Dr. Ricardo Monreal Ávila
Revolución violeta
Como parte de un proceso dialéctico en el marco de la Revolución violeta que está transformando a México, el sábado pasado vimos las marchas feministas más nutridas en la historia del país, desde que el 8M o el Día Internacional de las Mujeres se conmemora de manera masiva y libre en la plaza pública.
Es un movimiento auténtico de la sociedad civil, convocado en redes y liderado por colectivas feministas. La CDMX fijó en 200 mil el número de participantes, con el menor número de fuerza policial desplegado a lo largo del recorrido.
Como nunca, se hicieron escuchar las voces que buscan, entre otros logros, la igualdad en México. Las multitudinarias contingentas partieron rumbo al Zócalo capitalino, no sólo para conmemorar la efeméride, sino para demandar de manera abierta y contundente lo que, hasta la fecha, la sociedad y el Estado mexicano les sigue adeudando: seguridad y respeto.
La ola violeta marchó durante cuatro horas para protestar y visibilizar los flagelos de las mujeres del México de hoy: el machismo, la violencia vicaria, el feminicidio y las desapariciones. Lo hizo por las mismas calles de las marchas oficiales del Día del Ejército, del de la Independencia de México o del de la Revolución mexicana, pero estas de la sociedad civil van en sentido contrario: de poniente a oriente. Marchan a contracorriente, porque así, contra la corriente de las instituciones responsables de garantizar seguridad e impartir justicia, las mujeres mexicanas agraviadas se han ido abriendo paso.
Sin duda, fue una muestra de la enorme batalla cívica que las mujeres han librado. No es la igualdad de derechos políticos lo que prevalece en el discurso de la actual movilización femenina, se trata de la demanda de condiciones específicas para su seguridad, ante la creciente ola de feminicidios que ha azotado al país en los últimos años.
No obstante, ha habido logros sustantivos en materia de igualdad de oportunidades y del libre ejercicio de los derechos políticos de las mujeres. Sus avances en la política mexicana, comenzando por la elección de la primera Presidenta, son históricos. En el marco de los procesos democráticos de 2024, se observa un verdadero hito de la participación femenina en el sistema político.
La representación femenina en cargos legislativos y ejecutivos también da cuenta de ello; en el Congreso se alcanzó la paridad, con 251 diputadas (el 50.2 %) y 64 senadoras (el 50 %). Por otro lado, México cuenta actualmente con 12 gobernadoras, siendo la primera vez que una mujer ocupa este cargo en 10 entidades.
Lo propio se observa en cargos municipales y en el gabinete de la Presidenta Claudia Sheinbaum, que incluyó a mujeres en secretarías clave, como Gobernación; de la Función Pública; de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación; de Medio Ambiente y Recursos Naturales; de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano; de Energía; de Bienestar; de Turismo, y de las Mujeres, además de la Consejería Jurídica. Y en el Gabinete ampliado hay más de 20 mujeres.
Este panorama es muestra de un avance en la representación política femenina en México, pero, lamentablemente, las agresiones a las mujeres son una constante y continúan siendo un terrible flagelo social. La violencia que padecen se presenta desde los círculos más próximos, dentro de la familia, y se extiende hacia el ámbito académico y laboral.
La lucha por lograr el respeto y la igualdad sustancial, así como el cese a la cultura de imposición y dominio patriarcal recorre todo el territorio nacional. El machismo encuentra en el feminicidio el colofón de una serie de prácticas de violencia sistemática, articulada para someter la voluntad femenina. Este sometimiento limitó considerablemente la participación de las mujeres en la vida pública de nuestro país y circunscribió su papel al ámbito de la labor doméstica imponiendo, por ejemplo, la crianza de las y los hijos como una cuestión inherente a ellas.
La sociedad mexicana en su conjunto debe procurarse la modificación en sus formas de reproducción simbólica y replantear ciertos tipos de educación tradicional, que hasta el momento perviven en el seno de muchas familias y comunidades. Asimismo, se tiene que caminar por la vía de la transformación cultural de nuestro país, aboliendo el sistema patriarcal que, en sus formas más extremas, menosprecia la vida y la dignidad de las mujeres, en una sociedad sin escrúpulos que ha normalizado la violencia y que manifiesta, ante hechos recurrentes y despreciables, insensibilidad y poca capacidad de indignación.
En este tenor, me tocó ver el sábado a familias completas marchando por las avenidas Juárez y Reforma; padres de familia mostrando carteles con mensajes contundentes: “Marcho con mis hijas hoy, para no marchar por su desaparición mañana”. O el cartel de una joven universitaria: “A mí también me gustan las mujeres y no las acoso”. O el de la madre buscadora de dos hijas desaparecidas: “No llegaron todas; me faltan mis hijas”.
A las y los gobernados nos toca hacer conciencia, promover la cultura del reconocimiento, respeto y protección de los derechos humanos, principalmente los de las niñas y las mujeres, e impulsar la reflexión y las acciones necesarias para poner fin a la violencia en todos los ámbitos, procurando que escenarios semejantes no se reproduzcan en el futuro.
A la altura de la librería Porrúa, sellada por cortinas de acero, un vendedor de libros tenía sobre la banqueta textos sobre el feminismo contemporáneo. Le compré uno: Tu argumentario feminista en datos; 150 razones para combatir el machismo, de Júlia Salander, edición para México, de editorial Montena.
Es un glosario de lo espeluznante. “A los 18 meses ya se aprenden los estereotipos de género”, “El 11 % de los anuncios de juguetes sexualiza a las niñas”, “En 2021, solo 13 bebés tuvieron como primer apellido el de la madre”, “Si naces mujer, a las 48 horas te perforan las orejas”, “3 de cada 4 mexicanas experimentan el síndrome de la impostora”; “el 56 % de las adolescentes cree en el mito de la media naranja”; “el 25 % de los hombres cree que los celos son prueba de amor”; “Más de 111,889 mujeres han sido reportadas como desaparecidas en México”; “3 de cada 4 asesinatos machistas ocurren en días festivos o fines de semana”. Contra todo esto se protestó el sábado. La revolución violeta sí está transformando a México.
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