Amar. Amar por el amor. Amar sin quizás ni sin embargos ni emperos ni no obstantes. Amar sobre la cuerda floja, en el filo del abismo, en el borde del acantilado, a las puertas de la incertidumbre, en el vértice de un camino que se bifurca.
Amar con elocuencia, con anteojos transparentes, con el termostato a veintitrés grados centígrados, con creatividad de escritor de novelas románticas, con fe de fanático religioso, con ritmo de música de videojuego, con lógica onírica, con la confianza de alpinista en su linea de vida, con convicción de incrédulo.
Amar como la desconocida de Stefan Zweig: "sumergida en fuego".


