Skip to main content

¿La gordofobia existe, o solo es un constructo social para justificar la obesidad?
En las últimas décadas, el término “gordofobia” ha ganado una presencia notable en el discurso público, especialmente en espacios académicos, activistas y mediáticos. Su popularización no ha sido casual: emerge en un contexto donde las luchas de identidad buscan visibilizar formas históricas de exclusión y violencia simbólica. Sin embargo, la expansión del concepto también ha generado tensiones, pues en muchos casos ha sido utilizado más como una herramienta ideológica que como una categoría analítica rigurosa. El cuerpo deja de entenderse únicamente como una realidad biológica y pasa a concebirse como un constructo social atravesado por relaciones de poder. Desde esta perspectiva, el cuerpo con sobrepeso es interpretado no como una condición de salud, sino como una identidad oprimida por un sistema normativo que privilegia ciertos estándares estéticos. La obesidad hasta cierto punto refleja descuido personal incluso baja autoestima, también puede ser por cuestiones de alguna enfermedad y también puede ser hereditaria. La delgadez extrema tampoco es saludable, el junto medio es en donde encuentras tu peso ideal basándose en tus características físicas y estándares de salud.
El discurso lleno de ideología, dice que el cuerpo delgado se asocia al privilegio y el cuerpo gordo a la opresión. Esta simplificación permite articular un relato político eficaz, pero al mismo tiempo reduce la complejidad del fenómeno corporal y de la salud, desplazando el análisis médico hacia un terreno puramente simbólico.
Uno de los principales problemas del discurso ideológico sobre la “gordofobia” es su tendencia a confundir la crítica al estigma con la negación de los riesgos asociados al sobrepeso. Bajo la consigna de “todos los cuerpos son válidos”, se promueve una narrativa que equipara cualquier señalamiento médico con violencia simbólica, transformando el lenguaje clínico en un acto de opresión.
Este sesgo en el discurso convierte la ciencia en sospechosa y el dato duro en una forma de agresión. En consecuencia, la obesidad deja de ser entendida como un problema de salud pública multifactorial que incluye variables genéticas, económicas, culturales y conductuales y pasa a ser tratada exclusivamente como una construcción social impuesta por el capitalismo, la moda o los medios de comunicación, ahí está el problema.
Esta identidad no solo denuncia la discriminación real, sino que en algunos casos se utiliza para bloquear cualquier debate incómodo. La responsabilidad individual, los hábitos de vida y las decisiones personales quedan relegados, pues cuestionarlos implica, dentro del marco ideológico, reproducir la opresión. Así, el discurso deja de ser emancipador y se vuelve dogmático, sustituyendo el análisis por consignas.
Podríamos concluir que la gordofobia, entendida como discriminación y estigmatización hacia personas con sobrepeso, es un fenómeno real y merece ser combatido. No obstante, el discurso ideológico contemporáneo ha tendido a expandir el concepto hasta vaciarlo de precisión analítica, utilizándolo como un escudo frente a la crítica racional y la evidencia médica. El desafío actual no consiste en elegir entre respeto o ciencia, sino en articular un discurso que reconozca la dignidad humana sin negar la biología, que denuncie la humillación sin glorificar la enfermedad y que fomente la responsabilidad sin caer en la culpa.

Mtra. Adriana Bujdud Nassar
Consejera de Imagen Profesional