Las carreteras, convertidas en caminos de terracería con la 4T
Por: Claudia Edith Anaya Mota
El deterioro de las carreteras y caminos rurales de Zacatecas es evidente, pero lo preocupante es que este problema no es exclusivo del estado: se repite en todo el país. Tanto la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) como diversos análisis del sector privado han confirmado que las carreteras federales presentan un deterioro creciente, especialmente, las libres de peaje.
En 2019, se estimaba que el 21% de la red carretera libre de peaje se encontraba en malas condiciones. Hoy, esa proporción ha aumentado a 34%, de acuerdo con diagnósticos recientes.
La red carretera de cuota —de aproximadamente 10 mil kilómetros— se mantiene en un estado ligeramente mejor. En 2021, el 74% de esas vías fue clasificado como “A” o “B”, es decir, en condiciones óptimas, mientras que un 13% se ubicó en los niveles “D”, “E” o “F”, considerados no satisfactorios.
Desafortunadamente, en las carrreteras de cuota con calificación “A” ha ido disminuyendo durante los últimos años. La principal causa es la drástica reducción del presupuesto destinado al mantenimiento de carreteras, caminos rurales y sacacosechas.
Para dimensionar el abandono: el presupuesto federal asignado a la conservación y mantenimiento de la red carretera federal —en sus modalidades rutinaria y periódica— fue de 19,567 millones de pesos en 2019, mientras que para 2025 se aprobaron solo 10,000 millones, lo que representa una reducción del 48%.
La realidad es que las malas decisiones administrativas de la llamada Cuarta Transformación han dejado al país con una red vial deficiente, que encarece los costos operativos, reduce la eficiencia logística y afecta directamente a la cadena de suministro. En otras palabras, todos los consumidores terminamos pagando las consecuencias en el precio final de los productos.
Circular por carreteras con pavimento dañado provoca un desgaste acelerado de los vehículos —llantas, suspensión, frenos y motor—, traduciéndose en mayores gastos de mantenimiento para las familias y el sector transportista. Además, las condiciones irregulares obligan a conducir a menor velocidad y a frenar o acelerar constantemente, lo que incrementa el consumo de combustible.
El mal estado de las vías también genera congestión y reduce la velocidad promedio de desplazamiento, ocasionando retrasos tanto para los trabajadores como para el transporte de mercancías. Esto se traduce en incumplimiento de plazos, pérdida de eficiencia y menor rotación de capital para las empresas.
A ello se suma que la falta de conectividad en buenas condiciones, aisla a las zonas más remotas, impidiéndoles acceder a mercados, servicios de salud, educación y empleo. Esto profundiza la desigualdad regional y la pobreza, especialmente en comunidades lejanas a los centros urbanos.
Por ello, en la próxima discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación, los diputados de mayoría deben asignar mayores recursos para abatir el rezago carretero, no solo en Zacatecas, sino en toda la República. De no hacerlo, el costo de la omisión será mucho mayor: cada peso que hoy se ahorra en mantenimiento, mañana se triplicará en reparaciones mayores o reconstrucciones completas.
De seguir por este camino, la llamada “austeridad republicana” quedará nuevamente en simple discurso, mientras nuestras carreteras se siguen convirtiendo —literalmente— en caminos de terracería.
Senadora de la República



