LOS ECOS DE NOLA III parte - El Nopal
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LOS ECOS DE NOLA III parte

Dr. José de Jesús Reyes Ruiz

LOS ECOS DE NOLA

(New Orleans, La Nuvelle Orleans,  Nueva Orleans Louisiana)

III parte (de IV)

Estas tres últimas colaboraciones, las hemos dedicado a intentar explicar la magia de Nueva Orleans y los ecos de esta ciudad, que en el espíritu de cualquiera entran a formar parte del subconsciente  y ocupan una parte esencial de él para el resto de nuestras vidas.

No puedo menos que recordar que hace 37 años, pase – como ya lo he comentado – mi luna de miel por aquellos lugares, el recuerdo de aquella noche es memorable, por coincidencia pudimos presenciar el show que por muchos años permaneció en el mismo sitio de Henry De La Fontaine, el legendario flautista del jazz en el Hilton a un lado del Rio Misisipi. Ahí coincidentemente conocimos a una pareja que se había casado el mismo día y departimos con ellos una velada increíble escuchando a uno de los pilares del jazz en esa maravillosa ciudad. Como una anécdota importante debo comentar que el marido en aquella pareja era músico también de jazz, tocaba el piano en un bar de la ciudad a donde nos invitó un día más tarde, lo impresionante fue que cuando llegamos atentos a su invitación nos recibió su quinteto con una versión en jazz – difícil de describir – de la Marcha de Zacatecas que ellos conocían a la perfección y que improvisaron para nosotros, pude lograr que me gravaran la versión y en algún lugar debe estar en algún ya anacrónico cassette de por aquellas épocas.

En esta ocasión, como en algunas ocasiones previas, mi interés por los cursos pre congreso que se dan viernes y sábado antes del inicio del mismo son desde mi punto de vista lo más interesante, y este año no podía ser la excepción; por que colocaron algo que no había presenciado antes, un simposio internacional donde los grandes temas eran tratados por neurocirujanos líderes en su campo principalmente de Europa pero algunos también del norte de África y del oriente fundamentalmente del Japón donde la neurocirugía alcanza niveles sin precedentes aun para Los Estados Unidos. Estos simposiums eran sábado y domingo y claro que se empalmaban con el festival de Jazz que iniciaba a las 11 de la mañana ¿Qué hacer? Perder algo de uno y algo del otro no sin resentirlo, el primer día el Festival abriría con Sting entre muchos otros artistas de primer nivel, ese día llegamos y apenas nos instalamos y me registre en el congreso partimos (en camiones que salen del Sheraton de Cannal St. Donde puede uno comprar el boleto de entrada – nada económico – y el viaje redondo en 100 dólares) al concierto de Sting que  inició a las 5.30 de la tarde,  llegamos justo para escucharlo en el terraplén  donde se presentaba, y claro todos de pie. Por fortuna nos tocó un lugar  a unos 30 metros del stand y escuchar su música fue un inicio maravilloso al primer día de estadía en la magia de aquel lugar.

El viaje había sido largo y pesado por lo que preferimos dormir ya que al día siguiente tendría que levantarme a las 7 de la mañana para el simposio internacional que resulto interesante en extremo, tan así que no pude salirme sino hasta las 3 de la tarde y a las cuatro llegamos nuevamente al festival, nuestro objetivo principal era escuchar a Rod Steward quien estaría en el Acura Stand – el mismo sitio donde un día antes había abierto el festival Sting –  y logramos pasar los diferentes escenarios donde la música de jazz, de blues, de góspel etc. invitaba a escucharla, pero como Ulises tuvimos que resistir el canto de las sirenas para llegar al lugar donde tocaría el cantante escoses y pudimos encontrar un mejor sitio que el día previo.

Debo reconocer que soy fan de la interpretación de lo que se conoce como American Song Book por parte de este artista británico, pero sucedió un poco como cuando los viejitos acudimos a escuchar en la Plaza de Armas en el Festival Cultural a Natalia La Fourcade pensando que escucharemos sus interpretaciones de Agustín Lara y otras por el estilo. Recuerdo la última vez que vino – porque este año de plano preferí quedarme en casa – un aguacero torrencial tuvo que ser tolerado por los asistentes – yo incluido – solo para que sus interpretaciones fueran de música Pop. Entendiendo que el 90% del auditorio era conformado por gente joven, pero no hubiera sido nada malo que interpretara algo de lo que esperábamos oír la gente mayor.

Algo parecido sucedió con Rod Steward toda la velada la dedico al Rock y a la música Pop para el gusto de jóvenes y no tan jóvenes que se habían reunido en el lugar, y el “cancionero americano” perdón la traducción, bien gracias, aun así una impresionante orquesta que llevo al festival, y sus cantantes femeninas – todo un espectáculo visual – nos dejaron gratamente complacidos.

Pero cero y van dos y solo habíamos escuchado a los grandes y no a los verdaderos conjuntos de Jazz que es lo que realmente va uno a escuchar en Nueva Orleans.

No me olvido la vez que pude llevar a mis padres cuando anunciaron un concierto gratuito a la orilla del rio pero del lado este – en los barrios pobres del lugar – a ser liderado por Ellis Marsalis, el fundador de la dinastía Marsalis, maravilloso pianista padre de Bradford – saxofonista – Winston – el mejor trompetista del mundo y actual director del conjunto de Jazz del Lincoln Center en Nueva York – y Delfayo Marsalis, percusionista, pero que además formo al gran cantante Harry Conick Jr. Hijo de un senador por Luisiana que prefirió dedicarse a la música de jazz y que fue adoptado por la familia Marsalis.

Pues bien el patriarca de la familia entonces nos dio un recital de piano en un barrio pobre frente a no más de 50 personas que no olvidare nunca.

El domingo de nuestra estancia decidí desplazar la ciencia por la música y solo acudí a la primera – de tres partes – del simposio internacional para poder hacer la pinta e irme al festival, pudimos llegar al medio día, alrededor de la 1 y había tantas cosas que escuchar que era difícil tomar una decisión, el sol caía a plomo y los únicos sitios donde había asientos para disfrutar de la música bajo la sombra de grandes tiendas de tela, eran las llamadas – valga la redundancia – la Tienda del Jazz y la Tienda del Blues – Jazz and Blues Tent – El esposo de mi hermana me dijo que en la de Blues se presentaría un personaje cuyo nombre a mí no me decía nada, pero que había sido maestro nada más y nada menos que de Erick Clapton, pero en el auditorio de Jazz estaría George Benson el gran cantante y guitarrista de jazz que había escuchado 30 años antes en San Diego California en un Festival de Del Mar al norte de la zona metropolitana, mi hija tendría entonces 2 o 3 años y aun así disfruto de la música montada sobre mis hombros, aquel entonces pudimos escuchar a Paul Anka que ya estaba para entonces viejo y que aún vive y aun canta ¿?

Atravesamos todo el Hipódromo para llegar al extremo norte, y como el segundo concierto aún no se iniciaba logramos encontrar asientos en la tercera fila a unos pocos metros del escenario, ahí me senté y dije que no me movería, esperaría dos conciertos de jazz para ver a George Benson y que el Sr.  Blusero John Mayall a quien desconocía podría esperar para otros tiempos – terriblemente mala decisión de la que pronto me arrepentiría – y así disfrutamos esa tarde del espectáculo de Quiana Lynell cantante afroamericana ganadora de un gramy en años recientes que nos deleitó con su maravillosa voz, después Nicholas Payton también cantante con un quinteto de jazz y por fin George Benson y su peculiar forma de cantar, por algún lado tengo un DVD en el Festival de Jazz de Mountreaux Suiza donde Benson canta acompañado a otro gran cantante de Jazz con un estilo similar que desafortunadamente falleció hace no más de un par de años Al Jarreau.

Quisiera insistir que solo presenciamos 3 de un total de 90 conciertos tan solo de ese día, el domingo. Representa una mínima parte de lo que uno puede disfrutar en este tipo de festivales,  pero al fin el concierto termino a las 7 30 y teníamos que atravesar todo el hipódromo de norte a sur a tomar el camión que nos regresaría al centro de la ciudad y en nuestro caminar pasamos frente a la tienda de Blues donde el concierto seguía, entramos y logramos lugares en la segunda fila de aquellos que sentían que el concierto había terminado, y logramos escuchar 5 melodías lo que fue suficiente para entender  mi error pero a la vez agradecer a la divina providencia la posibilidad que me daba para escuchar a uno de los grandes John Mayalls.

En apariencia un anciano de posiblemente 80 90 años, tal vez no los habría cumplido aún pero las drogas le habían dejado con una apariencia física terriblemente afectada, pero por fortuna su oficio no, yo siempre he admirado a los ancianos que conservan la posibilidad de seguirse expresando en el arte y el oficio que conocen, uno de los grandes ejemplos lo tenemos en Zacatecas donde el Maestro Felgueres sigue pintando totalmente lucido después de cumplir los 90 y que podemos decir de Rafael Coronel que desde su estudio en Cuernavaca nos sorprendió en un reportaje que hiso la televisión de su carrera.

Esta historia continuara…

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