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Democracia.

Por: Jenny González Arenas.

“El poder en manos del pueblo”, es una de las formas más sencillas de definir el concepto de Democracia, pero también una de las más complicadas. Tenemos que entender ¿qué es el poder?, ¿quién es el pueblo?, ¿cómo le entregamos ese poder para que esté en manos del pueblo?
No vamos a construir un tratado filosófico, ni mucho menos un debate conceptual de ciencia política, seamos pragmáticos, hoy solo pretendemos descubrir si lo que ahora se entiende por democracia es verdaderamente democrático.
El Estado está dividido en tres poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial; entonces, ¿cuál de esos poderes es el que debe estar en manos del pueblo para llamarnos democracia? O ¿deberán ser los tres poderes?, ¿ser más o menos democrático implica la participación de más o menos ciudadanía?, ¿sólo los ciudadanos son el pueblo? O ¿cualquier persona es considerado pueblo? Porque es más que evidente que no todo el pueblo es ciudadano.
Dejemos de hacer preguntas que difícilmente acabaremos de contestar en estas breves líneas y, como ya se dijo hace un momento, seamos pragmáticos. En el Estado, como ahora lo conocemos, pareciera que para poder llamarse Estado Democrático es necesario que se lleven a cabo elecciones y, al menos en nuestro país, les ha dado por “democratizar” los tres poderes.
Tanto el Ejecutivo como el legislativo, han sido poderes cuyos titulares se nombran a través de elecciones populares. Sin embargo, el poder judicial se había mantenido al margen de estos procesos, dada la naturaleza tan particular de las funciones que realizan, se requiere profesionalización y especialización que no se puede lograr a través de elecciones populares. O al menos eso se creía.
Este año se llevará a cabo, por primera vez, una elección de jueces, magistrados y ministros, en la que la ciudadanía, que no es todo el pueblo, podrá elegir quienes serán los futuros impartidores de justicia. No sabemos cuál será el resultado que se obtenga de dicha votación, pero una cosa si está clara, la selección de los candidatos no fue decisión de acuerdos cupulares de partidos políticos, sino de registros en base a requisitos y criterios que no fueron, en algunos casos, homogéneos. He de confesar mi escepticismo ante este proceso de democratización del poder judicial, sin embargo, es importante prestar atención a cómo se irán desarrollando las campañas y las votaciones, así como a la forma en la que se impartirá justicia una vez que los nuevos jueces, magistrados y ministros rindan protesta.
Es importante señalar que la “democratización” del poder judicial puede ser muy cuestionable al permitir que actores políticos intervengan en el proceso de designación de jueces, magistrados y ministros; así como también es cuestionable que los partidos políticos obtengan mayorías calificadas en órganos de representación proporcional minimizando el debate público de ideas y sometiendo a intereses personales o partidistas la toma de decisiones que impactan a toda la población.
En esta democracia mexicana, un partido político es capaz de tener mayoría en la cámara de diputados, mayoría en la cámara de senadores, ser el partido que obtuvo la mayoría en las elecciones presidenciales y ahora está compitiendo por la mayoría “democrática” en el poder judicial.
Bajo ese esquema, la toma de decisiones en cualquiera de los tres poderes será efectivamente en manos el pueblo, o se trata de una simulación en la que el voto de la ciudadanía entrega cheques en blanco a un partido político para que se tomen decisiones basadas en intereses políticos y no en intereses colectivos.
Muchas reflexiones se quedan en la mesa.

Secretaria General del SPAUAZ