EDUCACIÓN, SEGURIDAD Y APRENDIZAJE
Por: Isadora Santivañez Ríos
Hablar de educación en México no puede reducirse a cifras de matrícula, infraestructura o programas. La educación es, ante todo, un espacio donde niñas, niños y adolescentes deben sentirse seguros, protegidos y capaces de aprender. Por ello, la discusión sobre políticas educativas debe integrar dos dimensiones inseparables: seguridad e integridad de los estudiantes y aprendizajes fundamentales.
La protección de los estudiantes, ante cualquier hecho de violencia, acoso o abuso sexual, exige que los protocolos educativos no sean meros documentos, sino mecanismos efectivos que garanticen seguridad y justicia.
Asimismo, cuando el agresor es otro estudiante, las medidas deben asegurar que la víctima no quede expuesta a nuevas agresiones y que el entorno escolar se mantenga libre de violencia.
Es importante proteger a las niñas, niños y adolescentes de entornos inseguros y que puedan atentar su integridad, a través de protocolos para la prevención y atención de abuso sexual infantil, acoso escolar y maltrato en las escuelas de educación básica. Ya que durante los últimos años se han presentado casos como el de Arely, una niña del municipio de Tabasco que fue abusada por otro menor al momento de salir de su escuela, o el de la Secundaria Técnica Número 1 en el que un grupo de estudiantes crearon imágenes sexuales de sus compañeras, a través de Inteligencia Artificial y otro sin número de instituciones educativas en los que se han detectado casos de maltrato infantil.
La realidad contemporánea obliga a reconocer que el acoso escolar se extiende al ámbito digital. Esto obliga a revisar qué estrategias concretas se están aplicando para mejorar los aprendizajes fundamentales, mientras se brinda un esquema de protección a las infancias.
Es indispensable contar con diagnósticos claros sobre el desempeño de los estudiantes zacatecanos, instrumentos de medición confiables y estrategias específicas para recuperar aprendizajes tras la pandemia. La atención a estudiantes con rezagos debe ser prioritaria, pues la calidad educativa no se mide por la cantidad de escuelas o programas, sino por cuánto aprenden los jóvenes y qué tan seguros puedan estar dentro de sus escuelas.
La pregunta de fondo es cuál es el indicador que permite demostrar que un niño está más seguro en su escuela y que, al mismo tiempo, aprende más que hace un año, porque seguridad y aprendizaje no son asuntos separados: una escuela debe ser un espacio donde los estudiantes puedan desarrollarse en un ambiente libre de violencia y con oportunidades reales de aprendizaje.
La política educativa, entendida como política de Estado, debe garantizar que cada niña, niño y adolescente en Zacatecas y en México tenga acceso a una educación que proteja su integridad y fortalezca sus conocimientos. Solo así la educación cumplirá su función esencial: formar ciudadanos libres, seguros y capaces de construir el futuro.






