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Dr. Ricardo Monreal

México-EE. UU., un año de relación atípica

Recién se cumplió el primer año del segundo mandato del presidente de Estados Unidos (EE. UU.), Donald Trump (lo que se conoce como Trump 2.0). ¿Cómo ha sido la relación entre ese país y el nuestro en estos doce meses? Este relativamente breve periodo de gobierno del inquilino de la Casa Blanca (2025-2026) ha estado marcado por una relación bilateral caracterizada por fuertes tensiones en comercio, migración y seguridad, aunque también deben destacarse los momentos de cooperación, como en los temas energéticos, y los gestos de reconocimiento político. Por principio de cuentas, si bien han predominado los choques y presiones, también se suscitaron algunas señales positivas hacia la presidencia de la Dra. Claudia Sheinbaum, lo que se tradujo en la posibilidad de continuar por la vía del acuerdo.

Para usar un término lo más descriptivo posible, se puede afirmar que la relación bilateral durante el último año ha sido “atípica”, dentro de la historia de más de 200 años de relaciones diplomáticas entre ambas naciones. No fue la experiencia traumática de la guerra de 1846-1848, tras la cual perdimos casi dos millones de kilómetros cuadrados (extensión similar a la de Groenlandia), pero tampoco la de la “buena vecindad” que caracterizó a los años sesenta del siglo pasado, cuando tuvimos el programa Bracero y la Alianza para el Progreso.

En estos doce meses tuvimos claroscuros.

Los claros: pasamos a ser el primer importador de productos Made in USA y el primer exportador a EE. UU. de productos “Hecho en México”; también registramos el menor flujo de emigrantes de nuestro país hacia la Unión Americana, y en los últimos 25 años, el mayor ingreso de turistas del vecino país, además del mayor número de estadounidenses residiendo fuera de su territorio. La tuerca de la integración dio una vuelta completa al tornillo.

Otro de los aspectos positivos es el reconocimiento político hacia México. El gobernante estadounidense ha dirigido, en no pocas ocasiones, elogios a la presidenta Claudia Sheinbaum. Esto suavizó en su momento la narrativa y alejó un poco el tono único de confrontación, seguramente también con la conciencia de los altos índices de respaldo con que cuenta nuestra mandataria por parte del pueblo de México.

Además, la cooperación en seguridad no se ha detenido. Hubo coordinación, entre otros casos, en extradiciones de narcotraficantes y en operativos conjuntos contra el crimen organizado. Y estuvieron también los acuerdos energéticos puntuales, pues, a pesar del contexto marcado por las tensiones, se lograron negociaciones en materia de suministro y otros proyectos que benefician a ambos países.

Del mismo modo, el diálogo constante ha sido una variable positiva, ya que se mantuvieron las llamadas y los encuentros diplomáticos, lo cual coadyuvó a evitar una ruptura total en la relación o un eventual aumento de las tensiones.

Los oscuros: también son notables y tienen que ver con el tema de la seguridad, el combate a los cárteles de la droga (especialmente del fentanilo) y las reiteradas propuestas y amagos para que ingresen tropas estadounidenses a territorio mexicano a combatirlos, algo que nuestra presidenta ha rechazado una y otra vez, de manera firme y reiterada, ofreciendo a cambio cooperación, colaboración y coordinación para enfrentar ese flagelo. “Cooperación, sí; subordinación, no”.

Lo más probable es que se sigan registrando peticiones y planteamientos para una participación in situ de las fuerzas armadas estadounidenses, secundados por el gen polkista dominante de algunos de nuestros compatriotas.

Entre los aspectos negativos también podemos mencionar la política arancelaria y proteccionista estadounidense que afectó el cúmulo de exportaciones mexicanas, especialmente en los sectores automotriz y agrícola.

Otro elemento son las tensiones diplomáticas, multiplicadas en cierto grado por las declaraciones del mandatario estadounidense, que ha manifestado (en un contexto de relaciones internacionales de realismo ofensivo, pero también de decisionismo y hasta autoritarismo) una serie de cuestiones sobre migración, propiedad de los recursos naturales y seguridad nacional transfronteriza, que pueden llegar a complicar cualquier intento de consenso bilateral.

De igual manera, ha contribuido a elevar las tensiones el tema de la crisis hídrica y las disputas comerciales. Recuérdese la presencia de conflictos por el manejo de recursos compartidos y las disputas que se vienen arrastrando en el marco del T-MEC.

Respecto de esto último, la revisión del Tratado precisamente durante el primer semestre de este 2026 es un estímulo muy fuerte para que estos planteamientos se intensifiquen. Asimismo, la Estrategia de Seguridad Nacional 2026 presentada en diciembre pasado en el Capitolio reconoce abiertamente que las negociaciones comerciales y diplomáticas pasarán por una especie de verificación para validar que el combate a las “organizaciones narcoterroristas extranjeras” es una prioridad nacional en los países socios.

Es decir, ya no existe aquel principio de negociación que planteaba “no contaminar” temas comerciales con asuntos de otra naturaleza (seguridad, migración, energía, derechos humanos, etc.); por el contrario, hoy todos los temas son variables dependientes y subordinadas del tema nodal: seguridad nacional, y este es un cambio de enfoque que no existió en su momento en la negociación del TLCAN.

La segunda mitad de 2026 también estará marcada por un evento de política interior estadounidense, que será la elección de medio término del martes 3 de noviembre, cuando se elegirán 36 gubernaturas, 33 senadurías (un tercio del Senado) y toda la Cámara de Representantes (435 diputaciones federales), comicios que desde ahora se prevén altamente competidos, y en cuyo marco México podría ser convertido en tema de agenda electoral.

En este año de relación atípica, la característica más notable, sin duda, es cómo la presidenta Claudia Sheinbaum ha sabido enfrentar las presiones y pretensiones de nuestro vecino, con cabeza fría, pero también con una estrategia de dignidad y firmeza diplomáticas, avalada y arropada por la aceptación y el apoyo de la mayoría del pueblo de México, sin el cual ningún mandatario en el país hubiese salido adelante.

ricardomonreala@yahoo.com.mx<br /> X: @RicardoMonrealA