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Cerrar el año: la rendición de cuentas más honesta

Dra. Verónica Yvette Hernández López de Lara
“La responsabilidad es el precio de la libertad.”
— Hannah Arendt*

El cierre de un año no es solo un cambio de calendario, sino un momento propicio para la evaluación consciente. Así como en la vida pública la rendición de cuentas es indispensable para la legitimidad y la confianza social, en la vida personal y familiar representa un ejercicio ético que permite reconocer avances, identificar errores y redefinir compromisos con mayor claridad.
Rendir cuentas no implica juzgarse con dureza, sino comprenderse con honestidad. Supone detener el ritmo cotidiano para preguntarnos qué nos propusimos al inicio del año, qué logramos cumplir, qué quedó pendiente y por qué. Este balance no busca perfección, sino coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, en cada uno de los espacios que conforman nuestra vida.
En la esfera personal, la rendición de cuentas exige una mirada íntima y responsable. Implica reconocer logros visibles, pero también aquellos silenciosos que no aparecen en agendas ni reportes: la resiliencia frente a la incertidumbre, la capacidad de adaptación, la fortaleza para establecer límites, la humildad de pedir ayuda y el cuidado —o descuido— de la salud física y emocional. De igual forma, obliga a reconocer omisiones que pesan más que los errores evidentes.
La esfera familiar plantea una rendición de cuentas distinta, pero igualmente profunda. No se mide en resultados cuantificables, sino en presencia, escucha y acompañamiento. Cerrar el año invita a reflexionar sobre el tiempo compartido, la calidad de los vínculos y la forma en que estuvimos para quienes caminan a nuestro lado.
En el ámbito institucional, la rendición de cuentas no se limita a cifras o informes; también refleja congruencia, responsabilidad y resultados con sentido humano. Evaluar cómo se ejercieron las funciones, cómo se tomaron las decisiones y con qué impacto social se actuó es indispensable para fortalecer la legitimidad del servicio público.
Este ejercicio integral revela que no todo dependió exclusivamente de la voluntad individual. Hubo contextos adversos, cambios imprevistos y circunstancias que obligaron a replantear planes. Reconocerlo no es evadir responsabilidad, sino ejercerla con madurez. La autocrítica con sentido ético orienta y transforma.
Cerrar el año con una rendición de cuentas personal, familiar e institucional es, en el fondo, una revisión del rumbo. No es un punto final, sino un punto de partida para ajustar hábitos, redefinir prioridades y actuar con mayor congruencia en cada esfera de nuestra vida.
Al concluir este ciclo, queda el compromiso de iniciar el nuevo año con mayor claridad, responsabilidad y propósito.
¡Feliz Año 2026!

* Hannah Arendt (1906–1975) fue una filósofa y teórica política alemana, considerada una de las pensadoras más influyentes del siglo XX. Su obra abordó la responsabilidad individual, la ética pública, la libertad y el sentido del actuar humano en la vida política y social.

Dra. Verónica Yvette Hernández López de Lara
Directora General en la UT de la ASF y enlace institucional en políticas de inclusión de la CGID OLACEFS
Diciembre de 2025