Corrupción e inseguridad, inexorable batalla por enfrentar - El Nopal
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Corrupción e inseguridad, inexorable batalla por enfrentar

Ricardo Monreal Ávila

Corrupción e inseguridad, inexorable batalla por enfrentar

Para la siguiente elección presidencial se vislumbra ya un descomunal voto de castigo al PRI, que principalmente se deberá a dos temas: la inseguridad y la corrupción, que constituyen dos de las deudas más grandes que tiene el régimen actual con la sociedad. Y una no se explica sin la existencia de la otra: hay inseguridad por la corrupción, y ésta se catapulta por la inseguridad.

Los comicios del próximo julio de 2018 afrontan un panorama sin precedentes. Es la primera vez que se llevarán a cabo elecciones concurrentes a nivel federal y local de tal escala; el bono demográfico sitúa a las personas jóvenes como el grupo etario más dominante (alrededor del 36 % del padrón), y a esto habrá que agregar otros elementos distintivos, como las y los mexicanos residentes en el extranjero, cuya participación, hasta ahora, ha sido marginal: en 2006 sufragaron 33 mil compatriotas en el exterior, y en 2012, 41 mil.

Actualmente, 34.6 millones de connacionales radican en Estados Unidos de América, de los cuales 22.4 millones son mayores de 18 años; y de estos últimos, 11.7 millones nacieron en aquella nación, pero pueden ejercer su derecho al voto tanto en ese país como en México.

Las malas decisiones de la actual administración federal, durante prácticamente todo el sexenio, tuvieron resultados negativos en lo político, económico y social, y cobrarán factura en las próximas elecciones presidenciales, con el voto de las y los mexicanos residentes en el país y en el exterior.

Pero en especial la inseguridad y la corrupción se han convertido en los dos principales obstáculos que enfrenta nuestro país hacia el desarrollo económico, social y humano. Y los recientes casos de corrupción y desvío de recursos públicos a cargo de la nueva generación de gobernadores priistas han exacerbado negativamente la desconfianza y el encono entre la sociedad. El descontento generalizado contra el régimen actual ha incluso despertado preocupación en el Capitolio, ante un posible triunfo de la izquierda mexicana.

Y de cara a las próximas elecciones generales, el panorama no parece ser mejor. El desafío de la corrupción en el país es tan grande y profundo que el reto del próximo gobierno será sumar, coaligar y considerar las propuestas más viables que surjan tanto de los actores políticos como de la sociedad civil, sin desdeñar planteamientos sólo porque éstos provengan de adversarios políticos.

Al respecto, el próximo gobierno habrá que considerar también, necesariamente, las mejores prácticas y experiencias internacionales que han contribuido a combatir este cáncer social: la Contraloría Social, la educación para la formación de ciudadanas y ciudadanos íntegros, la familia, sus principios y valores, y la validación en el exterior.

Las y los ciudadanos son los mejores inspectores y auditores de las presuntas conductas ilícitas o faltas de ética de quienes se desempeñan en el servicio público. La educación para la integridad se debe impartir desde la educación primaria, mientras que la observación extranjera ayudaría a recuperar la confianza y el respeto internacionales que hoy están en entredicho.

Y rumbo al proceso electoral que viene, hasta el momento han rendido protesta como candidatos a la Presidencia de la República tres contendientes, y todos ellos, en sus respectivos registros oficiales ofrecieron que combatirían la corrupción. ¿Cuáles fueron sus propuestas?

Andrés Manuel López Obrador ofreció luchar contra ella con “terquedad y locura”. Los ejes de su planteamiento son eliminar el fuero al presidente y a los altos funcionarios públicos para que puedan ser juzgados por delitos de corrupción; considerar a este flagelo como delito grave, y aumentar los castigos previstos por la ley. Además, abolir todo tipo de lujos, abusos y despilfarro gubernamental, y erradicar el amiguismo, el influyentismo y el nepotismo de la administración pública.

Ricardo Anaya, por su parte, propone fortalecer el Sistema Nacional Anticorrupción ya existente, con una reforma al artículo 102 constitucional, que conceda autonomía e independencia plenas a la Fiscalía Anticorrupción y a la General de la República.

Por su parte, José Antonio Meade ha ofrecido recuperar el dinero, las propiedades y todos los bienes de los funcionarios corruptos para canalizarlos a un fondo nacional de becas para niños y mujeres; aumentar las penas a los servidores públicos deshonestos, y volver obligatoria la certificación patrimonial para altos funcionarios y legisladores.

La propuesta de AMLO ha sido cuestionada y calificada de voluntarista, personalista y por que, se dice, reduce el combate a la corrupción a la buena o mala conducta del mandatario en turno, dejando de lado el marco institucional.

El planteamiento de Anaya, por su parte, ha sido puesto en cuestionamiento por lo contrario: por su exceso de institucionalismo y legalismo, que deviene en más burocracia, más gasto público y en el espejismo de que con más leyes tendremos servidores públicos más honestos.

La propuesta de Meade, en cambio, siendo atendible, adolece de un mal exógeno: la falta de credibilidad y confiabilidad de todo lo que viene del régimen actual. El vino nuevo, servido en odre viejo, termina por agriarse.

Pero al margen de las propuestas, hay algo muy importante: de esos tres candidatos a la Presidencia de la República que hasta el momento han rendido protesta sólo a uno no se le ha podido comprobar ni un acto de corrupción: a Andrés Manuel López Obrador, aunque, de manera sorprendente, sí se le ha criticado por su estilo de vida sobrio, austero y moderado, en un contexto en el que la normalidad es que los servidores públicos se enriquezcan desmedida inexplicable y hasta ilícitamente.

El modo de vida austero que Andrés Manuel ha mantenido a lo largo de los años es la mejor muestra de lo que será su comportamiento público futuro. Y que también será, sin duda, una herramienta para combatir la corrupción: gobernar con el ejemplo personal. Como él afirma: “si el presidente no roba, tampoco lo harán los gobernadores ni los alcaldes”.

La sociedad tendrá la última palabra.

ricardomonreala@yahoo.com.mx<br /> Twitter: @RicardoMonrealA

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