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Un 8 de marzo para todas nosotras

Dra. Verónica Arredondo
Me gustaría comenzar con una reflexión en torno a lo que soy para mí misma, a como me percibo, que soy en quien soy. Existen varios instantes y lugares en donde puedo ser calificada de alguna u otra forma. En mi centro laboral soy una maestra, también una investigadora. Para mi mamá, mi chelito, soy su hija, para mis hermanos y hermana su hermana, sobrinos(as), tía, para Christian, su pareja. Para mis amigas y amigos, su amiga. Compañera para mis compañeros de trabajo. Puedo ser distintos personajes de acuerdo con la arista de mis congéneres. Soy una mujer y el significado de ese nombre funciona como un hiperónimo, soy Verónica, y eso de alguna manera me individualiza. Soy una mujer y estoy orgullosa de ello.
Sí estoy orgullosa, pero, también reconozco que en la sociedad actual ello conlleva muchas desventajas para alcanzar mis objetivos. No me quejo de la vida que he llevado en particular, aunque podría. Sin embargo, me niego a aceptar el papel que se nos obliga a jugar a las mujeres dentro de un lugar patriarcal y machista como lo es el mundo en el que vivimos.
Para muestra, basta un botón. De acuerdo con el INEGI y la ENDIREH (2021-2022), en México, 7 de cada 10 mujeres mayores de 15 años, han sufrido al menos un acto de violencia durante sus vidas. No sé si la cifra, monstruosa, se entienda más si la presento como que el 70 por ciento de las mujeres en este país han sido violentadas. Eso es mucho, máxime cuando más de la mitad de habitantes mexicanas y mexicanos, somos mujeres.
El 8 de marzo no es una fecha de celebración sino de conmemoración. Funciona como instante de reflexión y oportunidad de mostrar las luchas y demandas que enarbolamos las mujeres día con día. Es un día necesario y oportuno porque lo hemos batallado y ganado. Queremos que se no reconozcan nuestros logros históricos, queremos lugares en la estructura social no como dádivas sino porque somos capaces de dirigir y tomar decisiones. Queremos respeto y la tranquilidad de ser como somos sin temer represalias.
A riesgo de presunción, creo que la lucha feminista es uno de los movimientos más importantes en Zacatecas. Yo he visto que, durante todo el año, diversos colectivos mantienen actividades en torno a ello. Las instituciones relacionadas con la mujer, presentan sus calendarios buscando impulsar el desarrollo integral de las zacatecanas. Creo que es un buen síntoma que las mujeres, desde donde están y a sus modos, se visibilicen y nos visibilicen; que griten que somos todas y que tenemos que jalar parejo.
Conozco y reconozco a las mujeres que, a mi alrededor, salen de sus casas, construyen la realidad, trabajan, cuidan de sus familias (y de otras familias), ven por sí mismas, crecen profesionalmente, tienen un oficio, se resisten y sobreviven a las violencias que se ejercen en contra de ellas. Conozco y reconozco las trabas que se les presentan, los obstáculos que se les imponen, las injusticias que padecen pero que esquivan, porque la supervivencia no es una opción para nosotras, es un desafío que tenemos que enfrentar. Conozco y reconozco a mis pares, a mis amigas, a mis compañeras, a mis compas, a mis abuelas, madres, tías, hijas, sobrinas, empleadas y desempleadas, violentadas y empoderadas. Conozco y reconozco a quienes fueron víctimas de feminicidas, a las desaparecidas, a las invisibilizadas, a quienes ya no llegaron a su casa ni encontraron consuelo, a las inmigrantes y esclavas de un sistema que no funciona. Las conozco, me reconozco en ellas, en nosotras, en ustedes.
El 8 de marzo es nuestro, pero, todos los días también lo son, porque los padecemos, los gozamos. La vida, su transcurso, siempre nos ha costado más que a los hombres, tenemos que ser más altas, más rápidas y más fuertes para que se nos otorgue lo justo; y muchas veces para que se nos den solo migajas. Si tenemos que lucharlo, lo lucharemos. Si tenemos que ganarlo, lo ganaremos. Si nos cuesta generaciones, nos volveremos inmortales. Y si tenemos que poner patas pa´rriba el mundo, pondremos la galaxia entera.