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LA REVICTIMIZACIÓN DE LAS MADRES BUSCADORAS
Por: Isadora Santivañez Ríos
Una de las iniciativas más sensibles que deja la Legislatura del Estado es la Ley de Búsqueda, siendo Zacatecas el primero de la República en tener una ley armonizada y actualizada respecto a este tema.
La búsqueda de personas ha sido muy compleja de legislar, es un tema al que no todo el mundo le entra, que parece complejo, que involucra a un sector que por naturaleza tiene y tendrá, en todo momento, animadversión respecto a todo lo que tiene que ver con un gobierno que no solo no ha respondido a sus necesidades, sino que también ha generado señalamientos en su contra, que ha criminalizado a las madres buscadoras, que las ha criticado, que literalmente las ha culpado por “poner en riesgo su vida”.
Ninguna madre debería buscar a un hijo y mucho menos, poner en riesgo su vida por hacerlo, el dolor con el que viven una pérdida es inmenso, intenso, constante e irreparable como para que todavía tengan que pasar por un esquema de revictimización y riesgo, porque si, literalmente cada brigada de búsqueda es un riesgo latente a su integridad o incluso su vida.
Las madres buscadoras solo desean encontrar respuesta, alguna pista, algo que les permita saber lo que pasó con su ser querido, las familias de las personas desaparecidas sufren muchísimo durante todo el proceso de búsqueda, pero la idea de tener algún indicio o encontrar a su familiar les da esperanza, aliento y la fortaleza para seguir buscando.
El dolor de una madre buscadora es un dolor que no se parece a ningún otro: es la herida abierta de la ausencia, la incertidumbre y la injusticia. No es solo la pérdida de un hijo, sino la condena a vivir sin respuestas, a caminar entre fosas clandestinas, a enfrentarse a autoridades indiferentes y a un entorno que muchas veces no comprende su lucha.
Muchas madres sienten tanto coraje y dolor que de manera recurrente acuden con las autoridades para exigir que realicen su trabajo de manera objetiva, desean encontrar a sus hijos para darles un lugar digno en donde descansar.
El amor de una madre buscadora persiste, incluso en medio de la violencia y el silencio institucional, a pesar de las negativas, de la indolencia, de la incompetencia de las autoridades y en ocasiones de la inseguridad en la que vivimos en nuestro país. Ellas buscan porque aman, porque extrañan, porque tienen la esperanza de encontrar y de hacerlo con honorabilidad.
Ellas buscan en hospitales, en albergues, en cárceles y en ocasiones en campos de entrenamiento del propio crimen organizado; también, buscan en fosas clandestinas, en terrenos, en montes; se conforman colectivos de las familias de personas desaparecidas, en muchas ocasiones trabajan de manera independiente, financiando traslados, herramientas y hospedajes, cuidándose unas a otras, protegiendo de ellas mismas por si solas. Y generalmente lo hacen frente a la indiferencia institucional.
Los colectivos de madres buscadoras transforman el dolor privado en acción política y social, ellas merecen todo nuestro respeto pero también el acompañamiento institucional, porque una madre busca porque ama, porque no dejará de hacerlo hasta encontrarles.