DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER, COMPROMISO Y CAUSA
Por: Isadora Santivañez Ríos
Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que trasciende lo meramente simbólico para convertirse en un espacio de reflexión, memoria y acción. No se trata únicamente de celebrar los logros alcanzados por las mujeres en distintos ámbitos de la vida social, política, económica y cultural, sino también de reconocer las luchas históricas que han permitido abrir caminos hacia la igualdad y de visibilizar los desafíos que aún persisten.
El origen de esta conmemoración se encuentra en las manifestaciones obreras de mujeres a finales del siglo XIX y principios del XX, especialmente en Estados Unidos y Europa, donde exigían mejores condiciones laborales, reducción de jornadas extenuantes y el derecho al voto. Aquellas demandas marcaron un precedente que, con el tiempo, se transformó en un movimiento global por la justicia y la equidad de género. Hoy, el 8 de marzo es reconocido por la Organización de las Naciones Unidas como un día para promover la igualdad y los derechos humanos de las mujeres. No es una fiesta, no debe ser un acto de felicitación por ser mujeres y sobrevivir en un mundo machista y excluyente, es reflexión, es conmemoración, es memoria, es acción constante y permanente.
En las últimas décadas, las mujeres han conquistado espacios antes negados: lideran empresas, ocupan cargos políticos, destacan en la ciencia, el arte y el deporte. Sin embargo, la realidad muestra que aún existen brechas significativas. La violencia de género, la desigualdad salarial, la falta de representación en puestos de toma de decisiones y los estereotipos culturales continúan limitando el pleno desarrollo de millones de mujeres en el mundo.
Aun en la actualidad la violencia en contra de las mujeres es una realidad y se sigue normalizando, con actos latentes y cotidianos como la cosificación de las mujeres que participan en la política, los señalamientos que vinculan su crecimiento profesional con las relaciones personales o sentimentales que pueda tener, la crítica constante por convivir rodeada de un mundo dominado por los hombres, la invisibilización e invalidación de su trabajo, la falta de reconocimiento a sus capacidades y capital político, entre muchos otros temas que afectan de manera constante y permanente su crecimiento, estabilidad y equilibrio profesional.
Dentro del sistema patriarcal la mujer que señala, que piensa con libertad, que expresa sus emociones, que no se deja manipular, que no es sumida y obediente, que es disruptiva, se vuelve incomoda, rebelde, incontrolable y eso, eso es justo lo que debemos buscar ser, libres, independientes, seguras, emancipadas y determinadas.
El Día Internacional de la Mujer nos recuerda que la igualdad no es un privilegio, sino un derecho. Implica reconocer la diversidad de experiencias femeninas y garantizar que todas las mujeres, sin importar su origen, condición social, orientación sexual o edad, puedan vivir libres de discriminación y violencia.
La conmemoración del 8 de marzo no debe reducirse a mensajes superficiales o gestos aislados. Es una invitación a la acción colectiva: gobiernos, instituciones, empresas y ciudadanía tienen la responsabilidad de construir sociedades más justas e inclusivas. La educación en igualdad, la creación de políticas públicas con perspectiva de género y la promoción de liderazgos femeninos son pasos fundamentales para transformar la realidad.
El Día Internacional de la Mujer es un recordatorio de que la lucha por la igualdad continúa. Es un día para honrar a quienes nos precedieron en la defensa de los derechos, para reconocer a las mujeres que hoy transforman el mundo desde distintos espacios y para asumir el compromiso de seguir construyendo un futuro donde la equidad sea una realidad tangible. Más que una celebración, es una jornada de conciencia y acción que nos invita a no olvidar que la justicia de género es un pilar indispensable para el progreso de la humanidad.


