Democracia ausente - El Nopal
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Democracia ausente

Democracia ausente
Martha Chapa

Concluye una semana de especial significado político electoral para los mexicanos.
Con la nominación de José Antonio Meade por el Partido Revolucionario Institucional, y de Ricardo Anaya en el caso del Partido Acción Nacional, como aspirantes a ocupar la Presidencia de la República –se les llama “precandidatos” pero todos sabemos que son, ya, los candidatos–, da inicio formalmente la competencia que desembocará el primer día de julio de 2018.
Si nos atenemos a los formalismos, debemos decir que Meade es el candidato de la coalición formada por el PRI, el Partido Nueva Alianza y el Partido Verde Ecologista de México, que lleva el curioso nombre de Meade Ciudadano por México, mientras que Anaya es el precandidato de la coalición Por México al Frente, conformada por el PAN, el Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano.
Aunque ninguna de esas nominaciones resultó sorpresiva, es ahora cuando empieza como tal la contienda. Y en ella, tampoco hay duda, va punteando López Obrador, lo cual podría ser explicable, ya que viene haciendo campaña desde hace meses –o años– y hasta ahora no tenía competidores. A partir de que ya se definieron dos contendientes más, habrá que esperar algunas semanas para hacer una evaluación más formal, por lo que pudiéramos decir que en enero o febrero ya se verá cuáles son las tendencias reales de las preferencias del electorado mexicano.
En el caso de la Ciudad de México, están ya postulados Claudia Sheinbaum por Morena, y Mikel Arriola por el PRI. De confirmarse como candidatos oficiales de sus partidos, serán claros ejemplos de una decisión prácticamente unilateral. Podría decirse que, en este sentido, PRD está procediendo de manera diferente, así sea en apariencia, pues se inscribieron para contender por la Jefatura de Gobierno de esta ciudad capital tanto Alejandra Barrales, como Salomón Chertorivski y Armando Ahued, aunque muchos afirman que los dados están cargados para que salga Barrales como candidata.
Ojalá que desde estas primeras etapas el electorado tome nota de la intención democrática o no de cada uno de los partidos y registre el autoritarismo y el dedazo en cada uno de los casos, pues hay que reconocer que las prácticas del viejo priismo ya no son exclusivas del partido tricolor.
En el PAN, por ejemplo, nunca se dio a conocer cuál sería el proceso de selección y hubo un persistente rechazo a llevar un proceso abierto previo, por lo cual una militante de raigambre, como Margarita Zavala, renunció a la divisa panista para buscar una candidatura independiente.
Y qué decir del cacicazgo de López Obrador, que se configura como el candidato presidencial permanente de su partido político.
Vendrán ya los tiempos de propuestas y debates, y serán los ciudadanos quienes decidan otorgar su voto tanto a quien conformará el Poder Ejecutivo de la nación como a aquel o aquella que encabece el gobierno en la ciudad capital de los mexicanos.
Todo indica que en las próximas elecciones la ciudadanía se inclinará, más allá de la condición partidaria, por la calidad personal y profesional de los diferentes candidatos.
De los candidatos ya definidos, se aprecia a Meade como un hombre experimentado, seguro, confiado, sencillo y optimista, en tanto a Anaya se le ve vital, enérgico y crítico. Y en el caso de las candidaturas en la Ciudad de México, a Claudia Sheinbaum se le ve con un discurso flojo y con evidencias huellas de cansancio físico, además de que su mitin inaugural se vio desangelado. No ocurrió lo mismo con los actos organizados por los tres perredistas que aspiran a esa posición política. Y en el caso del PRI, más allá de las buenas calificaciones de Mikel Arriola como servidor público, hubo extrañeza ante su lanzamiento y la connotación artificiosa como candidato único de esa organización política.
Habrá otros pronunciamientos en lo que resta de este 2017 y después la formalidad de tales candidaturas, de tal manera que a principios del próximo año se perfilarán todos en una cerrada competencia electoral, que se avizora ardua, compleja y a momentos hasta conflictiva.
Nos toca a los ciudadanos dar un seguimiento responsable y lúcido sobre las propuestas y comportamientos de los y las candidatas, acompañado por una reflexión seria sobre qué queremos y cómo lo queremos, en función a de qué le conviene a México en términos reales, más allá de prejuicios, clichés y arrebatos emocionales o de coyuntura, sobre todo cuando se trate de propuestas demagógicas, populistas o improcedentes.
Pienso también que nos acercamos a una disyuntiva de la patria que puede interpretarse en términos de la continuidad con reformas y mejoras frente a un cambio que no deja de representar riesgos e incluso situaciones que sabemos muy bien cómo se inician pero nunca cómo terminarán, tal cual ha ocurrido, por ejemplo, en el caso de Venezuela.
Cada uno de nosotros tendremos una visión sobre nuestra realidad y los avances que hemos logrado, así como acerca de los problemas que subsisten. Lo importante es informarse, analizar y decidir, siempre con la idea de impulsar al país hacia adelante en aras de una prosperidad compartida.

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