EL FIN DE LA TRANSICION VI PARTE - El Nopal
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EL FIN DE LA TRANSICION VI PARTE

Dr. José de Jesús Reyes Ruiz

EL FIN DE LA TRANSICION
VI PARTE

Para documentar mi pesimismo… y el de los demás

En las dos primeras partes de estas reflexiones, que plantean la hipótesis de que el abrumador triunfo de la izquierda del primero de junio; nos señala el fin de un prolongado proceso de transición a la democracia de 50 años de duración.

Expusimos – y en eso están prácticamente de acuerdo los expertos en el tema – que el 68 había detonado el inicio de un proceso – un parte aguas – que dio inicio a que la ciudadanía –  más que la clase política – entendiera que eran los tiempos de la transición hacia un sistema que si bien no era perfecto, era si el mejor para determinar la forma de gobernar a un pueblo.

Los tiempos que se siguieron desde entonces fueron difíciles y complicados en extremo, en los setentas persistió la represión del 68 con el Jueves de Corpus en el 71 y con la represión a la insurrección sureña liderada por los maestros de Ayotzinapa Genaro Vázquez y Lucio Cabañas que terminaron masacrados por las fuerzas del régimen.

En los ochentas hubo cambios con el objetivo de permitir que la oposición de la izquierda participara – aunque minoritariamente – de la misma forma que lo hacía ya desde décadas antes la derecha representada por el PAN. Pero esto no era en si suficiente, la insurrección importante nació dentro de las entrañas del partido único con la rebeldía del movimiento democrático encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo – entre otros – que culmino con su deserción  y la negociación con una izquierda dividida y fragmentada pero que supo que ese era el momento de cambiar al país y que con el liderazgo de Heberto Castillo que vislumbro las verdaderas posibilidades de unir fuerzas y declino a su candidatura conformándose el Frente Único que contendió ¡Y GANO! Las elecciones del 88 como lo aseguran los expertos con 7 puntos porcentuales por arriba del candidato oficial Carlos Salinas de Gortari, pero al que; con la caída del sistema y la mágica transformación de los resultados,  las cifras por la mañana del día después de las elecciones le darían un triunfo por más del 50% de la votación.

¡Y a otra cosa mariposa!

Salinas – el  innombrable – nunca ha sido un personaje  menor,  nadie ignora  sus capacidades, tecnócrata egresado de Harvard – a donde pudo entrar por tradición familiar más que por capacidades como el mismo lo acepta – había iniciado en el sexenio anterior del gris Miguel de la Madrid, un proceso transformador de la economía como entonces se impulsaba en el mundo entero. No nos olvidemos que un año más tarde – de su fraudulento triunfo – en el 89 con la caída del Muro de Berlín la Unión Soviética acepto su derrota – en los terrenos de la economía –  y ni tardos ni perezosos Los Estados Unidos se declararon triunfadores de la Guerra Fría – una victoria que realmente no le correspondía – y ello vino en paralelo con el advenimiento de un nuevo modelo económico conocido desde entonces como NEOLIBERALISMO en donde en esencia tendría que ponerse fin a los nacionalismos regionales, abrir las fronteras al mercado, reducir al máximo el concepto de Estado-Nación y dejar que el DIOS DINERO y su religión EL LIBRE MERCADO, así como sus iglesias EL BANCO MUNDIAL y el FONDO MONETARIO INTERNACIONAL, tomaran las riendas del nuevo mundo por venir. Todo era negativo para las izquierdas, para la idea de un socialismo real,  para la social democracia y claro para cualquier pensamiento de tipo comunista.

En el entorno nacional, Salinas sabía que no tenía legitimidad y que la necesitaba para poder asumir con todo el poder único que le permitiera una gobernabilidad absoluta. Por ello tomo; como ya lo hemos descrito dos caminos, por un lado meter a la prisión a la Quina y mostrar musculo en contra de uno de los personajes sindicales más fuertes e  importantes de su época, y por la otra negociar con la cúpula del PAN para que aceptaran su victoria, votaran por la quema de las boletas y a cambio compartieran el poder ya que sus intereses políticos y sobre todo económicos eran – con el advenimiento del neoliberalismo – bastante similares.

En estas condiciones una izquierda disminuida en el entorno local y dentro del sombrío escenario internacional no supo reaccionar en la forma en que la sociedad hubiera deseado, Cárdenas se entrevistó en secreto con Salinas y acepto sus condiciones – ¿A cambio de qué? No lo sabemos, no lo sabremos nunca. Por qué claro no fue a cambio de respeto ya que Salinas salió a reprimir al nuevo partido armado de la derrota el PRD logrando asesinar a medio millar de sus cuadros sobre todo en el sur del país. Y claro, parar cualquier tipo de oposición como fue negarle el registro – por sus pistolas – al Foro Democrático y Doctrinario donde una fracción del PAN que no había estado de acuerdo con los acuerdos (valga la redundancia) Salinas-Diego armados por Gutiérrez Barrios y la conformación de partidos nuevos paleros del PRI como el PT y el VERDE.

Así llegaron los noventa, lo que no pudo entender el in innombrable es que la sociedad no se iba a quedar sentada en sus laureles. Él propagaba el advenimiento del primer mundo para México, entendió que para competir con los países del este europeo que con la caída del Muro iba a requerir de toda la ayuda que occidente estuviera dispuesto a entregar, tenía que aceptar la idea inicialmente de Bush padre, de armar un Tratado de Libre Comercio, por lo que se dio a la tarea de lograrlo sin importar la cantidad de recursos que tuviera que gastar – nuestro país no él – y le vendió la idea a la clase media y de ahí para arriba que ¡ESE! era el camino. La resistencia de la izquierda sobreviviente no se hiso esperar, como olvidar al Dr. Nava de SLP a Samuel Ruiz Obispo de San Cristóbal y al propio Cuauhtémoc Cárdenas en el auditorio de la Facultad de Derecho de la UAZ tratando de argumentar el por qué no al TLC mientras las autoridades de los 3 países participantes se reunían en el Hotel Quinta Real y firmaban los acuerdos finales.

El tratado entro en función el 1 de enero del 94, todo parecía perdido pero una luz de esperanza aparecía en el sureste EL LEVANTAMIENTO ZAPATISTA, EL EZLN con un poeta de líder y un mundo indígena marginado desde siempre. No todo era miel sobre hojuelas para Salinas y ese año se devino el desastre  para su gobierno,  el asesinato del candidato del PRI – aun irresuelto – el de Ruiz Massieu y el del Cardenal Posadas, que claramente la dijeron a México y al Mundo que éramos aun – y lo seriamos por mucho tiempo – un país tercermundista y subdesarrollado. El miedo que estas circunstancias introdujo fue suficiente para que el candidato oficial substituto Ernesto Zedillo triunfara con una importante mayoría sobre un disminuido Cuauhtémoc Cárdenas que iba por un segundo intento.

La escenografía de nuestra entrada al primer mundo estaba prendida con alfileres y estos se desprendieron fácilmente cuando Salinas dejo el poder – o los quitaron ingenuamente, ¿cómo saberlo?  – el tlatoani entrante entro en pánico al entender la verdadera situación económica y la parálisis le impidió reaccionar y se vino el error de diciembre y el hundimiento de nuestra economía, todavía hoy en día se culpan uno al otro Salinas y Zedillo que se convirtieron por ello en archienemigos.

Todo esto contribuyo para que una sociedad verdaderamente “encabronada” – no hay forma mejor de decirlo – reaccionara y exigiera un cambio, cambio que se logró 3 años más tarde con el triunfo de la izquierda en el 97 en la posición más importante después de la del presidente, la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal, que en una sociedad  – la capitalina – más progresista que cualquier otra, dijera un absoluto ¡NO MAS!  Y decidiera desterrar al otrora partido único para no aceptarlo jamás – hasta la fecha – Cuauhtémoc Cárdenas se alzó como el vencedor y de facto el principal opositor al régimen de Zedillo que además perdió la mayoría en la cámara de diputados – cosa nunca vista – y con ello vio reducido al máximo su poder a 3 años de dejar la presidencia.

Y claro que hubo cambios en las leyes electorales, pero estos nunca han sido suficientes, siempre se han quedado cortos dejando que los usos y costumbres de hacer la política por parte de los actores de siempre, se den las mañas para seguir haciendo y deshaciendo siempre en los terrenos de la ilegalidad.

Y mientras la izquierda seguía haciendo el trabajo duro, la derecha agazapada esperaba aprovecharlo para sus propios beneficios, siempre a sabiendas de que las elites del poder difícilmente aceptarían un cambio de esquema real sobre todo en lo económico que pudiera retirarles las prebendas y concesiones que siempre habían tenido, ni mucho menos los privilegios que el poder político les ofrecía

EL PAN que se había fracturado a finales del 88 con el pacto con Salinas, pero que había comenzado a gobernar – gracias al acuerdo – en Baja California con Rufo, en Guanajuato con Fox y en la capital de Yucatán, había sido invadido por los empresarios del norte – como el mismo Clouthier – personalidades con poca ideología y muchos intereses que finalmente decidieron nombrar como candidato a un gerente regional de la Coca Cola que había llegado a gobernar como interino Guanajuato y fue así como llego Vicente Fox.

Esta historia continuara

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