Julieta del Río
La importancia de saber para poder cuidar el agua
El agua es un recurso natural, un derecho humano y un elemento esencial para la vida, la salud y el desarrollo. En el marco del Día Mundial del Agua, vale la pena detenernos no solo a reflexionar sobre su cuidado, sino también sobre algo que suele pasar desapercibido, el acceso a la información en torno a su gestión.
Hablar de agua en México es hablar de desigualdad, pero también de una crisis que ya es medible. Tan solo en 2024, el 88% del territorio nacional registró al menos un periodo de sequía, de acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua. Además, México se encuentra entre los países con alto estrés hídrico, al utilizar más del 40% de su agua disponible cada año.
A esto se suma un dato revelador: cerca del 77% del agua en el país se destina a la agricultura, mientras que el tratamiento y reutilización del agua sigue siendo limitado.
Pero cuando bajamos la mirada al ámbito local, la situación se vuelve aún más crítica. En Zacatecas, por ejemplo, la crisis hídrica dejó cifras alarmantes: en 2024 las presas llegaron a niveles cercanos al 38% de su capacidad, muy por debajo de años anteriores, y hasta el 70% del territorio estatal registró condiciones de sequía extrema o severa.
Esto no es solo un problema ambiental, es un problema de información. Porque frente a estos datos, la pregunta es inevitable: ¿sabemos realmente cómo se está gestionando el agua?, ¿quién la usa?, ¿en qué condiciones?, ¿con qué resultados?
Durante años, desde los espacios institucionales en los que tuve la oportunidad de participar, pude constatar que el acceso a la información es una herramienta fundamental para garantizar derechos. En materia hídrica, esto no es la excepción. Saber cómo se distribuye el agua, quiénes son los concesionarios, cuánto se invierte en infraestructura, cuáles son los niveles de contaminación o cómo se toman las decisiones en torno a su uso, no es un lujo: es una necesidad democrática.
La transparencia en el manejo del agua permite a la ciudadanía exigir cuentas, identificar posibles irregularidades y participar de manera informada en la toma de decisiones. Sin información pública accesible, clara y oportuna, se debilita la posibilidad de construir soluciones sostenibles y equitativas.
Hoy, más que nunca, en un contexto de cambios institucionales y de redefinición de los mecanismos de acceso a la información en México, es fundamental no perder de vista que el derecho a saber está directamente vinculado con otros derechos, como el acceso al agua. No podemos hablar de una gestión responsable del recurso hídrico si la información permanece fragmentada, incompleta o inaccesible.
Además, la información sobre el agua no solo compete a las autoridades. También involucra a empresas, comunidades y organizaciones civiles. La corresponsabilidad en su cuidado empieza por conocer la realidad: cuánta agua tenemos, cómo la usamos y qué estamos haciendo para preservarla.
El Día Mundial del Agua debe ser también un recordatorio de que la transparencia no es un accesorio, sino una condición indispensable para la sostenibilidad. Apostar por abrir los datos, fortalecer los sistemas de información y garantizar el acceso efectivo a estos, es apostar por un futuro en el que el agua no sea motivo de conflicto, sino un bien común protegido y gestionado con responsabilidad.
Porque cuidar el agua también implica conocerla. Y conocerla, en una democracia, es un derecho que debe estar siempre garantizado.


