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CUANDO LAS REDES SOCIALES LLEGAN HASTA UN TRIBUNAL.

Nubia Barrios

Hay historias que entretienen y hay otras que, además, nos obligan a preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad.
La reciente serie llamada “El Juicio” protagonizada por Eugenio Derbez, la cual recomiendo ampliamente para quienes no la han visto, trata de la historia marcada por un proceso judicial que pone sobre la mesa temas que trascienden la ficción y que hoy forman parte de nuestra vida cotidiana además de tratarse de un caso verídico.
Sin “spoilear” la serie, uno de los temas a tratar es el enorme poder que han adquirido las redes sociales, particularmente en niñas, niños y adolescentes en el que nos muestra de una forma muy real y hasta cruda, cómo las redes sociales han transformado la forma de comunicarnos, informarnos y también la forma de actuar y esto lo vinculo con lo sucedido el pasado 1 de octubre, en la Escuela Secundaria General número 13 de Torreón, Coahuila, que muy lamentablemente fue escenario de un ataque en el que perdió la vida una subdirectora y cuatro personas resultaron heridas. Dos hermanos de 18 años, exalumnos del plantel, fueron detenidos y posteriormente vinculados a proceso.
Lo verdaderamente preocupante es que, en la investigación, las autoridades analizan el entorno digital de los jóvenes, incluyendo publicaciones realizadas antes de los hechos y vínculos con comunidades digitales que hicieron los mismos ataques o similares. Y a partir de aquí me pregunto: ¿Qué estamos permitiendo que nuestros jóvenes encuentren, consuman y normalicen en internet?
Las redes sociales no son malas en sí mismas, pero el problema surge cuando un joven encuentra en ellas discurso de odio, violencia, misoginia o comunidades donde convierten la frustración, el resentimiento y la soledad como una forma de pertenencia, lo ocurrido tanto en Torreón como en la serie que, recomiendo, enciende esta alerta social.
Porque muchas veces, como padres, como tutores o como responsables, queremos intervenir cuando el problema ya llegó a la policía, a la fiscalía o a algún tribunal cuando seguramente las señales aparecieron mucho antes con cambios de conducta, aislamiento, expresiones de odio, fastidio, violencia etc;
Ahí es donde nosotros, padres, madres, maestros y autoridades tenemos una responsabilidad enorme y no se trata solamente de revisar un teléfono o prohibir una red social sino de enseñarles la distinción de pertenecer a una comunidad y quedar atrapado en ella, porque cuando una conducta llega al sistema judicial, como en el caso de la serie, así como el de la secundaria en Torreón, no podemos esperar a que nuestros jóvenes lleguen frente a un juez para preguntarnos qué sucedió con ellos, ya vamos tarde.

Detrás de una pantalla hay un ser humano, detrás de cada publicación puede existir una señal de alerta y detrás de un proceso judicial hay una tragedia que, muchas veces, comenzó mucho antes de llegar a un Tribunal. Invito a voltear a ver a los ojos a nuestros hijos, a tener momentos y conversaciones reales y enseñarles que cuando una pantalla los atrapa, ya no están inmersos en la vida real.