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Dra. Sonia Ruiz
MUERE ALÌ JEMENEÍ
Fue un clérigo y político iraní que se desempeñó como líder supremo de Irán desde 1989 hasta su magnicidio el 28 de febrero del 2026 tras ataques conjuntos entre Estados Unidos e Israel, era cabeza de la clase dirigente clerical islámica de su país. Su mandato como líder supremo, se prolongó por más de 36 años. Tenía control directo o indirecto sobre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial del gobierno, así como sobre el ejército y los medios de comunicación. Pero, más allá de querer hablar de este personaje, es de la reacción que se provoca con su muerte, ya que se ha desencadenado una profunda división en la sociedad iraní, caracterizada por escenas de duelo vistiéndose de negro, decretando 40 días de luto oficial y describiendo su muerte como un “martirio” llamando a la venganza, por otro lado, la oposición, celebra la noticia en las calles de Teherán y otras ciudades, expresando alegría con música, gritos, aplausos y bocinas de autos, reflejando el deseo de un cambio de régimen tras décadas de represión y sometimiento. Y es respecto a esto precisamente donde quiero enfatizar mi comentario porque me pongo a meditar ¿cuál fuera la reacción de los mexicanos si tuviéramos un gobierno perpetuo que nos tuviera sumergidos en la represión? No doy crédito, mis neuronas no logran hacer sinápsis para comprender cómo puede haber fieles a este tipo de gobiernos y a este tipo de figuras.
Hay quienes podrán juzgar mi opinión y catalogarla carente de validez por no vivir allá y no vivirlo de manera cercana, pero no es menester que así sea para conocer historias reales, injustas y terroríficas como la de Soraya Manutcheri y todo fue gracias al Régimen Iraní que se vive: El 15 de agosto de 1986, una mujer de 35 años del pueblo de kuhpayeh, precisamente Soraya Manutcheri, fue falsamente acusada de adulterio por su marido (un guardia de prisión) y posteriormente lapidada hasta su muerte. Su esposo quería casarse con una niña de 14 años y, al no querer mantener dos familias, ni devolver los bienes de Soraya, fabricó acusaciones falsas de infidelidad en su contra. Con la complicidad de autoridades corruptas del pueblo, utilizando las leyes y autoridades locales para encubrir el asesinato. Soraya fue condenada injustamente y ejecutada de manera brutal. Luego el periodista Franco-iraní Freidoune Sahebjam relató este trágico suceso recopilando el testimonio de la tía de Soraya, escribe su libro en 1990 “La femme Lapidée, traducido al inglés como “The Stoning of Soraya M.” Incluso el libro fue adaptado posteriormente al cine en el 2008 en una película con el mismo título, protagonizada por Shohreh Aghdashloo y dirigida por Cyrus Nowrasteh, donde se relata de forma desgarradora el calvario vivido por la pobre e inocente mujer, un relato que denuncia la brutalidad de la lapidación y la tremenda corrupción en el sistema judicial tan normalizado que se tiene en es país y que tuvieron que indicar la prohibición del libro en Irán.
La crueldad no fue solo personal, sino institucional, nos deja claro que historias como la de Soraya son un escalofriante recordatorio de cómo el Régimen Iraní, el poder, la corrupción y el silencio pueden destruir vidas inocentes, es una obra tan cruda que resalta la violencia de género y la complicidad comunitaria en los feminicidios. Terrible, hay tantas cosas que deberían de cambiar en esos países, para empezar, eliminar lo de la dote matrimonial, no permitir el matrimonio con niñas, permitir que las mujeres se preparen y estudien para evitarles sentir la impotencia cuando el marido decide dejarlas, etc. Etc. Etc.
Las autoridades iraníes deben poner fin a este círculo vicioso de injusticia y ni un encarcelamiento más a quien exprese pacíficamente su oposición a la lapidación, ya que esto es un indignante ataque a la libertad de expresión. El mayor anhelo que esperamos con la muerte de Ali Jemeneí es no apresar nunca más a nadie por expresarse como lo hicieron con Golrokh Ebrahimi por la redacción de un relato inédito sobre la terrible y reprobable práctica de la lapidación en Irán.

ESA, ESA ES OTRA HISTORIA.