Sonia Ruíz
STORY TELLING
Tercera parte
Sí, creo firmemente en que fue lamentable el que no haya sido reevaluado médicamente el chico. Quien, para entonces contaba con 14 años, una tregua en el colegio y más incidencias como las mencionadas. ¿Recuerdan que la sentencia era la expulsión en caso de reiterar desobediencias? En efecto, reincidió y el único acuerdo que pudo lograr la madre fue que lo dejaran terminar el tercer año de secundaria para que no lo perdiera pues solo faltaban escasos dos meses para salir. No hubo poder de convencimiento para que le permitieran a la mamá inscribirlo ahí mismo a nivel preparatoria.
En una ocasión que la mamá del ya jovencito preparatoriano me lleva a consulta a su menor hijo, me comentó que había inscrito a su hijo en el IMAP de Guadalupe, decía que el padrecito que era en ese entonces el director era muy estricto y que era precisamente eso lo que su hijo requería, que ahí podría estar su muchacho para que se disciplinara un poco. Fue entonces donde inicia el verdadero calvario para la señora, el joven comienza a reprobar materias y al final del primer semestre hubo un citatorio para platicar con los padres del adolescente donde el padre, o sea, el director del plantel, tajantemente les sugirió o más bien, les indicó sacarlo del seminario para que lo inscribieran en otra escuela para que no perdiera el año, que él no lo quería más ahí porque para él, quien reprueba materias no servía para nada. Fue un golpe doble para los papás, por un lado, la decepción por las incidencias de su hijo, reprobando materias y, por otro lado, las palabras tan fuertes que el director les dijo.
Fue muy complicado para que lo admitieran a medio año en las escuelas públicas, lo intentó en varias, por lo que ingresa a la preparatoria de la Lobos, Zacatecas.
En un fin de semana cuando estando en casa el chavo, ya a sus 15 años, lo visita un primo de 14, ¿cuál fue la sorpresa de los padres? se ponen una buena borrachera. Recuerdo muy bien la cara de la señora como si me lo estuviera platicando ahorita, ese reniego que expresaba la madre cuando su cara manifestaba tanto dolor, no podía dar crédito de que el dependiente del Oxxo les haya vendido bebidas alcohólicas siendo prácticamente dos niños menores de edad. Ese día el papá se los puso a los dos parejitos, comenta la señora, aunque solo lo haya amedrentado de forma mediática, pues desde entonces ese vicio de tomar se le fue haciendo costumbre y el avance académico se fue estancando, tanto, que, el segundo año de prepa en la Lobos no lo terminó, a pesar de que también la maestra de ese plantel haya intentado de varias maneras hacerlo entrar en disciplina y en recuperación, sin lograrlo. Sale de ese plantel con un segundo año de preparatoria trunco.
Posteriormente, seguido de tantos intentos, platicas, consejos y, regaños a la vez, ingresó a la preparatoria en la UCEM, Universidad del Centro de México, ubicada en la alameda, zona centro de Zacatecas, donde el calvario continuaba, múltiples quejas, múltiples travesuras que ya no coincidían con la edad, ahí inició el vicio de fumar, la escuela no tenía patio, el receso o los recesos lo pasaban en la alameda donde se ponían los alumnos a fumar. Con mucha tolerancia, consejos, promesas, regalos y cariño, la mamá continuaba impulsando a su hijo, de quien recibía muy poca respuesta favorable, seguía ingiriendo alcohol.
A pesar de todo, desfasado en tiempos, por fin, es egresado de la preparatoria por la UCEM, hoy EDUCEM y llega la típica pregunta: ¿Qué quieres estudiar? a lo que contestó: Arquitectura. Fue inscrito a arquitectura en la Universidad Tecnológica de Zacatecas (UTEZ). Con dificultades, múltiples inasistencias, varias ausencias por borracheras e incumplimientos en sus trabajos y tareas fue cursando su primer año universitario. Aun siendo un joven ya de casi 22 años, su mamá acudía a la UTEZ a preguntar por su aprovechamiento escolar y su status universitario. Hubo maestros que de mala manera le decían que su hijo ya estaba grandecito como para que ella siguiera yendo a preguntar por él, aun y con eso, su madre nunca lo dejaba de procurar.
Recuerdo bien como si haya sido ayer cuando la señora me dijo que su primogénito era el que más anhelaba un hermanito y que a ser verdad, a la fecha, nunca había sido un gran compañerismo el que tenía uno con el otro, por la diferencia de edades. Uno con casi 22 años, el otro era de 14, con mucha inocencia donde su mundo aun, era el juego y sus tareas escolares. Para entonces, la madre, a mi punto de vista, ya requería atención psicológica, pues las conjeturas y remordimientos que circulaban por su cabeza eran demasiados…




