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EL CAMPO ZACATECANO
Por: Isadora Santivañez Ríos

El campo zacatecano enfrenta una crisis estructural que se ha profundizado en las últimas décadas. Los campesinos, históricamente pilares de la economía y la cultura rural, hoy se encuentran atrapados entre la falta de apoyos institucionales, la precariedad laboral y los efectos del cambio climático. Esta situación no solo amenaza la producción agrícola, sino también la permanencia de comunidades enteras en sus territorios.
Uno de los principales problemas es la escasez del agua. Zacatecas, al ser un estado semidesértico, depende de pozos y presas que cada vez resultan insuficientes para sostener la agricultura de temporal y de riego. La sobreexplotación de mantos acuíferos ha generado conflictos locales y ha incrementado los costos de producción, dejando a los campesinos en desventaja frente a grandes productores con acceso a tecnologías más avanzadas.
A ello se suma la falta de políticas públicas efectivas. Los programas de apoyo al campo suelen ser insuficientes, burocráticos o mal distribuidos, lo que provoca que los pequeños productores queden marginados. La ausencia de créditos accesibles y de infraestructura adecuada limita la capacidad de los campesinos para modernizar sus prácticas y competir en mercados nacionales e internacionales.
A esto se le suma la mala distribución de los apoyos sociales que quedan en manos de unos cuantos, dejando a los productores sin ningún tipo de apoyo por parte de las instituciones responsables del fomento a su desarrollo y crecimiento económico.
Por ejemplo, el programa “Alimentación para el Bienestar” en el Estado de Zacatecas ha generado gran problemática social debido a la falta de transparencia respecto a la distribución del recurso, a la falta de cumplimiento de acuerdos y a la nula atención por parte de las autoridades estatales; lo que termina de explotar tras la represión ejercida por parte de elementos de seguridad pública en contra de los campesinos, ocurrida durante una manifestación a las afueras de las Instalaciones de la Feria del Estado en donde se estaba llevando a cabo un concierto por conmemoración al Día de las Madres.
La represión ejercida fue la gota que derramó el vaso ante una problemática cada vez más alarmante y ante lo cual la sociedad en general mostró su indignación y se unió a los campesinos en una mega marcha que solicitaba un alto a la represión, sanciones para las autoridades involucradas en la ejecución e indicación del abuso de autoridad, cumplimiento de los acuerdos establecidos con los campesinos y la instalación de mesas de diálogo y seguimiento para la problemática de los productores de frijol.
Todo ello ha derivado en la ausencia de respuesta por parte del Gobierno del Estado, por lo que los campesinos siguen en pie de lucha, buscando solución a sus problemáticas principales.
No olvidemos que ellos ya enfrentan otro tipo de batallas, como la del cambio climático que ha agudizado la vulnerabilidad del campo. Sequías prolongadas, heladas inesperadas y variaciones extremas de temperatura afectan directamente la producción de frijol, maíz y otros cultivos básicos. Los campesinos, sin acceso a seguros agrícolas ni a sistemas de prevención, enfrentan pérdidas constantes que ponen en riesgo su subsistencia.
En síntesis, el problema de los campesinos en Zacatecas no es únicamente económico, sino también social y cultural. La falta de agua, el abandono institucional, la migración y el cambio climático configuran un escenario de precariedad que exige respuestas integrales. Fortalecer al campesinado implica garantizar acceso a recursos, impulsar políticas de apoyo sostenibles y reconocer su papel como guardianes de la tierra y la identidad rural del estado. Solo así se podrá revertir la tendencia de abandono y asegurar un futuro digno para quienes han sostenido históricamente la vida en el campo zacatecano.