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EL MATRIMONIO INFANTIL.

Nubia Barrios

Esta semana escuchaba en noticias nacionales en el programa de Fernanda Familiar, sobre este terrible tema y sentí la necesidad de investigar y escribir sobre ello porque he de reconocer que varias veces había leído o escuchado del tema, pero lo veía como a la lejanía, no con la importancia que merece y me pareció oportuno ya que este tema tan delicado cabe dentro de cualquier época del año toda vez que sucede a diario muchas veces sin darnos cuenta.
El escuchar el reportaje me hizo reflexionar sobre que hay niñas que deberían estar pensando en la escuela, en sus amigas, en lo que quieren estudiar y ser cuando crezcan y, sin embargo, algunas son colocadas demasiado pronto frente a decisiones y responsabilidades que corresponden a la vida adulta. El matrimonio infantil no es una tradición inocente o una “costumbre” ni tampoco un asunto privado: es una simple y llana vulneración de derechos que puede cambiar para siempre la vida de una infancia.
En México, aunque ha habido algunos avances dentro del marco jurídico, desde 2019 el Código Civil Federal establece que para contraer matrimonio se requiere haber cumplido 18 años y algunas entidades federativas como lo es Zacatecas en la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado en su artículo 14 bis, han incorporado igualmente esta prohibición por lo que los matrimonios con personas menores de edad se han reducido de manera importante, pero no es suficiente.
De acuerdo con el INEGI en 2015 hubo 24, 338 matrimonios con personas menores de edad y para 2024 fueron registrados 7 matrimonios dos de ellos llevados a cabo en Michoacán y el resto entre Chiapas, Durango, Nuevo León, Quintana Roo y Sonora.
Pero el casarse no es la mayor dificultad, porque prohibir el matrimonio infantil no necesariamente significa eliminar las uniones tempranas ya que pueden vivir en pareja sin que exista un matrimonio registrado lo cual no se arroja en la estadística que acabo de mencionar, pero sus consecuencias sobre educación, salud y proyecto de vida si cambian. La UNICEF señala que la proporción de mujeres jóvenes que se casaron o unieron antes de los 18 años sigue siendo cercana a una de cada cinco y que estas uniones se dan mayormente en zonas rurales.
Oaxaca, Chiapas, Guerrero e Hidalgo son los estados que presentan mayores porcentajes de mujeres menores de 15 años obligadas a unirse, por lo que estamos hablando de infancias que más allá de la ceremonia o el documento, son infancias que son interrumpidas, y ello no significa que en los otros estados no suceda, pues el matrimonio infantil y las uniones tempranas se relacionan con estados donde abunda la pobreza, la falta de oportunidades educativas, desigualdad de género, violencia, embarazo adolescente y ausencia de redes de protección. UNA NIÑA NO DEBERÍA TENER QUE ELEGIR ENTRE SU INFANCIA Y LA SUPERVIVENCIA.
Aún y cuando se reconoce que México ha demostrado que los cambios legales pueden demostrar realidades, como lo ha sido la baja en la estadística del matrimonio infantil, la legislación por si sola no puede resolver un problema que viene de raíces sociales, por lo que la prevención es importante así como el que las niñas permanezcan en las escuelas, que tengan acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, cuestiones de prevención de violencia y que evidentemente las familias puedan acceder a mejores condiciones económicas para no tener que colocar a sus hijas frente a decisiones desesperadas .
Porque una niña no deja de ser niña porque se convierte en esposa, una adolescente no deja de necesitar protección porque tenga una pareja y ninguna costumbre puede estar por encima de su libre derecho a decidir en libertad, el reto ya no consiste en evitar que una menor aparezca en un acta de matrimonio, el verdadero desafío es impedir que una niña sea empujada hacia una vida adulta antes de estar preparada para elegirla y por ello, lo incómodo sería guardar silencio ante este tema.