Gracias Papá
Verónica Arredondo
Me gustaría hacer cierta pausa, respirar, detenerme, reflexionar. Mirar hacia el horizonte, coger una flor, entender qué es un árbol, acariciar el río y omitir el ruido de la civilización constante en su carrera hacia el futuro. El hecho y no, de nombrar las cosas, nos lleva a saber de su existencia. Las raíces de lo que somos y seremos nos impulsa a preguntarnos cómo nos hemos conformado. ¿Por qué pienso así? ¿Por qué soy como soy? No soy un producto de mi imaginación ni un recuerdo de otro ser. Soy porque somos, como humanidad, como cultura, como sociedad, como familia. Alguien me tomó de la mano cuando di mis primeros pasos, cuando emití balbuceos. Alguien me enseñó el mundo y transformó aquellas cosas sin forma en conceptos y experiencias. Alguien me guio. Mi padre y mi madre fueron mis sherpas; me ayudaron a alcanzar la cumbre del entendimiento. Mi padre, Manuel Arredondo, mi padre querido.
Lo primero, y quizá anecdótico, un poquísimo de la concepción del padre como figura de autoridad. El concepto y el origen de la palabra padre provienen éticamente del latín pater, término que compartía una raíz indoeuropea común con el sánscrito pitar y el griego pat?r. Originalmente, más allá de la estricta vinculación biológica de la procreación, el término poseía una fuerte connotación social y legal que designaba al jefe, protector y sustento de un clan o comunidad familiar. Con la evolución de las sociedades humanas, la figura paterna transitó de un rol de autoridad absoluta y provisión material a un modelo de crianza basado en el apego afectivo y la corresponsabilidad. El origen del padre combina una profunda herencia lingüística cultural con una constante transformación de sus funciones afectivas y formativas en el núcleo de la sociedad actual.
Lo segundo, y más importante, un muchísimo de lo que mi papa me dio, y a muchos de nosotras y nosotros, hermanos, hermana, familia nuclear y extendida. Papá, fue usted un hombre verdaderamente extraordinario y su presencia dejó una huella profunda en mi alma. Con su entrega solidaria e incondicional, siempre estuvo usted dispuesto a tenderme la mano y a recordarme el valor de la empatía hacia los demás. Su amor, expresado en la paciencia de cada consejo y en la calidez de sus abrazos, se convirtió en mi refugio más seguro y en el motor de mi crecimiento. Es gracias a su guía constante que hoy puedo caminar con paso firme, fue usted el maestro generoso que me enseñó prácticamente todo lo que sé sobre la vida. Su ejemplo diario sigue siendo el faro que ilumina mi camino y la mayor lección de nobleza que atesoro en el corazón. Yo lo sé, como lo sabemos todos, qué nos hubiera gustado siguiera aquí, junto a nos, para nos. Agradezco haberlo conocido y haberlo amado. Estoy tranquila porque todo esto que escribo lo supo usted en vida, y en vida fuimos padre e hija.
Lo tercero, también muy importante, y el motivo de este texto, es el Día del Padre. Si quieren saber el porqué del festejo y cuándo, se busca por ejemplo en Google y ya. Lo muy importante es hablar sobre las paternidades, aprovechando la coyuntura. La paternidad pensada como compromiso profundo, la que va mucho más allá de la provisión material, transformándose en una presencia activa y afectiva en la vida de los hijos. Esta, implica asumir con total madurez la crianza compartida, brindando un entorno seguro donde el cuidado físico, el apoyo emocional y la educación se entreguen de manera equitativa. Un padre responsable no solo provee, sino que guía con el ejemplo, fomenta valores esenciales y acompaña cada etapa del desarrollo con paciencia y respeto. Cuando un padre se involucra de forma consciente en el día con día, construye un vínculo de confianza indestructible que marca positivamente el futuro de hijas e hijos. Ojalá que alguien que es padre lo entienda así, que comprenda que el amor se demuestra estando presente, escuchando, educando desde el corazón. Yo conozco padres así. Yo he visto que es posible el ejercicio de una paternidad amorosa (mi padre me dio ese ejemplo). Yo sé que hay contextos difíciles, que la realidad nos rebasa, pero sé que incluso a pesar de los elementos, cuando un padre lo quiere, lo consigue.
Y lo cuarto. Lo que dicen los números (soy matemática, en mucho gracias papá). De acuerdo con estimaciones, en México cerca de 4,18 millones de hogares carecen de una figura paterna presente. Esta cifra revela que aproximadamente el 40% de las familias en el país no cuentan con dicho rol en el hogar, quedando la total responsabilidad del sustento económico y la crianza en manos de madres autónomas, ya sean solteras, separadas o divorciadas. Bajo este contexto, aproximadamente 7 de cada 10 de estas madres son económicamente activas y deben asumir tanto la proveeduría económica como las labores de cuidado y el hogar en solitario, una carga que se intensifica debido a que el abandono paternal suele venir acompañado de incumplimiento económico; de hecho, las estadísticas oficiales señalan que más de la mitad de los hijos de padres separados no reciben pensión alimenticia. Esta problemática se agudiza de manera desigual a lo largo del país, siendo las entidades más afectadas Veracruz, Guerrero, Morelos, Jalisco, Sinaloa, Sonora y Chihuahua.
Y sí, más políticas publicas se han implementado para facilitar tanto la paternidad como la manutención en caso de que el matrimonio se separe, pero el tema es el ejercicio real de la paternidad y no remendar el problema o ponerle un curita. Yo creo que en esto, es en lo que debemos enfocarnos, en que el papá de verdad sea un papá, uno amoroso, uno justo, uno como guía y maestro y protector y compañero, porque eso es un papá.
Le reconozco su ejercicio de paternidad a mis hermanos, mi padre fue un buen ejemplo para que ellos continuaran un proceso bello. Y sé que hay otros papás, siendo hermosos y honestos y brindándole a sus hijas e hijos, el amor del tiempo.





