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Mónica Soto Icaza
Amar. Amar con el amor. Amar con elocuencia, con anteojos transparentes, con certezas de varita mágica, con el termostato a 23 grados centígrados, con creatividad de escritor de novelas románticas, con fe de fanático religioso, con ritmo de música de videojuego, con lógica onírica, con la confianza de alpinista en su línea de vida, con convicción de incrédulo.

Amar como la desconocida del libro de Stefan Zweig, que “vivía como sumergida en fuego”.