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La afición no nace sola: se construye con apoyo, visibilidad y presupuesto.

Dra. Verónica Arredondo

Terminó el Festival Cultural de Zacatecas, pero, probablemente, lo mejor de ello es que los campesinos lograron negociar sus demandas y el gobierno accedió a convocar lo justo y real que cuesta el trabajo en el campo. Si ellos no se hubieran hecho visibles, la sociedad ni se enteraría de lo difícil que es la producción y financiamiento de una de las actividades económicas primarias de la estructura en la que nos desarrollamos. Este hecho nos ha dejado el aprendizaje de que tenemos que visibilizar las luchas de los diferentes sectores de la población porque el Estado ni nos ve ni nos oye, a menos que nos hagamos presentes.
Hace unos pocos días, la selección mexicana de futbol se enfrentó a la selección de Islas Vírgenes, ambos combinados en su versión femenil, encuentro válido para las eliminatorias mundialistas. El futbol ejercido por mujeres tiene poca historia, poco arraigo, poca visibilidad y atención, pero no porque no lo merezca sino porque no ha sido dotado con los mismos recursos que la versión del fut jugado por hombres, esa es la realidad, la injusticia, un guiño a la intolerancia.
¿Los gobiernos, las instituciones, las organizaciones nacionales e internacionales, de verdad fomentan el ejercicio del deporte de las mujeres? ¿Nuestro derecho? ¿Cuánto gana un tenista profesional contra una tenista profesional? ¿Cabemos, las mujeres, en el automovilismo de la Fórmula 1? Creo que el deporte profesional, el pagado, el amateur, el aficionado, no ha sido construido para que nosotras tengamos un lugar. De acuerdo con datos oficiales del INEGI, a enero de 2026, la participación física de las mujeres en México (37.4%) sigue por debajo de la de los hombres (46.7%), manteniendo una brecha de género de más de 9 puntos porcentuales. Hay quienes opinana que no ganan lo mismo porque no tienen la misma cantidad de aficionados(as). La afición no nace sola: se construye con apoyo, visibilidad y presupuesto. El deporte femenino no es un gasto: es una deuda pendiente.
Es una realidad innegable que el apoyo gubernamental hacia el deporte femenino sigue siendo, en gran medida, una tarea pendiente y llena de desigualdades. A menudo, las instituciones relegan las disciplinas practicadas por mujeres a un segundo plano, otorgándoles una fracción del presupuesto y de la infraestructura que reciben sus contrapartes masculinas. Esta falta de inversión no es solo económica; se manifiesta en la ausencia de políticas públicas que garanticen el profesionalismo, la falta de difusión en medios oficiales y una brecha salarial que obliga a muchas atletas a abandonar sus carreras prematuramente.
Al no impulsar el deporte femenino con la misma determinación, los gobiernos pierden la oportunidad de fomentar la equidad y privan a las nuevas generaciones de referentes que demuestren que el talento no tiene género.
Y aunque, en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), en el anexo 13, donde se estructura el gasto público con perspectiva de género, se dice que para 2026, se prevén casi 600,000 millones de pesos en erogaciones para la igualdad entre mujeres y hombres, gran parte de estos recursos se concentran en pensiones, a pesar de que en este rubro se busca transversalizar la igualdad, incluyendo programas deportivos y de desarrollo.

La práctica y el fomento del deporte en las mujeres trascienden lo físico para convertirse en una poderosa herramienta de transformación social y empoderamiento. Cuando se impulsa la participación femenina, se desafían estereotipos de género arraigados, promoviendo una cultura de autonomía, liderazgo y confianza que las mujeres trasladan a otros ámbitos de su vida pública y privada. A nivel comunitario, el deporte funciona como un catalizador de cohesión y seguridad, ofreciendo espacios de pertenencia que fortalecen la salud mental y física, reducen las brechas de desigualdad y fomentan el respeto mutuo. En última instancia, invertir en el deporte femenino es invertir en una sociedad más equitativa, donde el derecho al desarrollo integral y al uso del espacio público se garantiza de forma universal, permitiendo que niñas y mujeres se reconozcan como agentes de cambio capaces de alcanzar cualquier meta.
Zacatecas es cuna de mujeres deportistas extraordinarias que, con tenacidad, han llevado el nombre del estado a las plataformas más exigentes del mundo. Entre ellas destaca la marchista Ilse Guerrero, quien recientemente hizo historia al convertirse en la primera atleta de la entidad en participar en dos ediciones olímpicas (Tokio 2020 y París 2024), consolidándose como la ganadora del Premio Estatal del Deporte 2025. En el ámbito de la inclusión, Kenya Nayeli Lozano ha brillado con luz propia en el lanzamiento de jabalina, representando con orgullo al estado en la escena paralímpica. Asimismo, el talento joven está emergiendo con fuerza a través de figuras como Metzli Castañeda, medallista en karate en los Juegos Centroamericanos Escolares 2025, y el equipo de las Mineras de Zacatecas, quienes recientemente se coronaron campeonas de la Liga de México 2026 en baloncesto. Estas mujeres no solo acumulan medallas, sino que rompen barreras y demuestran que, a pesar de los retos estructurales, la determinación zacatecana es imparable.
Es necesario que el gobierno e iniciativa privada, abran espacios y den presupuesto para que las mujeres zacatecanas puedan y confíen en desarrollarse deportivamente ya sea de manera profesional, por salud, recreación o mero gusto. Nos hacen falta instalaciones deportivas, visibilidad en los medios, becas deportivas y chances en las diferentes disciplinas para que tengamos una formación integral y positiva.
Celebro los lugares que hemos ganado, celebro a las representantes que tenemos y celebro que, a pesar de todo, podamos patear un balón, encestarlo, lanzar una pelota, echarnos un clavado, porque lo hemos hecho con todo en contra. Creo que es tiempo de que tengamos el viento a favor. Zacatecas tiene campeonas: ahora necesita políticas que las respalden