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El interés público detrás del relevo en la Auditoría Superior

Julieta del Río

El proceso de relevo en la Auditoría Superior de la Federación (ASF) ha despertado un enorme interés, no sólo en México sino también más allá de nuestras fronteras. No es para menos. La persona que sea designada para encabezar el máximo órgano de rendición de cuentas del país tendrá en sus manos la responsabilidad de revisar, señalar y dar seguimiento a los daños y quebrantos en el uso de los recursos públicos federales.

La expectativa pública es alta porque la ASF no sólo documenta irregularidades: también identifica hallazgos en el gasto federalizado que pueden ser solventados y emite pliegos de responsabilidades cuya conclusión pocas veces es conocida con claridad por la ciudadanía. ¿Se castiga o no a los responsables? ¿Se recuperan los recursos observados? ¿Se repiten las prácticas indebidas? Estas preguntas siguen abiertas y son de máximo interés público.

Por ello, el perfil de quien asuma esta responsabilidad debe ser incuestionable. Se requiere una persona totalmente ajena al poder político, que no milite en partido alguno, que conozca la fiscalización tanto en su dimensión normativa como en la práctica técnica, y que no tenga compromisos con actores políticos o económicos. Sólo así la Auditoría podrá desempeñar plenamente su papel como órgano autónomo especializado en revisar cómo se ejercen los recursos por parte del gobierno federal, los estados, los municipios, los poderes públicos y los fideicomisos.

Diversas organizaciones de la sociedad civil han señalado que las muestras de auditoría deben ampliarse. La metodología actual, aunque robusta en algunos aspectos, necesita abarcar más proyectos emblemáticos y fondos estratégicos, particularmente en sectores sensibles como salud y educación. Limitar el alcance puede generar la percepción de que todo está en orden cuando la realidad cotidiana muestra lo contrario.

En el sistema de salud, por ejemplo, persisten problemas graves: desabasto de medicamentos, carencias en infraestructura hospitalaria y rezagos tecnológicos. En educación, las tensiones recientes (como las evidenciadas en el encuentro entre el titular de la Secretaría de Educación Pública, Mario Delgado, y el funcionario Marx Arriaga) han puesto de relieve fracturas institucionales que impactan directamente a niñas, niños y jóvenes. Estos sectores no sólo concentran grandes presupuestos; concentran el futuro del país.

El proceso de designación está abierto. La ciudadanía observa con atención. Esperamos no ver en la lista perfiles que representen cuotas partidistas o intereses particulares, y sí encontrar trayectorias técnicas sólidas, independientes y probadas. También es fundamental que no se confirmen las versiones sobre procesos dirigidos o decisiones tomadas antes incluso de que las personas se inscriban.

La legitimidad de la próxima o el próximo titular de la ASF dependerá no sólo de su nombramiento formal, sino de la confianza pública que logre generar desde el inicio. Desde la sociedad civil, el seguimiento externo al proceso será indispensable. Fiscalizar al fiscalizador no es un acto de confrontación, sino un ejercicio democrático que fortalece la rendición de cuentas.

México necesita una Auditoría Superior fuerte, independiente y técnica. El momento exige altura de miras. La rendición de cuentas no puede ser una simulación: debe ser una garantía real para la ciudadanía.