La silla también es nuestra: Liderazgo femenino en cargos estratégicos
Durante décadas, el poder político y administrativo en México ha tenido un rostro predominantemente masculino. La toma de decisiones estratégicas —esa que define rumbos, asigna recursos y transforma realidades— ha estado limitada por estructuras patriarcales que han negado a las mujeres su lugar legítimo. Pero hoy, con el impulso de la Cuarta Transformación y el despertar de una conciencia social feminista, las cosas están cambiando. Lentamente, pero con firmeza.
En Zacatecas, como en muchas partes del país, las mujeres hemos llegado para quedarnos. Estamos ocupando espacios donde antes se nos cerraban las puertas. Hoy no sólo participamos: lideramos. Desde secretarías clave hasta direcciones técnicas, desde el diseño de políticas públicas hasta la administración de recursos, somos parte activa de la nueva forma de gobernar.
Liderar desde otra mirada
El liderazgo femenino no es una copia del modelo tradicional. Tiene una lógica propia: más horizontal, más empática, con una comprensión profunda de las desigualdades y una apuesta clara por la inclusión. Las mujeres que ocupamos cargos estratégicos sabemos que la silla —ese símbolo del poder institucional— no es un fin en sí mismo. Es una herramienta para servir, transformar y abrir camino a otras.
No se trata sólo de contar cuántas mujeres están en el gabinete o en la alta dirección, sino de qué decisiones toman, con qué enfoque y a favor de quiénes. El verdadero poder transformador no está en ocupar el lugar, sino en cambiar la forma en que se ejerce.
Desafíos persistentes
Claro que no ha sido fácil. La resistencia al liderazgo femenino sigue presente, a veces disfrazada de burocracia, otras de discursos aparentemente técnicos. Muchas veces se nos exige más, se nos vigila más, se nos cuestiona más. Pero cada obstáculo que enfrentamos también reafirma nuestra determinación: no estamos aquí por cuota, sino por capacidad y compromiso.
También es urgente seguir fortaleciendo redes de apoyo entre mujeres. El acceso a cargos estratégicos debe dejar de ser la excepción y convertirse en una norma. Y esa norma debe construirse con políticas claras: desde la formación y promoción profesional, hasta la conciliación de la vida laboral y personal, pasando por un combate frontal al acoso y la violencia institucional.
La silla también es trinchera
Ocupar una silla de liderazgo como mujer es, en muchos sentidos, ocupar una trinchera. Una desde donde se lucha por presupuestos con perspectiva de género, por programas que dignifiquen el trabajo de cuidados, por mecanismos reales de participación ciudadana. No estamos aquí para reproducir el statu quo, sino para subvertirlo, para volverlo más justo, más humano.
Y sí: la silla también es nuestra. No porque nos la hayan cedido, sino porque la hemos ganado. Porque tenemos la capacidad, la visión y, sobre todo, la convicción de transformar desde dentro.
Hoy más que nunca, México necesita liderazgos valientes, éticos y comprometidos con la justicia social. Y muchas de esas cualidades tienen rostro de mujer.
M.F. María del Carmen Salinas Flores
Secretaria de Administración



