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ABUSO SEXUAL INFANTIL

Por: Isadora Santivañez Rios

El caso de una niña de 9 años de Piedras Negras, Coahuila que denunció públicamente abuso sexual por parte de su padre, ha generado profunda indignación social y movilizaciones, lo que exige una reflexión sobre la violencia vicaria y sexual contra menores, así como una respuesta institucional inmediata. La menor fue grabada llorando con gritos de desesperación, suplicando no ser llevada con su padre, acusandolo de abuso sexual infantil.

Los hechos conmocionaron a la ciudadanía debido a que los elementos de seguridad que se encontraban acatando la orden judicial no se inmutaron ante la situación y a pesar de ello, arrebataron a la niña de los brazos de su madre. La menor gritó frente a todos que su padre la había tocado en sus partes íntimas y ni así hicieron algo los policías y el personal de fiscalía que se encontraban en el lugar.
La viralización del video que visibiliza la vulnerabilidad de las niñas frente a la violencia sexual y refleja la necesidad de protocolos claros para proteger a las infancias sin exponerlas, así como la presión social llevó a las autoridades a revirar los hechos y buscar, ahora si, brindar protección.

No podemos negar lo evidente, el actuar de los elementos de seguridad fue errónea, desproporcionada y falto de ética, seguir por seguir protocolos obsoletos, sin perspectiva de infancias y sin un poco de tacto puso en riesgo a una menor quien gritó desesperada que no quería ir con su padre y los motivos para ello.

La indignación ciudadana muestra un cambio en la tolerancia social hacia el abuso, reflejando que en la actualidad esos temas no se ven como algo menor, insignificante o aislado. La violencia sexual en contra de una niña es algo extremadamente grave.

Las instituciones deben asegurar que la menor reciba atención psicológica, médica y una reparación integral que le permita continuar su vida sin traumas permanentes ni nocivos. El mensaje que le dieron a la menor es que su padre tiene el poder de arrebatarla de su madre y que eso es consentido por las autoridades, que él puede mover instituciones para cumplir caprichos.

También el mensaje para ella es que su voz no vale, que su dolor es invisible para las autoridades, que lo que ha vivido no interesa, y que la ley no está a su favor.

En solo unas horas la niña fue revictimizada, vivió violencia institucional, exposición pública, invalidación, agresiones físicas, humillación y muchas acciones más que son traumaticas y que le generarán repercusiones de por vida.

Ahora, puede ser señalada como la niña a la que abusaron, lo que la lleva a la sexualizacion de su persona respecto a temas que por su edad no puede siquiera comprender.

Esto no puede seguir ocurriendo, esto debe terminar, México necesita leyes más rigurosas, firmes y contundentes para proteger a quienes más lo necesitan que son nuestras infancias.