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FRENA Y ¡ES LA BOA!
Con música tropical…
II parte
“Que mis enemigos sean fuertes y bravos para que así yo no siente remordimiento al derrotarlos”
Proverbio Sioux
Dr. José de Jesús Reyes Ruiz

Para documentar mi pesimismo… y el de los demás

Hace apenas una semana, reflexionábamos sobre la conformación de grupos anti-López-Obradoristas como el perfectamente identificado FRENA (Frente Amplio Anti AMLO) y el de la BOA (Bloque Opositor Amplio) que ha sido negado por los opositores al régimen y que los medios lo han comentado como un ardid del propio gobierno federal o de alguno de sus subalternos por extraño y paradójico que esto parezca.

Sea como fuere, la oposición se intenta organizar pero desafortunadamente – porque una democracia requiere una oposición fuerte – no lo logra. El PAN apenas cuenta con el espectro fantasmal de un PRD que es ya historia; MC, con Alfaro al frente y Dante de dueño, sienten que pueden lograr más solos, y en un descuido terminan por realizar acuerdos – Dante, no Alfaro – con el gobierno de Andrés Manuel: y el PRI brilla por su ausencia pero todo indica que también llegara a realizar acuerdos con quien gobierna para rescatar algo de la estructura de poder.

Dentro de este escenario, y en la víspera de las elecciones intermedias, donde la propuesta de Aguilar Camín – quien llamó pendejo al Presidente – es – como es entendible que sea – acabar con el liderazgo de MORENA en ambas cámaras en el 2021 y revocar el mandato de López Obrador en el 2022 no antes como lo dijo el Sorianito y muchos más a los que no se les puede llamar de otra forma que golpista detractores de una democracia que nuestro país apenas comienza a vivir.

Y todo ello afirmando que es AMLO quien polariza al país en dos bandos: los liberales y los conservadores, y aquí en esta plataforma hemos demostrado que esta polaridad existe desde los tiempos de los primeros partidos políticos que en realidad eran Logias Masónicas: la Escocesa formada por centralistas y conservadores (Nicolás Bravo, Lucas Alamán, Santa Anna y muchos más, respaldados por las elites económicas y las jerarquías de la iglesia católica) frente a la Logia Yorkina (liderada por Ramos Arizpe, pero compuesta de personalidades como Vicente Guerrero y tantos más liberales y federalistas) y el árbitro y mediador de aquellos tiempos (1823) Guadalupe Victoria.

Estos grupos se enfrentaron con todo ganando -unos y otros- la Presidencia de la Republica y con ella el poder que se alternaban como pelota de tenis y llevándose entre las patas al país, su economía, su desarrollo, su progreso y siendo repudiados – porque así fue – por una gran parte de la sociedad mexicana que veía que la disputa por el poder no era por el bien de México sino por el de ellos mismos.

“El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente” y así el triunfo final de los liberales en la Guerra de Reforma se basó en la auto imposición de Juárez en la Presidencia de la Republica, y el fraude – al decir de muchos – que se dio sobre González Ortega en el inicio de la segunda mitad del siglo (XIX) (pero sobre todo con la idea de eternizarse en el poder lo que no logro por que la muerte le visitó en forma prematura); después otro liberal de origen Porfirio Díaz, si logro eternizarse en el poder y terminar siendo un conservador a ultranza enemigo no solo de cualquier forma de democracia sino de cualquier forma de libertad, tendiendo alianzas con las cúpulas empresariales y perdiendo de vista a los de abajo.

¡Ah! pero aquellos para muchos fueron tiempos de progreso! México se dejó ver en el concierto de las naciones y el Síndrome Porfirista sería – sobre esto argumentare más profundamente en mis próximas reflexiones – lo que en mi forma de ver domina a los intelectuales orgánicos liderados por Aguilar Camín, Enrique Krause, Silva Herzog Leo Zuckerman entre otros, y claro los editorialistas liderados por Carlos Loret de Mola quien por cierto tendría que estar en la cárcel por el asunto de la francesa.

Y no se diga personajes nefastos como Alasraqui y tantos más.

Son personas que nacieron en cuna de oro, que se prepararon en universidades particulares, que viajan por el país pero a las capitales – en el mejor de los casos – a dar conferencias, o a los grandes hoteles en los sitios de playa a pasar sus merecidos descansos, pero que nunca – y permítanme insistir – nunca se han bajado a ras de tierra a platicar con el verdadero pueblo, el que sufre las inequidades y las carencias. Por esto ellos eran felices con los gobiernos neoliberales como habrían sido felices en los tiempos de Porfirio Díaz, pero esta es otra historia en la que nos adentraremos más adelante.

En contraste con personajes que si entraron en contacto con el pueblo como Carlos Monsivais o Elena Poniatowska.

En algo, ellos del otro lado de la línea y nosotros del lado de la 4T – con todo y sus defectos, y ya no se diga las pifias de López Obrador que hemos denunciado con toda claridad – liberales, que no aduladores de quien está al frente, tendremos que aceptar – ambos bandos – la enorme inequidad que ha ido creciendo progresivamente sobre todo en las épocas neoliberales que sumaron gobiernos del PRI y del PAN durante 35 años, eso es de alguna forma innegable, como también es innegable – solo hace falta revisar sus editoriales de esos tiempos – de la admiración que tenían sobre el milagro de la dictadura de Pinochet.

En México vivimos también el milagro de los gobiernos del PRI antes de Salinas y el crecimiento de más del 6 por ciento anual de la economía. En Chile vivieron el milagro de la economía de la dictadura, pero de lo que no se hablaba mucho -o casi nada- era de la falta de libertades en uno y en otro país. Nosotros conocemos nuestra historia, pero poco se habla de la historia de Chile y la enorme inequidad que creció bajo el fantasma de las maravillas logradas en la macroeconomía chilena, poco se dijo del desmantelamiento de la salud y la educación pública, para tener acceso a la salud por aquellas latitudes se tenía que tener recursos y los jóvenes se endeudaban exponencialmente para acceder a una educación universitaria.

Se desmanteló el régimen de pensiones instalando las tan envidiadas Afores que si bien conformaron un ahorro utilizado cuando les dio la gana a los de arriba, terminaron por acabar con la pobre capacidad económica de los jubilados que veían caer sus ahorros con cada aventura inversionista decidida por quienes manejaban sus dineros siempre a sus espaldas y que aun y cuando perdieran no dejaban de cobrar sus respectivas comisiones altas en perjuicio de la clase trabajadora.

El Chile posterior a la caída de la dictadura no quiso, no se animó, a desmantelar el sistema que tantos éxitos – de vitrina – habían mostrado al mundo; pero aquí pudimos escuchar a tantos chilenos que, huyendo del régimen genocida, se habían venido a refugiar a nuestro país. Fue así como nos dimos cuenta desde hace mucho, que la realidad chilena era muy diferente a como la contaban nuestros editorialistas y nuestros intelectuales orgánicos.

Pablo Neruda, el gran poeta chileno se hubiera muerto una y otra vez al ver en qué se había convertido su nación. No nos olvidemos que cuatro días después del asesinato de Allende muere de tristeza sin tener el tiempo de abordar el avión que México había enviado explícitamente para sacarlo del país junto con la esposa del presidente democráticamente electo y caído frente al golpe de estado pinochetista respaldado por Kissinger y los Estados Unidos.

No me olvido – y aun me provoca un sabor desagradable en la boca – que hace dos o tres lustros, en la Opening Receptión de algún Congreso de Neurocirugía no recuerdo si en San Francisco, San Diego o Seattle, mi buen amigo entonces presidente de la Sociedad Mexicana de Neurocirugía Ernesto Martínez Duart, de mi generación pero egresado del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE y yo del Centro Médico Nacional del IMSS, nos presentó al dirigente de la Sociedad Chilena de Neurocirugía y personas que le acompañaban. Eran los tiempos en que habían detenido a Pinochet en Londres sin que Margaret Teatcher pudiera hacer nada al respecto por órdenes del Juez Baltazar Garzón de España.

Se me ocurrió festejar el suceso y se me fueron encima aludiendo que yo no podía opinar de algo que desconocía, porque claramente eran admiradores de Pinochet. Eran los tiempos en que se comenzaba a escuchar el término de Aldea Global y un poco molesto contesté aludiendo que mi país había recibido cientos de refugiados chilenos. La conversación se puso difícil y mi buen amigo diplomáticamente intervino impidiendo que las cosas subieran de tono.

Pero la realidad fue que después de Pinochet se alternaron gobiernos de izquierda – los más – y de derecha – los menos – pero las cosas poco cambiaron y la tensión de la base de la pirámide creció hasta estallar hace no más de un año en las protestas que nadie pudo imaginar y que solo se controlaron con la aparición de la pandemia pero que resurgen hoy en día.

Sebastián Piñeira, presidente por segunda ocasión, persona conservadora y de derecha, reprimió con todo la protesta social y sus niveles de aprobación bajaron a un increíble 6 por ciento. Para su fortuna, la Pandemia, con su cuarentena de tres largos meses logró controlar un poco el enojo social que ahora está de vuelta en las calles sin importarles un comino la sana distancia y no sabemos cómo vaya a terminar todo esto, pero los jóvenes salen a exigir sobre todo los sistemas de salud y de educación planteados en tiempos de Allende.

Pero claro de todo esto no hablan nuestros editorialistas enfocados a cuestionar hasta la forma de respirar del presidente y todo lo que hace. Ya veremos que resulta del futuro inmediato, pero seguiremos reflexionando al respecto.