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Dr. PabloQuezada

Monreal: cuando el poder habla antes que la investigación

En política, las palabras de un gobernador no son palabras cualquiera. Tienen peso, consecuencias y, sobre todo, pueden influir en la percepción pública de un hecho que todavía está siendo investigado. Por eso resulta preocupante la manera en que David Monreal Ávila decidió abordar el accidente de la comitiva de Geovanna Bañuelos.

Ante un hecho que pudo terminar en una tragedia, el gobernador tenía una responsabilidad elemental: guardar prudencia, exigir una investigación exhaustiva y esperar los resultados.

Optó por algo distinto.
Monreal puso públicamente sobre la mesa la posibilidad de un “autoatentado” y cuestionó incluso las actividades de quienes viajaban en la comitiva. No parece la actitud más prudente de un mandatario frente a un acontecimiento que todavía no tenía una explicación definitiva.
Y aquí está el punto central: un gobernador no es fiscal, perito ni juez.

Su obligación es garantizar que las instituciones investiguen, no sustituirlas desde una declaración pública.

Si las autoridades cuentan con pruebas de que fue un accidente provocado por exceso de velocidad, que lo demuestren los peritajes. Si existen elementos para investigar una posible agresión, que se siga esa línea. Y si finalmente se determina que no hubo ningún acto deliberado, también deberá aceptarse esa conclusión.

Pero ninguna de esas respuestas debería salir primero de una conferencia de prensa.

El problema se vuelve todavía más delicado porque la persona involucrada políticamente en este episodio no es cualquier personaje.

Geovanna Bañuelos representa al Partido del Trabajo, una fuerza política que durante años ha tenido alianzas con Morena y con el propio grupo político de Monreal.

Por eso es imposible ignorar el contexto.
Las declaraciones del gobernador generaron una respuesta inmediata del PT. Bañuelos calificó sus comentarios como desafortunados, mientras que dirigentes petistas cuestionaron que se emitieran juicios antes de que los integrantes de la comitiva rindieran su declaración ante la autoridad federal.

El asunto, entonces, dejó de ser exclusivamente un accidente de carretera.

Se convirtió en un nuevo capítulo de la disputa política zacatecana.
Y ahí es donde David Monreal debería tener cuidado.

Porque cuando un gobernador cuestiona públicamente a un grupo político rival —o incluso a personas relacionadas con él— mientras todavía está pendiente esclarecer un accidente, corre el riesgo de que sus declaraciones sean interpretadas como una maniobra política y no como una postura institucional.
Más aún cuando Zacatecas se encamina hacia una etapa de definiciones políticas rumbo a 2027.

La política puede esperar, la investigación no.
Los integrantes de la comitiva acudieron ante la representación de la Fiscalía General de la República para rendir su declaración y aportar su versión de los hechos. De acuerdo con esa versión, una motocicleta habría realizado maniobras que obligaron al conductor a esquivarla, provocando la salida de la camioneta de la carretera y su posterior volcadura.

Será la investigación, y no el gobernador ni el PT, la que deberá determinar qué sucedió.
Ese debería ser el principio básico.
Pero las declaraciones de Monreal dejan una impresión difícil de ignorar: parece más interesado en controlar la narrativa que en permitir que los hechos hablen por sí mismos.
Y eso es precisamente lo que un gobierno responsable debería evitar.

Un mandatario no necesita tener todas las respuestas inmediatamente. Lo que necesita es garantizar que las respuestas lleguen por los canales correctos.

Decir “vamos a investigar” demuestra responsabilidad.
Decir “esto pudo ser un autoatentado” sin que exista una conclusión oficial puede convertirse en especulación.

Y cuestionar públicamente “en qué andan metidos” quienes estuvieron involucrados en un accidente resulta todavía más delicado, porque transforma a posibles víctimas en objeto de sospecha antes de que exista una explicación definitiva.
Zacatecas no necesita más pleitos entre políticos.

Necesita seguridad.
Necesita instituciones confiables.
Necesita investigaciones transparentes.
Y, sobre todo, necesita un gobierno que entienda que la autoridad también se demuestra sabiendo cuándo hablar y cuándo esperar.

David Monreal tiene todo el derecho de defender su versión y de señalar los datos que, según los primeros reportes, apuntarían a un accidente. Pero también tiene la obligación de no convertir una investigación pendiente en una batalla política.

Porque si el gobernador quiere que los zacatecanos crean en las instituciones, debe empezar por confiar él mismo en ellas.
Que hablen los peritos.?Que investigue la Fiscalía.?Que se conozcan las pruebas.
Y después, que cada quien asuma las consecuencias de lo que realmente ocurrió.

Porque en democracia, la verdad no se decreta desde el Palacio de Gobierno. Se demuestra con pruebas.