inversión social de largo plazo. Los valores que hoy se siembran en casa serán las decisiones que mañana se tomen en el espacio público.
Este Día de la Familia es una oportunidad para reconocer que no hay transformación social posible sin un núcleo que eduque con el ejemplo. La familia sigue siendo el punto de partida para construir ciudadanía, cohesión social y futuro. Cuidarla, fortalecerla y acompañarla es una responsabilidad compartida.


