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Los títulos se acreditan, la preparación se demuestra: la simulación académica en la política

Por: Eva María López Valerio

Porque en la política, como en la academia, la legitimidad no debería comprarse, improvisarse ni simularse.

En Zacatecas parece que para algunos actores políticos ya no basta con ocupar un cargo público, ejercer el poder o presumir una trayectoria política. Ahora también resulta indispensable anteponer a sus nombres una larga lista de títulos académicos: licenciados, maestros, doctores y hasta reconocimientos honoríficos que adornan sus presentaciones, discursos y perfiles públicos. Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿cuántos de esos grados académicos corresponden verdaderamente a estudios realizados y cuántos son solamente parte de una estrategia de imagen política?

La formación académica representa años de esfuerzo, disciplina, investigación, sacrificios personales y compromiso con el conocimiento. Obtener una licenciatura, una maestría o un doctorado no debería reducirse a conseguir un documento para presumirlo públicamente. Cada grado implica un proceso formativo que debe reflejarse en la capacidad de analizar, argumentar, investigar, proponer soluciones y actuar con responsabilidad profesional.

No obstante, en la vida política zacatecana resulta necesario abrir una discusión sobre la autenticidad de las credenciales académicas que algunos personajes exhiben. Existen cuestionamientos sobre trayectorias educativas que merecen aclararse, particularmente cuando se anuncian grados sin que exista información pública suficiente sobre las instituciones que los otorgaron, los programas cursados o los procedimientos mediante los cuales fueron obtenidos.

Esto no significa que toda persona que ostente un grado académico carezca de preparación, ni que la ausencia de un título implique falta de capacidad. Significa, sencillamente, que quien presume públicamente una preparación académica debe estar dispuesto a demostrar que efectivamente la adquirió.

Porque una cosa es portar un título y otra muy distinta poseer los conocimientos, las competencias y la ética profesional que ese título representa.

El conocimiento no se compra, se construye
La educación superior no puede convertirse en un mercado de apariencias donde los grados académicos se utilicen como accesorios de prestigio político. Un doctorado no es una tarjeta de presentación, una maestría no es un adorno curricular y una licenciatura no debería representar únicamente un requisito para acceder a mejores oportunidades.
En México existen mecanismos institucionales para verificar antecedentes académicos, como el Registro Nacional de Profesionistas de la Secretaría de Educación Pública. Sin embargo, también es importante distinguir entre títulos profesionales, grados académicos, reconocimientos honoríficos y documentos cuya validez depende de su naturaleza y del marco normativo correspondiente.

Particularmente, un doctorado honoris causa constituye una distinción honorífica y no equivale a haber cursado un programa doctoral de investigación. Confundir deliberadamente ambas figuras puede generar una percepción equivocada sobre la preparación de quien lo ostenta.

El problema adquiere mayor dimensión cuando quienes utilizan estas credenciales ocupan posiciones de poder, participan en decisiones públicas o pretenden construir una imagen de superioridad intelectual frente a la ciudadanía.

La verdadera preparación no se demuestra con las letras que anteceden al nombre, sino con la capacidad, la congruencia, los resultados y la honestidad con que se ejerce una responsabilidad.
Continua(…).