Fuiste tú quien eligió ver las nubes que tapaban las estrellas.
Tú quisiste conquistar las arrugas de esa cama ajena.
Fue tu decisión mentirle: no ibas a marcharte.
Nadie te obligó a tomar su mano aquella noche, ni te pusieron al borde de un abismo para olvidar tu promesa de "amarme y respetarme hasta que la muerte nos separe".
No. No era mi intención dejar de amarte, pero ya sabes: Es imposible obligar al corazón.




